La ‘Virgen de Guadalupe’: Sus muchos dueños

Al no tener un registro de marca permanente, la ‘Morenita’ queda a expensas de cualquier comprador

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En una ocasión, Jorge Mario Bergoglio, Jefe de la Iglesia Católica, dijo sabiamente: “En México, hasta los ateos son guadalupanos”. Estupenda frase, pero se quedó corto: Hay mexicanos, chinos y estadounidenses que también son guadalupanos, pero en términos de una marca registrada.

No se me ocurre otro símbolo religioso más influyente en México que el de la Morena del Tepeyac, por más que le busco competidores. Probablemente no los encuentro porque la Señora es, claramente, uno de los íconos que atraviesa a cualquier pensamiento religioso en México.

Conozco a docenas de colegas que militan en religiones no católicas y todos asumen como su patrona a la Virgen de Guadalupe. Platicando con un líder de la Santa Muerte me decía que la Virgen va más allá del bien y del mal. Lo suscribo.

Empero, hay algunas almas no piadosas, sino enfocadas al negocio: Y no me refiero a aquellos comerciantes que deciden vender estampas y veladoras con la imagen de la Morenita a las afueras de los templos, sino que la emplean en su plan de negocios.

Y aquí es donde comienza lo interesante: ¿Quiénes han sido dueños de “Virgen de Guadalupe” como marca registrada? Pues, varios.

 

Algunos dueños

Al 18 de enero de 2021, el IMPI tenía tres registros de “Virgen de Guadalupe” con coincidencia exacta (es decir, que no tuviera alguna modificación, “Nuestra Virgen de Guadalupe” o “Virgen Mexicana de Guadalupe”, por ejemplo):

Donald Brown, de California, obtuvo la marca para tarjetas telefónicas.

EYVIS de México la consiguió para aromatizantes.

Veladoras del Norte para veladoras.

Donde las cosas cambian radicalmente es en el caso del registro de marca 752595, a nombre de Wu You Lin. Este personaje se hizo de la marca por 10 años, sin embargo, algo pasó y decidió no renovarla en 2012.

De origen chino, Wu You Lin aprovechó que la autoridad federal mexicana se hizo como señala la picaresca mexicana que es la policía de aquella lejana nación: Misteriosa y un poco incompetente.

Nadie dijo nada. Nadie alzó las cejas. Por menos de 3 mil pesos, este personaje obtuvo un rotundo poder sobre el ícono de íconos en México.

 

La Iglesia Católica, bien gracias

Cuando el empresario oriental supo jugar con las enormes lagunas de los íconos nacionales ya era demasiado tarde y es difícil identificar de qué magnitud fue la ganancia económica para él o para aquellos a los que representaba.

El desastre apenas iniciaba: La entonces dueña de Viotrán, María Teresa Herrera Fedyk, había pagado algo más que 3 mil pesos para hacerse de los derechos comerciales de la marca “Virgen de Guadalupe” y “Juan Diego” vendiendo tarjetas estampadas en Estados Unidos, pero en realidad, cualquier producto a nivel mundial.

La cantidad, ciertamente, era mayor a lo que pagó Wu You Lin: Eran 12 millones y medio de dólares. ¿Quiénes habían hecho el acuerdo con la empresaria?

Quien firmó el documento a nombre de la Iglesia Católica fue Diego Monroy, rector de la Basílica de Guadalupe, en la Ciudad de México. El acuerdo era repartir, al 50 por ciento, las ganancias entre Viotrán y la Basílica.

Por supuesto, una decisión de ese tamaño excede, por completo, al rector de la Basílica por más poderoso que sea: Esa autorización tenía que venir de otro lado. Por ejemplo, del Arzobispado Primado de México o titular de la Arquidiócesis de México, es decir, la zona de influencia del templo católico más influyente del país.

Viotrán no era, ni de lejos, una empresa novata: Había obtenido los derechos de comercialización de la última visita que Karol Wojtyla realizó a México, cuando canonizó a Juan Diego.

 

La foto, la foto

Por si no fuera suficiente lo anterior, Viotrán recibió el pago del diablo: Había un contrato de comercialización anterior, con el director de Design & Digital Print, Othón Corona Sánchez, válido por cinco años, de 2000 a 2005.

En el contrato con Corona se estipulaba que la Basílica se encargaría de la comercialización de la imagen digital que haría el especialista, del Ayate de Juan Diego, “por todos los medios comerciales que legalmente procedan”.

Técnicamente, el contrato con Viotrán violentaba lo dicho en el contrato con Corona y, como diría Perogrullo, Corona violentaba el contrato que había firmado Viotrán con la Basílica, sobre todo porque Viotrán estaba domiciliada en Estados Unidos y la cláusula cuarta del contrato con Corona prohibía ceder la comercialización a una persona física o moral que tuviera domicilio en el extranjero.

Diciéndolo piadosamente, Viotrán iba a hacer su trabajo, y en la Basílica, o en el Arzobispado, ignoraron, puntualmente, el contrato con Corona.

En medio de lo anterior, tanto Tirios como Troyanos miraron hacia Norberto Rivera Carrera. Como ya se dijo, el rector de la Basílica no se mueve solo. Todo lo anterior, sin pensar en los ingresos que percibe el templo por concepto de donaciones y limosnas.

Se deja una nota final: “Basílica de Guadalupe, Asociación Religiosa” se constituyó, mediante la Escritura Pública número cien mil ochocientos ochenta y siete de fecha 14 de marzo del año dos mil dos, ante la fe del licenciado Luis G. Zermeño Maeda, Notario Público Número Sesenta y Cuatro de la Ciudad de México.

El contrato con Viotrán se firmó el 31 de marzo del año 2002. En español, la Asociación Religiosa se constituyó quince días antes de la firma con Viotrán. Que lea quien sepa leer.

 

El epílogo

Tras desatarse el irigote por el registro de marca a manos del empresario chino, el director del IMPI, Jorge Amigo Castañeda, dio una versión alternativa de “es mi voz, pero no es mi voz”: “Wu You Lin no pretendía adquirir los derechos de la obra del ayate de Juan Diego, sino una versión alterna que no coincide en los colores ni la figura de los ángeles”.

Si eso pasó con la Morenita, no hay motivos para alarmarse con lo que le pasó al legendario logotipo del IMSS, que en 2010 se metió en un lío monumental para recuperar su identidad: La empresa china “Zhongshan Giordon Audio Alarm Equipment”, dedicada a la venta de alarmas para autos, llevaba siete años usando el logo del IMSS.

Es peccata minuta lo del Himno Nacional, que fue propiedad de dos estadounidenses, Harry Henneman y Philip Hill, quienes compraron los derechos de Jaime Nunó y terminó en otro espectáculo, no tan complicado como el del IMSS.

La realidad es que al no tener un registro de marca permanente, la Virgen de Guadalupe queda a expensas de cualquier comprador. Se me ocurren tres competidores: Un grupo de la delincuencia organizada a través de un prestanombres; otro extranjero que haga oro con la explotación comercial o cualquier personero de distintas religiones que quiera hacerse millonario vía un prestanombres.

En esto de los derechos de marca hay lobos y corderos, sin embargo, como diría Julio Scherer, hay corderos que cargan garrotes.

 

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