¿Nos hace tontos?

Deseamos que el Presidente López Obrador tenga una conducta más acorde con las esperanzas que en él tenemos fincadas millones de mexicanos

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El título de esta columna dice “Tontos” para evitar herir sensibilidades delicadas y buenas conciencias, como las que con acierto el genial Carlos Fuentes domicilió en mi natal Guanajuato.

En realidad la palabra más fuerte y quizá más indicada sea la que sin ambages emplea Alberto Martínez Vara en el texto que cito a continuación: “El increíble negocio de convencer a los pendejos”.

Como decía don Hermenegildo Torres, creador del PUP (Partido Único de Pendejos), “La palabra pendejo es maravillosa, a todos nos queda a la medida, ser pendejo no es cuestión de nacionalidad, posición económica, género ni creencias, todos hemos sido o seremos pendejos, sólo es cuestión de tiempo, lugar y circunstancia”.

Basado en esa acepción me permito poner esa palabrita en este listado de aplicaciones:

El mercado de productos que te hacen bajar de peso, sin dejar de comer como marrano y sin hacer ejercicio, vale más de 150 mil millones de dólares. Los compradores sólo tienen que tener tres características: ser gordos, ser flojos… y ser pendejos.

Los narcotraficantes son los hombres más ricos y poderosos del mundo. Lo increíble es que lo han logrado vendiendo productos que te hacen terminar en el hospital, en la cárcel o muerto. ¿Y a quien se la venden? A millones de personas que sólo tienen que ser: débiles, acomplejados… y pendejos.

Kim Kardashian lanzó al mercado su línea de cosméticos, obviamente igual de vulgarcitos que ella, pero carísimos. Su mercado es el de las mujeres que quieren ser igual de fatuas que la familia Kardashian, y con esa promesa ha ganado ya millones de dólares vendiendo sus pinturitas. Encontró las compradoras perfectas: acomplejadas, ricas… y pendejas.

Los vendedores de milagrosas curas de enfermedades, a través de vibraciones, mensajes mentales, brujerías y maravillosos ungüentos, venden miles de millones de artilugios que no sirven para nada. Los compradores sólo tienen que ser: enfermos, crédulos… y pendejos.

Trump ganó la presidencia de EU, ganándose a los desempleados, veteranos de guerra sin trabajo, fanáticos patriotas y a fanáticos religiosos; o sea a los gringos resentidos, con poca preparación, desempleados… y pendejos.

Y en México, desde hace unos meses, tenemos un nuevo gurú que ha logrado convencer a millones de paisanos que él es quien los va a sacar de la miseria y el abandono regalándoles dinero… pero poquito. ¿Y qué se necesita para creer en esa estupidez? Ser resentido, creer que existen políticos de buena fe, ser flojo, tener envidia de los exitosos… y ser muuuy pendejo.

Las promesas basadas en la nada, cuando no se cumplen, crean un rebote de repudio.

Ojalá y estos paisanos nuestros se den cuenta lo más pronto posible, todavía estamos a tiempo de echar reversa a todas sus estupideces.

Esto de la venta de ilusiones, es uno de los mejores negocios creados por el hombre. Y es un fenómeno sociológico que deberían de analizar y enseñar en las universidades.

En cada universidad debería haber un Doctorado en “El increíble negocio de convencer a los pendejos”.

Hasta aquí la acertada cita de Martínez Vara.

Ahora veamos un botón de muestra de la manera en que nuestro presidente mañanero de los 100 días aplica los lineamientos de un PUP patrióticamente disfrazado de Morena: “El gobierno de AMLO adjudica el 46% de la obra pública sin licitaciones abiertas. Casi la mitad de los contratos de obra pública para la construcción de carreteras, puertos, escuelas, hospitales y otros trabajos han sido adjudicados directamente o por invitación restringida”.

De este modo un gobierno que llegó al poder montado en una tenaz y prolongada campaña, uno de cuyos temas centrales fue el combate a la corrupción ahora adjudica enormes y jugosos contratos sin licitación pública.

Me parece que es cosa de causar asombro. Y su desenlace, si no hay arrepentimiento y enmienda convincente puede resultar trágico para el país.

Deseo sinceramente, como mexicano que tiene hijos y nietas, que muy pronto veamos en el Presidente López Obrador una conducta más acorde con las esperanzas que en él tenemos fincadas millones de mexicanos.

Los que votaron por él y lo llevaron al poder y los que sufragamos por otras opciones. Yo lo hice por José Antonio Meade porque lo conozco desde que era él muy joven, como puede atestiguar Heriberto Galimdo Quilmes.

Aún hay tiempo para enderezar la ruta y hacer honor, efectivo y no sólo retórico al legado de Juárez.

Millones de mexicanos confiamos todavía en que no se nos ha afiliado forzosamente al PUP. ¡Que no se nos decepcione!

 

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