La segunda generación de ‘Los Toficos’

La herencia política de un semillero vigente

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La primera generación de “Los Toficos”, así establecida, en la década de los 60, en la UNAM, es una probable versión autóctona de “Skull & Bones”, la sociedad secreta más famosa de la Universidad de Yale que inició su membresía en 1832 y que lo mismo ha tenido como cófrades a William Taft que a George W. Bush.

Sin embargo, esa sociedad también tuvo como integrante a Prescott Bush, abuelo de “baby Bush” y que tiene un ominoso antecedente: Haber sido banquero de Adolfo Hitler.

Como podrá notarse, George W. Bush no sucumbió frente al antecedente de su abuelo, y tampoco podría decirse que su señor padre corrió con mala fortuna. En la teoría de la conspiración se apuntaría que al ser miembro de “Skull & Bones”, el nieto de Prescott tenía cierto blindaje.

Pues en el caso de “Los Toficos” mexicanos podría escribirse algo similar, dado que han alcanzado la cima del poder pese a notorios tropezones, particularmente en la transición de la primera a la segunda generación.

Emilio Lozoya Austin está pagando con el escándalo la cuota de desventuras que le corresponde a su parte de la transición; otros no sólo han cubierto con el escarnio su pertenencia al poder político mexicano más consolidado en décadas; lo han pagado con la vida o con su libertad, no como “testigos protegidos”.

Como podrá verse, Lozoya Austin es un integrante de la segunda generación de “Los Toficos” que probablemente terminará sin correr la misma suerte que Rosario Robles porque su señor padre, uno de los fundadores del grupo original, supo hacer las cosas bajo una obviedad: En la vida no se obtiene lo que se merece; se obtiene lo que se negocia.

 

La primera generación

El primer grupo se gesta entre 1966 y 1970, cuando Ifigenia Martínez era la directora de la Facultad de Economía en la UNAM. Martínez era economista por esa misma universidad, pero contaba con un antecedente inédito: Era la primera mexicana con un posgrado en economía en la Universidad de Harvard.

Martínez había sido cofundadora de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, además de haber sido asesora de Jaime Torres Bodet de 1958 a 1959; coordinadora de asesores del secretario de Hacienda y Crédito Público, Antonio Ortiz Mena, de 1961 a 1965, y fue pareja de Alfredo Navarrete Romero, el primer mexicano doctorado en Economía por la Universidad de Harvard y vicepresidente del Consejo de Administración de Pemex.

Con semejante personaje como directora de la Facultad de Economía es de entenderse que algo relevante se diera en los pasillos universitarios, y ahí fue donde coincidió un trío de jóvenes con temerarias ideas en la cabeza.

Los nombres de esos muchachos entusiastas eran: Carlos Salinas de Gortari, Manuel Camacho Solís y Emilio Lozoya Thalmann. Algunos quieren meter con calzador a José Francisco Ruiz Massieu, Hugo Andrés Araujo y Raúl Salinas, pero la realidad es que el núcleo duro del grupo eran Carlos Salinas, Camacho y Lozoya.

Lo que unió a estos tres jóvenes fue su brillantez: Ifigenia Martínez los había inscrito en un programa pionero para estudiantes sobresalientes que optaran por el posgrado en condiciones favorables desde su licenciatura.

El pivote político que consolidó al propiamente académico fue la “Asociación Civil Política y Profesión Revolucionaria A. C.”, en la que Carlos Salinas era su presidente y Manuel Camacho el secretario general.

Y en esta asociación fueron apareciendo los nombres de los demás personajes a los que se les atribuye, incorrectamente, ser los fundadores de este grupo de interés.

 

Carlos Salinas de Gortari

Carlos Salinas tenía como faro a Raúl, su señor padre, quien había sido secretario de Industria y Comercio con Adolfo López Mateos. Salinas Lozano también era economista y había sido Embajador en la Unión Soviética, lo que sería definitorio en la formación de Carlos.

