La incertidumbre de estar en la mira del presidente

Transformado en una especie de Maximiliano Robespierre o Girolamo Savonarola, López Obrador está dispuesto a castigar y desterrar la corrupción que nos envileció en el periodo neoliberal. El temor mata hasta al más pintado

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Santiago Nieto, titular de la Unidad de Inteligencia financiera, uno de los invitados favoritos del Presidente López Obrador en las mañaneras.

> Son muy pocos los que no sucumben al pánico de la mañanera. Enrique Alfaro, Gobernador de Jalisco, lo resumió así: No es sencillo darte cuenta, cuando despiertas por la mañana, que te apuntan y se te echan encima

A nadie le queda duda, la conferencia mañanera diaria es el escudo protector del presidente y su más importante acto cotidiano de gobierno, si no es que el único.

El gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro, resumió en apenas 40 palabras el estado de ánimo con que inician el día muchos mexicanos de lunes a viernes desde que tomó el poder la Cuarta Transformación: “No es sencillo darte cuenta, cuando despiertas por la mañana, que el Presidente de la República y el gobierno federal te apuntan la mira y se te echan encima; no se siente padre ver que el Presidente anda enojado contigo”.

Alfaro lo dijo en el contexto del pleito de los gobernadores aliancistas con Andrés Manuel López Obrador por las participaciones federales en el que llegaron al extremo de amagar con romper el Pacto Federal, lo que fue interpretado como amenaza absurda de convertir a un grupo de entidades federativas en otro país.

Apenas los puso en la mira el presidente, los gobernadores negaron haber dicho lo que dijeron y ahora serían felices si, como lo prometió, hace un campito en su agenda para recibirlos y darles la oportunidad de convencerlo de compartirles un poco de lo que se recauda en el país.

Si, “no se siente padre saber que el presidente anda enojado contigo”, en especial este presidente que suele acusar, juzgar y ejecutar por las mañanas. Pero no son los únicos, si acaso los más recientes.

El temor del gobernador de Jalisco al despertar cinco días a la semana desde el inicio del sexenio es compartido por todos aquellos a quienes el presidente considera sus adversarios y opositores.

En el mejor de los casos sólo los califica de conservadores, neoliberales, neoporfiristas y hasta corruptos; en el peor, se hace acompañar del titular de la Unidad de Inteligencia Financiera, Santiago Nieto, o de algún otro funcionario, como la jefa del Sistema de Administración Tributaria, Raquel Buenrostro, a fin que los aludidos sepan que no se trata solamente de bravatas, sino que las cosas van en serio.

No hay registro fotográfico ni videograbado, al menos público, de uno de los efectos más emblemáticos del resultado positivo para el gobierno de que, como dice el gobernador de Jalisco, el presidente ponga la mira sobre alguien en particular o sobre un grupo por muy poderoso que sea, como lo pueden ser los empresarios más ricos e influyentes de la era neoliberal, digamos los propietarios de Femsa y Walmart.

Los representantes de estas empresas, como los de muchas otras, acudieron presurosos a ponerse a mano con el SAT después de sendas palizas en las conferencias mañaneras.

En una el presidente reveló haber entregado una lista de 15 grandes deudores al líder del Consejo Coordinador Empresarial, con el fin de que le ayudara a cobrarles. Carlos Salazar Lomelín se negó a hacerla de cobrador y le fue como le fue. Hoy es casi irrelevante.

En la mañanera del 19 de octubre pasado, López Obrador presumió la eficacia de su conferencia diaria. Reveló que empresarios acostumbrados a la condonación impositiva ya habían pagado 100 mil millones de pesos al SAT.

No adjudicó a la mañanera el triunfo de que “los de mero arriba”, los grandes consentidos de los gobiernos anteriores que “no pagaban y cuando pagaban se les devolvían los impuestos” ahora hicieran cola ante la señora Buenrostro para pagar lo que estaban acostumbrados a regatear al gobierno mientras campesinos, comerciantes, maestros, profesionales y pequeños empresarios sí cumplían con sus obligaciones impositivas, pero cualquiera sabe del temor de muchos a ser exhibidos por el presidente ante el país en el llamado púlpito del Palacio Nacional.

Otros empresarios acudieron felices a un desayuno con el jefe de las instituciones, pero al salir del Palacio Nacional traían el estómago revuelto y no necesariamente porque les cayeran mal los antojitos tabasqueños, sino porque el encuentro fue un asalto en descampado, pues espontáneamente a fortiori tuvieron que sacar la cartera para pagar los cachitos de lotería de la rifa del avión aquel que ni se ha sorteado ni se ha vendido.

Son muy pocos los que no sucumben ante el temor de quedar en la mira del presidente transformado en una especie de Maximiliano Robespierre o Girolamo Savonarola dispuesto a castigar y desterrar la corrupción que nos envileció en el periodo neoliberal.

