Otra víctima más durante la pandemia

El racismo, una enfermedad histórica

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George Floyd falleció asfixiado la semana pasada en Minneapolis, mientras era inmovilizado por un policía blanco.

> Con frases como “trabaja como negro”, “no seas indio”, “mejora la raza” son, en el lenguaje coloquial, ejemplos de cómo nos discriminamos, estigmatizamos y generamos una mayor segregación

Las manifestaciones ocurridas en los EUA a causa de la muerte por asfixia del ciudadano afroamericano, George Floyd, de 46 años, que falleció asfixiado la semana pasada en Minneapolis mientras era inmovilizado por un policía blanco han generado protestas a lo largo y ancho de la Unión Americana y un nuevo malestar social, no olvidemos que continúa la lucha contra la pandemia del Covid-19 en todo el mundo.

El abuso y omisión por parte de las autoridades en aquel país -y en muchos países incluyendo el nuestro- por la falta de derechos humanos, el malestar social, la crisis económica y el creciente desempleo son factores que debemos revisar ya que se acumulan y sólo esperan, como dice el dicho, “la gota que derramó el vaso”, para ocasionar y generar una insurrección por parte de la población en general.

A lo anterior, debemos sumarle los posibles contagios por Covid-19 causados por la acumulación de las personas en dichas manifestaciones y el incorrecto uso de tapabocas, ropa adecuada y otros factores de riesgo para el contagio.

Sin embargo, la situación es clara; la gente consciente de los riesgos al manifestarse, lo hacen más por su deseo de expresar su descontento social, que al temor de contraer la enfermedad del coronavirus.

Otro punto importante de reflexión fue la insensible respuesta por parte del gobierno norteamericano del Presidente Trump, que como primer acto fue apagar las luces de la Casa Blanca, frente a los manifestantes que se encontraban frente a ella pidiendo acción del gobierno. Posteriormente politizando más el tema al aparecer el presidente norteamericano  tomándose una fotografía con la Biblia en mano frente a la iglesia de St. John, desatando aún más las críticas y causando mayor indignación entre las protestas. Escena que nos recuerda al Presidente López Obrador con su escapulario y citando frases religiosas, dando a entender que no son los gobernantes los que deben tomar decisiones, sino será por obra de creencias religiosas las que sacaran de la actual crisis que vivimos a la sociedad.

Muchos se preguntarán, ¿en qué afectan dichas manifestaciones en la Unión Americana a nuestro país? La pregunta conlleva varias respuestas, empezando por la Declaración Universal de los Derechos Humanos, documento que marca un hito en la historia de los derechos humanos. Elaborada por representantes de todas las regiones del mundo con diferentes antecedentes jurídicos y culturales, proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en París, el 10 de diciembre de 1948 y que hasta la fecha continúa siendo vigente, pero en la práctica continúa sin considerarse y mucho menos ejecutarse.

A lo anterior, debemos sumar el histórico grado de segregación y discriminación que viven las distintas culturas que conforman a los EUA, incluyendo a los latinos y más específicamente a los mexicanos que actualmente conforman un aproximado de 38.5 millones de personas de nuestros connacionales en aquel país.

Mexicanos en EU. Durante su campaña presidencial, Trump calificó a los mexicanos radicados en EU como criminales, drogadictos y violadores.

Derivado de las manifestaciones y la identificación de nuestros connacionales con el abuso por parte de las autoridades en aquel país, la bandera mexicana ha ondeado junto a la bandera “Black Lives Matter” como símbolo de protesta, dando al movimiento que se ha desencadenado en los EUA una fusión con la causa que se vive día con día entre los mexicanos que han sido racializados, oprimidos y discriminados. Recordemos cuando el entonces candidato a la presidencia Donald Trump, en su retórica vinculó -a la mayoría- de los mexicanos en aquel país como criminales, drogadictos y violadores.

Lo que es una realidad, es que el racismo en los EUA y en México están presentes, testimonios de mexicanos en aquel país se han unido argumentando que es para hablar por todos aquellos que no lo pueden hacer por sí mismos. Víctimas silenciadas que se han recrudecido por varios factores, pero al día de hoy podemos agregar la pandemia.

Cuesta pensar que en nuestro país, caracterizado por una infinidad de marchas por distintos motivos sociales, económicos, políticos y hasta por muestras de poder, mantenga apenas a la luz del debate el racismo, que incluso vemos todos los días; y que decir de la infinidad de frases que se utilizan en el lenguaje coloquial “trabaja como negro”, “no seas indio”, “mejora la raza”, son algunos ejemplos de cómo nos discriminamos, estigmatizamos y generamos una mayor segregación de ciertos sectores de nuestra población.

De acuerdo con las últimas cifras de la Encuesta Nacional sobre Discriminación (ENADIS) 2017, por parte del INEGI, en el país se discrimina abiertamente en al menos un ámbito social.

Las personas con discapacidad representaron un 25.1%, población indígena 20.3%, con distintas creencias religiosas 20% y adultos mayores con 16.1%.

Estas cifras no parecen disminuir y ahora con la nueva normalidad que se tendrá derivado de la post pandemia, deberemos agregar, a la incalculable cantidad de personas que serán discriminadas para la obtención de un empleo, de asistir a determinados lugares o por migración.

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