Los ‘conservadores’ de izquierda, según AMLO

Ya se vio que pueden ser fundadores de partidos, antiguos guerrilleros, luchadores por la democracia y, algunos de ellos, protagonistas de la historia contemporánea de México

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El 17 de septiembre, un grupo de 650 personas suscribió un desplegado en el que, palabras más, palabras menos, se pronunciaron contra Andrés Manuel López Obrador por sus constantes y verificables descalificaciones contra aquellos que lo critican.

En su conocido lenguaje, López Obrador respondió al desplegado:

“Son predecibles, muy obvios (…) todo este grupo siempre apoyó la política neoliberal y ahora se sienten ofendidos cuando deberían de ofrecer disculpas porque se quedaron callados cuando se saqueó al país y luego esto es demostrable que ellos eran bien atendidos por el gobierno. Ya lo dije y lo repito: a ‘Letras Libres’, de (Enrique) Krauze, le compraban, prácticamente, toda la edición, la compra el gobierno… la revista ‘Nexos’ también… mes con mes, 7 mil ejemplares les (sic) compraba el gobierno, y yo entiendo, cinco sexenios consecutivos viviendo al amparo del poder público los hace reaccionar de esta manera”.

El episodio, que fue tema destacado en una de las acostumbradas catequesis que dicta Andrés Manuel López Obrador en sus conferencias mañaneras, va más allá de un tema de negocios por parte de unos “torvos” conservadores.

Si hay que identificar desde dónde viene una porción notoria de aquellos que han publicado artículos en “Nexos”, “Letras Libres”, tangencialmente en “Proceso” y, en no pocos casos, en “Vuelta”, revista ya extinta, ya se verá si son un grupo de codiciosos empresarios que le prenden una veladora furtiva a Adam Smith. Aquí hay una historia que narrar.

 

Comenzando por la CNAC

El Partido Mexicano de los Trabajadores (PMT) se incubó con un grupo de personajes que al dejar atrás la Cárcel de Lecumberri decidió trabajar en la conformación de un partido político de izquierda. Demetrio Vallejo, un antiguo dirigente sindical de los ferrocarrileros, venía de un enfrentamiento con el Estado por un conflicto gremial en 1958.

Así se inicia una larguísima marcha, primero bajo el nombre de “Comité Nacional de Auscultación y Coordinación” (CNAC) en 1971.

Además de Vallejo, firmaron un pronunciamiento para crear tal comisión Octavio Paz, Carlos Fuentes, Luis Villoro, Rafael Fernández, Luis Tomás Cervantes Cabeza de Vaca, Salvador Ruiz, Heberto Castillo, Silvia Millán, Romeo González, José Luis Ceseña, Roberto Castañeda, Manuel Santos, José Pagés Rebollar, Jorge Abaroa, Carmen Merino, Marco Antonio Vilchis e Isaías Hinojosa.

Al parecer, Paz y Fuentes no se presentaron a otro evento relacionado con la CNAC. Nunca mencionaron sus razones, al menos en público. Aquí aparece un primer punto; Fuentes escribió en “Nexos” y Paz hizo su revista “Vuelta”, que incubaría a “Letras Libres”. Más allá de sus ropas y modales exquisitos, costaría mucho trabajo suponer que estos dos personajes representaban a la derecha empresarial.

Regresando al tema, el primer experimento de la CNAC fue convulso. Alfredo Domínguez, del Frente Auténtico del Trabajo (FAT), salió en menos de un año, ya que no tenía interés en la lucha partidista registrada ante la ley, sino en el trabajo como sindicato independiente; Vallejo era, simultáneamente, líder del Movimiento Sindical Ferrocarrilero.

César del Ángel, asesor de ejidatarios tabacaleros, involucrado en la lucha contra la empresa norteamericana Tabaco en Rama S. A., que Luis Echeverría transformaría en Tabamex, apoyó en la migración de la CNAC a CNAO (Comité Nacional de Auscultación y Organización), y lo hizo junto a Rafael Aguilar Talamantes, además de Graco Ramírez Garrido Abreu.

