PRI, 77 años de corrupción, autoritarismo, impunidad y represión

La elección de 1988 dejó herida de muerte la Presidencia hereditaria y fue el punto de quiebre del sistema político mexicano

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Cuando el 4 de marzo de 1929 se fundó el PRI con el nombre de PNR, se hizo bajo la abierta intención de convertirlo en un partido de Estado, sostenido por las instituciones más voraces y autoritarias del Estado Mexicano: la corrupción, el fraude, la impunidad, el autoritarismo y la represión sistemática traducida en asesinatos y masacres.

En todo ese periodo de oscurantismo democrático, el PRI jamás ganó una elección presidencial exenta de intromisión presidencial.

La primera cuando el general Pascual Ortiz Rubio ganó al maestro de América, José Vasconcelos, con un abultada diferencia de 94 por ciento, contra un magro 5 por ciento sostenida en la muerte de más de un simpatizante de las juventudes vasconcelistas.

Apenas 10 años después el candidato Manuel Ávila Camacho se imponía con el 94 por ciento de los sufragios, al formidable opositor del Partido Revolucionario de Unidad Nacional, Juan Andrew Almazán, al que apenas concedieron la gracia de rasguñar un 6 por ciento de la votación nacional.

El gran Lázaro Cárdenas, autor de la expropiación petrolera y de la terminación del maximato callista, permitió que el jefe de la campaña presidencial, Miguel Alemán, al mando de gavillas de asesinos dispararan contra las filas de votantes, independientemente de su filiación partidaria.

La elección de 1940 fue decisiva para la historia de México. El PRI se consolidó como partido único y cada proceso electoral terminó en mero trámite para incubar a presidentes, gobernadores y todos los demás cargos de elección popular.

Hasta 1988 todos los presidentes, todos los gobernadores y el Senado en pleno debían el cargo primero, al Presidente, y después, al PRI.

Lo malo es que el presidente Lázaro Cárdenas concluyó su mandato en funciones de bandolero electoral, artífice de un presidencialismo extremo que canceló para siempre la división de Poderes, heredó un partido de Estado y desde entonces el Presidente se convirtió en supremo elector de la Nación y en usurpación de la soberanía popular.

A partir de ahí todo fue represión, corrupción e impunidad. Ningún movimiento social fue tolerado por el presidencialismo autoritario. El mantenimiento de la estabilidad política por encima de cualquier consideración. La década de los 50 fue pródiga en represiones entre los gobiernos de Ruiz Cortines y López Mateos. La disidencia magisterial con Othón Salazar al frente fue desarticulada, al igual que el movimiento ferrocarrilero fue aplastado con sus líderes Demetrio Vallejo y Valentín Campa.

Rubén Jaramillo, líder campesino, fue postulado como candidato a gobernador del estado de Morelos, por la Federación de partidos del pueblo mexicano y el Partido Comunista Mexicano.  Hombre incómodo para el sistema político fue masacrado por el Ejército y la Policía Judicial federal al lado de su esposa embarazada y sus tres hijos.

El movimiento médico de 1965 fue severamente reprimido por el incipiente gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, como funesto antecedente de lo que pasaría la trágica noche del 2 de octubre en Tlatelolco. Lo que era una manifestación estudiantil culminó en la matanza premeditada y artera de un centenar de estudiantes. En el centro del conflicto estudiantil se encontraba la disputa por la sucesión presidencial de 1970.

Hoy se sabe, por informes del Estado Mayor Presidencial, que desde un penthouse de Molino del Rey, perteneciente a la señora Rebeca Zuno de Lima, cuñada del secretario de Gobernación, Luis Echeverría, se disparaba con armas de alto poder a los estudiantes reunidos en la Plaza de las Tres Culturas.

La siguiente masacre estudiantil se dio el jueves de Corpus del 10 de junio de 1971, ahora ya bajo el patrocinio y mando del presidente Luis Echeverría. En ambos casos el mayor agravio contra los gobiernos autoritarios y represores, era pedir la democratización del país para que las autoridades respondieran de sus actos. La respuesta, muerte y cárcel para tan osada petición. Y desde luego nada pasó, en toda esa historia de persecución y muerte. Cada ex presidente ladrón y represor se retiró a la vida tranquila con haberes mal habidos pertenecientes al tesoro nacional y sin rendir cuentas a nadie.

Con esas historias de terrorismo de Estado, el PRI continuó sin contratiempos en el poder con la frivolidad de López Portillo, la mediocridad de Miguel de la Madrid y la venta del patrimonio nacional, a precio de ganga, con Carlos Salinas.

Sólo que esta vez con un actor político inoportuno: Cuauhtémoc Cárdenas y otros tantos ilusos dispuestos a enfrentarse a 50 años de exacerbado ejercicio del poder: Porfirio Muñoz Ledo, Ifigenia Martínez, Rodolfo González Guevara y César Buenrostro que formaron el Frente Democrático Nacional para enfrentar la dictadura priísta.

La única petición de tan singular grupo era democratizar el proceso de selección del candidato a la Presidencia de la República, ante la anunciada imposición de Carlos Salinas de Gortari. El fraude lo consumó Manuel Bartlett, secretario de Gobernación. Así lo hizo saber públicamente el ex presidente Miguel de la Madrid, quien reconoció haber dado la orden de la caída del sistema de cómputo.

Pero la elección de 1988 dejó herida de muerte la Presidencia hereditaria y fue el punto de quiebre del sistema político mexicano. El gran beneficiario fue el PAN. Lo que no pudo hacer en 48 años, lo logró tan sólo en 12 con la llegada a la presidencia de Vicente Fox en el 2000.

Otra vez el mismo patrón de conducta de los gobiernos priístas. La presidencia salinista estuvo marcada por asesinatos seriales desde el poder.

El más emblemático fue el de Francisco Xavier Ovando Hernández, asesinado el 2 de julio de 1988 a tan sólo cuatro días de la elección presidencial.

Ovando tenía la enorme responsabilidad de recoger los resultados de la elección en todo el país, cuando que había construido un sistema para tener resultados al instante. El homicidio de su secretario Román Gil Heráldez permiten inferir que se trató de un crimen de Estado. Seguramente de no haber ocurrido esos asesinatos, el fraude cibernético no se hubiera concretado. La presencia de ambos era un peligro para el asalto salinista a la Presidencia de México y había que eliminarlos.

Así el PRI se benefició de la muerte de todos sus opositores. Asesinatos de las juventudes vasconcelistas en 1929, asesinatos de los almazanistas en 1940 y los asesinatos de más de 400 cardenistas-perredistas durante el fatídico salinato.

Recuérdese la reunión de Toluca, capitaneada por el gobernador Eruviel Ávila, para poner en movimiento la todavía poderosa maquinaria electoral al mando de 19 gobernadores priístas en el 2012. En la administración pasada hubo más de 20 mil muertos, las masacres de Ayotzinapa, Tlatlaya, Apatzingán y Nochixtlán, entre otras.

Finalmente toda esa corrupción priísta de enriquecimiento sin límite, impunidad y antidemocracia terminaron por erosionar en definitiva al PRI autoritario y represor e imposibilitado para volver a ganar otra elección.

Así pues, la primera elección ganada en las urnas con el 53 por ciento de la votación, es la del 2018 con el liderazgo de López Obrador y su movimiento Morena como se lo contó a Jaime Avilés en la página 85 de su libro “AMLO vida privada de un hombre público”: “En tiempos de lucha electoral, actuaremos como partido; en tiempos de lucha no electoral, como movimiento.”  Ampliaremos…

 

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