En el mar de recuerdos de este México lleno de historia, que no logra encontrar el camino de la  gobernanza que le genere estabilidad y continuidad perfectible, que se enfoque a la reducción de la brecha que responda a  la repartición de la riqueza  en un marco de equidad y justicia dentro de la plataforma democrática que hoy cobija a esta nación.

Un régimen político que capitalice lo aceptable y supere lo deplorable  del  movimiento revolucionario, y el posrevolucionario con que gobernó el Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Una alternancia en el poder que no acaba por demostrar sus bondades democráticas que beneficien a una población cada vez más exigente, compenetrada con el quehacer político, social y económico que le atañe, que ha superado la etapa de manipulación que la sujetó y condicionó, y que hoy,  no se conforma con el cambio de partido político y personajes, sino que reclama resultados tangibles.

Ciudadanía participante cuya  tolerancia no acepta conductas indebidas de sus gobernantes, traduciéndolas en  exigencias  que erradiquen los males que la postró por decenas de años, y que actualmente se hace presente a través de su voto.

Pasajes históricos y  presentes que rememoran la descripción que hizo de la Revolución Mexicana Daniel Cosío Villegas: “Todos los hombres de la transición, sin exceptuar ninguno, han sido inferiores a las exigencias de ella”.

Extracto filosófico del fundador del Fondo de Cultura Económica (FCE)  que retrata  la conversión política a que hace referencia, como  de aplicación universal, lamentablemente para detrimento nacional ya que su diagnóstico persiste en el México actual, y la falta de líderes y estadistas que regulen y encausen  al país no acaban por desarrollarse y destacarse, precipitándose en su declive antes de rendir frutos por factores internos y externos que no han podido ser gobernables.

Sobre esta concepción,  es recomendable traer a contexto  a la escritora siria inmigrada a México Ikram Antaki que manifestó: “Todas las revoluciones son funcionales, quieren reemplazar un equipo por otro, un orden por otro, pero la descendencia sólo ha dado enanos a partir de unos padres gigantes”.

Lo cierto es que, los defectos de  la democracia en México no surgen de su corta edad, sino en la incapacidad de reconstruir las instituciones que sustenten su nueva modalidad, pero sobre todo, en la incapacidad de erradicar ese mal que la ha perseguido todo el tiempo y que la lacera sistemáticamente como es la corrupción.

Una descomposición de actitudes y acciones que se convirtió en un eficaz mecanismo de control político, un adhesivo de lealtades, un abortivo de rebeliones, cuya magnificencia ha llegado en México al límite de la tolerancia, y hoy, se enarbola su combate para tratar de reducirla, encasillarla y limitarla.

Putrefacción que está lejos de erradicarse, porque es un “gen” que el ser humano lleva impreso, y en cualquier momento se hace presente, desgraciadamente actitud de la que no se puede sustraer.

ELECCIONES DEL 2017

Con la transformación democrática que está modificando el quehacer tradicional político, la incontenible e ingobernable penetración de las redes sociales, y la bandera anticorrupción que no se puede mirar de soslayo y que está presente de una manera inevitable se ha creado un nuevo escaparate para elegir representantes populares con nuevas e irreductibles reglas del juego, para las elecciones de  gobernador que se avecinan en el año del 2017  en los estados de  Coahuila, Nayarit y Estado de México.

De estas contiendas electorales, sin duda, la que destaca, llama la atención y puede considerarse el último reducto de defensa que tiene el partido en el poder para poder aspirar a contender con ciertas posibilidades en  el 2018, es la que se librará en el Estado de México.

Una entidad federativa que cuenta con una padrón electoral de 10 millones  931 mil 257 ciudadanos (el más grande del país), que se apresta a elegir a su gobernador número 42 desde 1913, cuando dejó de ser Departamento de México.

LA JOYA DE LA CORONA

El Estado de México, reducto geográfico donde nació el actual Presidente de la República Enrique Peña Nieto, una de las cinco entidades existentes en el territorio nacional que todavía conserva la hegemonía y presencia del PRI, donde nunca ha gobernado partido político distinto al Revolucionario Institucional,  pero sí ha conocido el relevo partidista en el Congreso y en la mayoría de las presidencias municipales.