Aguilar Talamantes operaría para que cuadros pemetistas se mudaran a la fundación del Partido Socialista de los Trabajadores (PST). Después, este personaje sería un probado quitavotos a la oposición del PRI, hasta la desaparición de su Partido del Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional (PFCRN).

César del Ángel arribaría hasta el perredismo e impulsó innumerables movimientos territoriales y clientelares. Con todo, no salían bien las cosas en el CNAO.

En agosto de 1973 fueron detenidos Heberto Castillo y Demetrio Vallejo cuando se dirigían a dialogar con el secretario del Trabajo de Luis Echeverría, Porfirio Muñoz Ledo, quien los esperaba para atender un conflicto sindical.

Tras su detención, a Castillo le rompieron dos costillas; los liberaron poco después bajo el argumento que todo había sido una confusión. Mientras tanto, arreciaba el fuego amigo.

Desde la revista Punto Crítico les dijeron: “El PMT agrupa a la pequeña burguesía, en su mayoría de provincia, cuya participación política se ha visto frustrada por la corrupción del sistema político tradicional. La tarea constitucional del PMT no hace sino refrendar, en los hechos, que la burguesía se someta a su propia legalidad”.

Entre los escritores de Punto Crítico destacaban Rolando Cordera Campos, Gilberto Guevara Niebla, Luis González de Alba, Salvador Martínez della Rocca y “El Búho” Eduardo Valle. De más está decir que todos los anteriores han colaborado en una o varias de las revistas mencionadas. “Nexos”, “Letras Libres”, “Vuelta” y “Proceso”.

 

Del PMT al PSUM

En 1977, Heberto Castillo se entrevistó con el secretario de Gobernación de José López Portillo, Jesús Reyes Heroles, quien le dijo que un requisito de la autoridad electoral para obtener el registro es que debería contar con cuatro años de antigüedad, pero que podía hacerse una excepción porque el PMT llevaba tres años y medio. Castillo entendió muy bien la argucia y rechazó la oferta porque le debería un favor a Reyes Heroles.

El PMT, a finales de los 70, pensó en una fusión y tenía como candidatos al Partido Comunista de México (PCM), que en 1979 contaba con registro y participó en las elecciones de ese año, el Partido del Pueblo Mexicano (PPM), el Partido Socialista Revolucionario (PSR) y el Movimiento de Acción y Unidad Socialista (MAUS).

En 1981, Castillo comenzó a acercarse con los líderes de cada movimiento. Pasó un largo rato y llevó la idea a la II Asamblea Nacional Extraordinaria en agosto de ese mismo año y se aceptó la idea de una fusión.

Mientras tanto, Arturo Martínez Nateras arremetía contra Heberto Castillo desde la página editorial de Excélsior. Graco Ramírez hizo lo propio desde el mismo diario. Luis González de Alba participó desde Uno más Uno. Adolfo Gilly acusó a Castillo de “vetar a los trotskistas”. Carlos Pereyra le escribió a Castillo que “el PMT era verticalista, ingenuo y empirista”.

Con semejante fuego comenzaron las bajas: Francisco Paoli Bolio renunció a su cargo de encargado de Relaciones Culturales. Javier Santiago dejó la cartera de Finanzas.

El PMT sería fusionado por el Partido Socialista Unificado de México (PSUM).

El 6 de noviembre de 1981 nació el PSUM con Pablo Gómez como secretario general y el antiguo ayudante del artista Miguel Covarrubias, Arnoldo Martínez Verdugo, a la cabeza. Además del MAP llegaron el PPM, el PCM, el PSR y el MAUS, más algunos disidentes del PMT.

Se dice que el pesumismo inició con 30 mil militantes en todo el país.

Luego se dio la salida de Demetrio Vallejo, acusado de tolerar que dos de sus subordinados (Dionisio Noriega y Raúl Pedraza) se quedaran con 300 pesos al mes por asesorar una huelga de los trabajadores del refresco Pascual y por hostigamiento sexual en contra de la funcionaria de un comité del PMT en la Ciudad de México, Violeta Vázquez.