Ya en la Universidad de Harvard, Carlos obtuvo dos maestrías: Una en administración pública y otra en economía política, además del doctorado en Economía Política y Gobierno.

Con la mente en dos mundos complementarios, Salinas anhelaba el poder: De un lado traía la impronta soviética aprendida de su padre y del otro el capitalismo estadounidense.

 

Manuel Camacho Solís

Hijo del doctor Manuel Camacho López, médico militar, Camacho Solís se había destacado como un estudiante excepcional en la UNAM, y por eso se había abierto camino en el entendido que su familia no tenía, ni remotamente, la fortuna que la familia Salinas, de ahí que lo de que era pudiente no es del todo exacto.

Por ahí circula una leyenda claramente fantástica, que Camacho López fue, literalmente, atropellado por un automóvil que transportaba a Plutarco Elías Calles al interior del Campo Militar, en la Ciudad de México, y que al enterarse de la gravedad de las lesiones que le causó al médico el accidente lo indemnizó notoriamente.

Siguiendo con la fantasía, se supone que de esa indemnización alcanzó para que Camacho Solís viviera rodeado de privilegios, pero realmente no hay evidencias de algo semejante.

 

Emilio Lozoya Thalmann

La mente de Lozoya Thalmann no tenía absolutamente nada que ver con las utopías soviéticas aderezadas con el libre mercado que le rondaban a Salinas, y menos con las erudiciones de Camacho Solís; él andaba en la lógica de consolidar al capitalismo como modo de vida, más allá de los costos que esto representara.

Lozoya sería secretario de Energía con Salinas de Gortari en la Presidencia, y si bien es cierto que no le interesaban los doctorados, aprovechó las facilidades en la UNAM para cursar dos maestrías: Una en Administración de Empresas por la Universidad de Columbia y otra en Administración Pública por la Universidad de Harvard.

Lozoya Thalmann fue hijo de Jesús Lozoya Solís, un médico militar, cirujano pediatra y político que gobernó al estado de Chihuahua entre 1955 y 1956; fue director del Hospital Central Militar tras cumplir con la encomienda de tranquilizar a la entidad tras la salida de Óscar Soto Máynez y dejarle la mesa puesta a Teófilo Borunda.

Lozoya Thalmann adquirió la sabiduría de su señor padre para negociar, como ya se vio con la llegada de su hijo, Lozoya Austin, a la Ciudad de México en un acto de malabarismo que inició como “corrupto y encarcelable” y que ahora se mantiene como “testigo colaborador”.

 

El salto como grupo de interés

Manuel Camacho Solís se afilió al brazo juvenil del PRI en 1965, cuando el líder era Rodolfo Echeverría, hermano de Luis, y se desempeñaba como presidente del Comité Ejecutivo Nacional, Carlos A. Madrazo. Ahí, Camacho trata a otro joven tecnócrata, Manuel Bartlett Díaz, quien era el secretario particular de Madrazo.

Gracias a los buenos oficios de Bartlett, los tres jóvenes de la UNAM le venden al PRI la invención de una revista, “Pensamiento Político”, que sin saberlo sentaría las bases de lo que Salinas de Gortari implementaría al llegar a la Presidencia de la República: La combinación de las ideas de capitalismo salvaje de Lozoya Thalmann con las estrategias de los hermanos Araujo de la Torre, maoístas.

Poco a poco van apareciendo otros personajes claramente disímbolos, pero que aportaron a la experimentación teórica de Salinas, Camacho y Thalmann: Alberto Anaya Gutiérrez,  Hugo Andrés Araujo de la Torre, Rolando Cordera Campos, Gustavo Gordillo de Anda y hasta Raúl Salinas de Gortari; de ahí a que todos inventaran organizaciones de lucha popular en Durango, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, alentando beligerancia maoísta combinada con el pensamiento de Adolfo Orive Bellinger, sólo hubo un paso. Cuando todo fallaba y comenzaban a perseguir a Orive, éste regresaba a la UNAM a refugiarse.