Con 125 municipios agrupados en 16 regiones, es uno de los Estados fundadores de la Federación, con mayor densidad de población.

Donde la economía mexiquense contribuye con el 9.5 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), solamente atrás de la Ciudad de México dentro de la representación  económica del país.

La ciudades más importantes que la conforman por su aporte de votos son: Ecatepec de Morelos (1´677,678), Nezahualcóyotl (1´039,867), Toluca (873,536), Naucalpan de Juárez (844,219), Tlalnepantla de Baz (700,734),  Chimalhuacán (679,811), Cuautitlán Izcalli (531,041),  Atizapán de Zaragoza (523,296)  y Tultitlán (520,557).

En las últimas tres contiendas electorales no obstante la alternancia presidencial panista, se han impuesto significativamente los representantes priístas que han conseguido hegemonía  y continuidad partidista en esta entidad, no obstante las acciones orquestadas por protagonistas políticos de los que destacan Marcelo Ebrard Casaubón y Andrés Manuel López Obrador, que buscaron infructuosamente romper el cerco de control priísta, en esta plaza tan importante para las elecciones presidenciales en turno. Infiltración de poder que se vio trastocada en el año 2000 por el efecto Fox que generó el llamado corredor azul integrado por 30 municipios aledaños a la capital, concretamente los del norte y oeste capitalino.

Significándose en la aceptación y captación de votos mexiquenses el actual gobernador Eruviel Ávila Villegas  que obtuvo el 64.94 por ciento de la votación, por el 47.50 por ciento de Enrique Peña Nieto y el 42.44 por ciento de Arturo Montiel Rojas.

El Estado de México elegirá gobernador para el periodo del 16 de septiembre de 2017 al 15 de septiembre de 2023, en una contienda electoral muy competida, donde no se delinean a la fecha.

Esta entidad que representa tanto para el Ejecutivo federal por razones estratégicas electorales, como de índole afectivo donde sus familiares  han gobernado por más de 27 años pues está ligado por “sangre” con Isidro Fabela Alfaro, Alfredo del Mazo Vélez, Salvador Sánchez Colín y Alfredo del Mazo González.

Un reducto electoral tan representativo para el priísmo y en especial para la administración de Peña Nieto, que cualquier descalabro que se presente, puede promover el principio del fin para el partido que representa para las elecciones presidencial del 2018.

Bajo estas circunstancias, el PRI planea y programa todos los escenarios y acciones que le permitan conservar esta importante plaza, ante unos contendientes que avizoran la misma importancia electoral.

Con nueve partidos políticos registrados en esta entidad, se perfilan alianzas y destapes anticipados, con gran bullicio de personajes que aspiran a ser los ungidos para contender.

El Estado de México se ha convertido en una entidad donde florece la pluralidad política, y que no ha sido ajena a todos los acontecimientos que vive el país y que padecen ellos mismos, por lo que en la actualidad la elección popular no está bien definida.

Aunque sus raíces la encaminan por el priísmo, este ha dejado de ser el fiel reflejo de una aceptable gobernabilidad,  al grado de que en los mexiquenses, en especial en las nuevas generaciones, prevalece el pensamiento de Montesquieu que señalara: “Todo régimen obedece a un sentimiento, el alma de la transitocracia es la desconfianza”.

Y esta desconfianza en la ciudadanía se está haciendo presente contra el partido que los ha cobijado políticamente por décadas, detonando una predilección para ser gobernados por Josefina Vázquez Mota del Partido Acción Nacional (PAN) según encuestas difundidas, lo que ha prendido focos rojos en la dirigencia de los Enriques, Peña Nieto y Ochoa Reza, porque está claro que más que al PRI, es al Presidente de la República que no se puede permitir que la joya de la corona más valiosa que les queda,  se adicione a la alternancia política.

Bajo esta nueva reglamentación que regula el quehacer político, la designación de su candidata o candidato, deberá ser la más competitiva, eficiente y transparente posible, porque para el PRI no hay mañana.

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