Y se dijo que Noriega tenía vínculos con el MURO y, aunque fue defendido por Vallejo, ambos salieron del PMT, iniciándose una desbandada hacia el PSUM, en donde estaría José Woldenberg, otro de los “conservadores” del desplegado que descalificó López Obrador.

En 1985, el PMT intentó registrarse, nuevamente, ante la autoridad electoral. Castillo denunció “el robo de unos 120 mil votos” en las elecciones de ese año; para colmo, perdió sus oficinas en los sismos de septiembre.

Lentamente, la izquierda mexicana se dividió en cuatro bandos: Los “puros” (con el PCM a la cabeza), los “críticos” (trotskistas e integrantes de “Punto Crítico”, por ejemplo), los “radicales”, que se despeñaron a la violencia pura algunos miembros de la Liga 23 de septiembre y otros colectivos regionales, como “Los Enfermos”, y unos más que se dedicaron a la guerrilla, incrustándose en Guerrero, Oaxaca y Chiapas.

Hasta 1976, los trotskistas cerraron filas para crear el PRT. Su membresía creció notoriamente y en noviembre de 1978 recibió su registro como asociación política nacional previo golpeteo del PPS y del PAN, que hicieron lo posible para evitar que obtuvieran el reconocimiento del Estado.

 

‘Conservadores’ de izquierda

Este mínimo recuento engloba unos pocos nombres que a la hora de identificar si colaboraron en “Nexos”, “Letras Libres”, “Vuelta” y, por conexiones históricas, con el semanario “Proceso” permiten determinar dos cosas:

Primera, que cuesta trabajo entender los señalamientos de López Obrador de que los que han colaborado en las revistas detrás del desplegado que descalificó son conservadores y beneficiarios de ingresos opacos.

La segunda es que entre los conservadores que contempla hay conexiones entre el presente y algunas de las causas de izquierda más relevantes en la historia del país.

Lo anterior deja una enorme duda sobre la mesa, si el presidente López Obrador identificó la severidad y el error garrafal de burlarse de un desplegado golpeando a diversos articulistas que fundaron organizaciones políticas que muchos años después alimentarían a Morena.

Haciendo un recuento de los nombres mencionados líneas arriba, en “Nexos”, y algunos en “Proceso”, han publicado Carlos Fuentes, Rolando Cordera Campos, Gilberto Guevara Niebla, Arturo Martínez Nateras, Adolfo Gilly, Carlos Alberto Pereyra, José Woldenberg, Luis González de Alba (Punto Crítico) y Gustavo Hirales (Liga 23 de septiembre).

Por su parte, en Proceso, Octavio Paz, “Vuelta”, Herberto Castillo, Eduardo Valle “El Búho” y Francisco Paoli Bolio.

Los nombres que se apuntan son la conexión directa de movimientos fundadores de izquierda que han colaborado en revistas que ahora le son incómodas al mandatario mexicano.

Si se practicara un ejercicio similar con los 650 abajofirmantes del desplegado, la lista cubriría una enorme variedad de grupos de presión y de oficios: Desde escritores, pasando por fotógrafos, músicos, artistas plásticos, empresarios y profesores, hasta investigadores del más alto nivel. Podría pensarse que la crítica es la que no le agrada a López Obrador.

Una revisión modesta apunta a especular que da igual si es una revista u otra y, más lejos, si los conservadores que él ve, en realidad, no lo son ni remotamente.

En los juicios del presidente López Obrador, los conservadores no son de derecha. Ya se vio que pueden ser fundadores de partidos de izquierda, antiguos guerrilleros, luchadores por la democracia y, algunos de ellos, protagonistas de la historia contemporánea de México.

Sin duda, son juicios sin sustento, pero que confirman el clamor de “esto tiene que parar”.

 

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Facebook: Fernando Alberto Crisanto

 

 

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