Platos rotos

El gobierno cuidando nuestra salud. Nada más que el gobierno NO es nuestro papá y solo debe normar aquello que ponga en riesgo los bienes, la seguridad y salud de los demás

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En la familia materno-toluqueña de este López se decía que tío Alfredo era el mejor ginecólogo de la ciudad, del estado, del país, de América, de Occidente, del mundo.
Estudió en París y vivía entre la pobreza y la miseria. Tenía muy pocas clientas, pues por su catolicismo a machamartillo, no atendía a señoras que no le presentaran el original de su acta de matrimonio religioso (el Civil, para él, no valía), pues ‘no iba a ser cómplice de pecadoras’. Su esposa, tía Carmelita, lo dejó; la pecadora se juntó con un señor que tenía una ferretería… tres hijos más, muy feliz. Rigurosamente cierto. 
Ayer inició en el Senado de la república el debate sobre la legalización de la marihuana… ¿de veras?…
En el boletín número 1642 del Senado, se informa: “Al inaugurar el Foro ‘Hacía -sic- una política de regulación de la Cannabis’, el presidente de la Junta de Coordinación Política, Ricardo Monreal Ávila, reconoció la voluntad de los legisladores para escuchar todas las voces y tomar una decisión sensata que le permita al país avanzar por el camino correcto. Estamos aquí escuchándolos y deliberado –sic-, para que cuando concluyan -sic- este tipo de audiencias, en las comisiones redactoras de Justica, Salud y Puntos Constitucionales habremos de emitir -sic de pena ajena- un dictamen, aprobable o no, sobre la despenalización y legalización del uso de la marihuana”…
El Congreso está obligado a cambiar las leyes que prohíben absolutamente la marihuana, por sentencia de la Suprema Corte del pasado 22 de febrero. Punto.
En casi todo el mundo siempre se ha consumido marihuana. Siempre. El 12 de agosto de 1937, un tal Harry J.  Anslinger, jefe del Buró Federal de Narcóticos de los EUA, presentó al Congreso de su país el Acta de Impuestos a la Marihuana, en vigor desde el 1 de octubre de ese año, lo que en la práctica la hizo ilegal. Luego, el simpatiquísimo Richard Nixon en su campaña de 1968, le declaró la guerra a la mota y drogas en general. Años después, John Ehrlichman (un delincuente, cerebro del Watergate), consejero y asistente de Asuntos Internos del Nixon, dijo que lo hizo por dos problemas: el generalizado sentimiento antiguerra (la de Vietnam), y los negros, que le caían en la punta del hígado.
Ehrlichman: “(…) sabíamos que no podíamos hacer ilegal el estar en contra de la guerra o ser negro, pero al hacer que el público asociara a los hippies con la marihuana y a los negros con la heroína, y después criminalizando pesadamente las dos, podríamos quebrantar a ambas comunidades.
Podríamos así arrestar a sus líderes, saquear sus hogares, interrumpir sus reuniones y difamarlos noche tras noche en las noticias nocturnas. ¿Que si sabíamos que estábamos mintiendo sobre las drogas?, por supuesto que sí” (Harper’s magazine, abril de 2016, declaración en entrevista de 1994 con el periodista Dan Baum). Luego, en 1971, los yanquis consiguieron la firma de tratados internacionales antidrogas. ¡El poder!
En México, desde 1940 se endureció la legislación contra las drogas y la mota, aunque desde mucho antes ya había leyes en contra (al menos desde el decreto presidencial del 16 de marzo de 1920).
Muy bien. El gobierno cuidando nuestra salud. Nada más que el gobierno NO es nuestro papá y solo debe normar aquello que ponga en riesgo los bienes, la seguridad y salud de los demás, pero sin mandato que le permita hacer ilegal que alguien coma vidrio molido o tacos de excremento; allá él, mientras no afecte a otros.
Por eso es legal el consumo de alcohol, pero ilegal conducir ebrio el auto o andar por la calle ciego de borracho… ¿condena de años en la cárcel?… no, lo llevan a que duerma la mona, lo multan y lo dejan ir a curarse la cruda como pueda, punto. Y si causó algún daño a alguien estando borracho, es un agravante y hasta se paga con cárcel.
La prohibición de las drogas es un atropello al derecho del individuo a meterse lo que le plazca, con las cotas arriba mencionadas a vuela pluma. Le repito: el gobierno no es nuestro papá, que nos esconde los saleros. Por cierto: el consumo de tabaco en lugares públicos, está muy bien que no se permita, pues los presentes se van a fumar junto con uno su cigarro, quieran o no y eso los afecta: ¿quiere fumar?, fume, pero no afecte a otros.
Ahora que si nuestros gobernantes, de veras están preocupados por nuestra calidad de vida y salud, fuera mejor que en vez de estar perdiendo el tiempo en debates de baba sobre la grifa, sería mejor, repito, que se pusieran muy severos con el Poder Ejecutivo y por favor, se acabara el desabasto de medicamentos… están repreocupados porque un chamaco se las truene, mientras están muriendo o sufriendo nuestros enfermos, encamados en hospitales públicos que pagamos entre todos para que reciban los tratamientos necesarios. Y también, por ejemplo, si de veras están tan preocupados por la gente, ya podrían exigir cuentas estrictas a los responsables de la impunidad de violadores, abusadores y asesinos de menores de edad y mujeres.
Métase esto en la cabeza: quienes forman parte del gobierno son nuestros empleados y su autoridad -plena-, es para aplicar las leyes, a rajatabla. No van a prohibir la venta y tenencia de cuchillos, por más asesinatos a puñaladas que haya; ni la venta de mecates de tendedero, por más infelices que se ahorquen con ellos; y no piensan prohibir la producción y venta de ‘thinner’, por más jovencitos que lo inhalan destruyendo su salud y su vida. ¿Con qué carota se ponen a hacer listas de otras cosas que le cuestan la libertad a la gente?
No está atendiendo el gobierno de México los reales problemas que están costando vidas, ni siquiera logra que en el propio gobierno se pague salario igual a trabajo igual, sin distinción de sexo… pero nos cuidan la moral y buenas costumbres.
Ya es tarde, los problemas ya rebasaron (arrollaron) a este gobierno federal. Los otros dos poderes, podrían controlar los daños. Sin catastrofismo, estos se van en 2024 y nosotros nos quedamos a pagar los platos rotos.   

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