De esos experimentos saldrían los dos cimientos del trío para alcanzar la Presidencia de la República en 1988: La política pública conocida como “Solidaridad”, claramente maoísta, y la maximización de la apertura comercial, vía TLCAN.

 

La segunda generación

No hay que pensar con la lógica elemental de que la segunda generación de “Los Toficos” tendría que ser, forzosamente, hijos de los tres fundadores. Tampoco funciona decir que Camacho era un pensador de escritorio que no entraba en acción.

Cuando Salinas llega a la Presidencia, y Manuel Camacho a la Regencia del Distrito Federal, éste se dedica a tejer relaciones con personajes como George Soros con la intención de que llegara una inversión descomunal al país, pero particularmente a la Ciudad de México.

Camacho sabía lo que hacía; cuando cursó su posgrado en la Universidad de Princeton, su asesor académico fue Richard Falk, tótem del liberalismo a la izquierda en Estados Unidos.

Por ello no es extraño que un miembro de la burbuja de Camacho, Marcelo Ebrard, tenga las conexiones que tiene en el mundo entero: Si bien es cierto que Juan Enríquez Cabot era el negociador de cabecera en estos temas, Ebrard aprendió el camino, y lo aprendió bien.

Así las cosas, “Los Toficos”, en su segunda generación, siguen moviéndose con la misma combinación de capitalismo salvaje y populismo en extremo:

Esteban Moctezuma fue parte del equipo que coordinó la campaña presidencial de Carlos Salinas y fue secretario de Ernesto Zedillo, a quien difícilmente podría quitársele la etiqueta del salinismo y de la tecnocracia que tanto aborrece López Obrador. Al mismo tiempo, Moctezuma es personero de Ricardo Salinas Pliego, lo que le permite operar en beneficio de diversos grupos vinculados a Salinas de Gortari.

Marcelo Ebrard es creatura de Manuel Camacho Solís; nadie le regatea méritos y logros al actual Canciller; más bien, se reconoce que ha sabido cultivar y reproducir las relaciones que su mentor le enseñó.

Valga como nota al margen agregar que Camacho Solís estuvo casado con Guadalupe Velasco, hija de Manuel Velasco Solís y tía de Manuel Velasco Coello, un personaje sumamente escuchado en estos días en Palacio Nacional: Quien sepa leer que lea.

Respecto a Lozoya Thalmann, está el tema de su hijo Emilio. Lozoya Thalmann no la tiene fácil, porque Carlos Salinas fue padrino de bautizo de su hijo Juan Jesús. La detención de Lozoya Austin tiene la apariencia de ir contra Enrique Peña Nieto, pero apunta hacia Carlos Salinas de Gortari vía tres personajes.

Esos individuos son: El propio Lozoya Austin, Alonso Ancira, por medio de Agronitrogenados, y José Antonio González Anaya.

González Anaya, doctor en Economía por la Universidad de Harvard, fue director general de Pemex de 2016 a 2017 y, por mera lógica, tiene conexión con Lozoya Austin y con Carlos Salinas de Gortari, pues el ex presidente está casado con Ana Paula Gerard Rivero, hermana de Gabriela, esposa de González Anaya.

Así, “Los Toficos” siguen funcionando como generación, pero si nos ceñimos a la evidencia, es claro que Manuel Camacho Solís es el que sigue vigente aun muerto. Sus dos compañeros de cofradía tienen notorios problemas con sus sucesores.

Seguramente habrá una tercera generación, aunque es probable que irreconocible.

Nadie querrá aceptar que proviene de un grupo de interés que ha controlado parte de la vida nacional y que, ahora mismo, sus beneficiarios se alejan de él como si fuera lepra.

 

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Twitter @fercrisanto

Facebook: Fernando Alberto Crisanto

 

 

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