El mejor ejemplo es el éxodo de las grandes figuras del priismo. Han desaparecido, ni siquiera se hacen notar cuando su partido consigue triunfos inesperados, como en Coahuila e Hidalgo. Lo suyo, al menos hasta 2024 o en 2022, en el improbable caso de que sean escuchados sus ruegos a San Judas y a la Virgen de Guadalupe, es guardar la cabeza para no colocar el cuello en la guillotina de López Obrador o en la mira del rifle sanitario de Santiago Nieto.

En general, la clase política que dominó en el pasado neoliberal está a la espera de lo que resulte de los casos en las manos del fiscal general de la República, Alejandro Gertz Manero, y de lo que investigue la UIF.

Sólo cuando la tormenta amaine un poco, quizás después de las elecciones del 2021, reaparecerán con cierta timidez quienes permanecen aquí, pero los que se alojaron en otros países tal vez decidan esperar hasta el resultado electoral de 2024. Si un radical sucede a López Obrador permanecerán en donde estén otra larga temporada hasta que la 4T se convierta en Quinta.

SOBRAN LOS CLIENTES DE LA MAÑANERA

Ejemplos de temor a la mañanera y a sus consecuencias legales sobran. Aunque confían en la inexistencia de pruebas quienes presuntamente fueron sobornados en el sexenio pasado para aprobar reformas como la Energética, viven con el alma pendiente de un hilo porque ignoran el contenido de las carpetas de Gertz Manero.

Algunos aún tienen poder y hasta fuero, pero está por acabárseles y la FGR no parece tener prisa en iniciar la ofensiva. La incertidumbre mata hasta el más pintado.

Entre los pocos que se atreven a mostrar valor está Felipe Calderón a quien le están cobrando el “robo” de la Presidencia en 2006 y ahora ha sido implicado, al menos en la mañanera, en el caso Odebrecht-Brasken-Etileno XXI. El, que conoce el poder de la Presidencia, ya sufrió los primeros efectos con la negativa de registro al partido político que organizaba su esposa, Margarita Zavala. Ahora tendrá que esperar a la embestida jurídica, sin embargo, destaca porque no deja pasar ataques, amenazas o meras insinuaciones, sin más resultado que ser apaleado en las redes sociales.

Los mejores clientes de la mañanera han resultado la prensa y los “intelectuales orgánicos”. No hay cabeza a salvo, con excepción de las corporaciones televisivas acostumbradas a servir al mandatario en turno.

En ocasiones hasta los aliados, como Proceso y la Jornada, sufren el reclamo de no portarse bien con el mandatario.

Uno por inmiscuir a Ricardo Salinas Pliego en el olvidado caso Fertinal y, el otro, por reproducir el insidioso discurso que el general Carlos Gaytán Ochoa pronunció ante generales de División en activo y retirados, pero también ante los más altos mandos militares encabezados por el secretario de la Defensa Nacional, Cresencio Sandoval, en el que afirmó que los militares se sienten ofendidos como mexicanos y soldados en un contexto en el que “el alto mando enfrenta, desde lo institucional, a un grupo de “halcones”  de izquierda radical que podrían llevar a México al caos y a un verdadero estado fallido”.

Los objetivos preferidos de López Obrador son los periódicos más importantes de la Ciudad de México, cuyas primeras páginas suele mostrar en powerpoint en las mañaneras.

Trae pleito casado con Reforma, de Alejandro Junco, y El Universal, de Juan Francisco Ealy Ortiz. Los ha convertido en una especie de Frenaaa III y hasta ha prometido a sus propietarios instalarles hamacas en el Zócalo para que cómodamente instalados participen en el plantón del Frenaaa de Gilberto Lozano.

Con algunos periodistas la trae personal, como Carlos Loret, que cometió el pecado de exhibir a Pío López Obrador recibiendo bolsas de pan repletas de billetes producto de donaciones del pueblo bueno para fundar Morena. Ataques y burlas de un lado y respuestas puntuales, del otro, son cotidianas.

No se salva ni la prensa extranjera que insiste en exhibir el fracaso de su política económica o el pésimo manejo de la pandemia del coronavirus, pero le divierte ensañarse, ante la algarabía de su auditorio mañanero compuesto en su mayoría por paleros manejado a conveniencia de su oficina de prensa, con periodistas en particular a quienes llama momias que permanecieron dormidos mientras los neoliberales saqueaban y convertían al país en un inmenso cementerio.

Los “intelectuales orgánicos”, personificados en Enrique Krauze y Héctor Aguilar Camín, no tienen salvación, a menos que de pronto experimenten una revelación, se conviertan a la nueva religión y acudan contritos a rogar ser recibidos en el club de los mejores amigos del presidente.

La lista es inacabable, pero es demasiado abusar de los lectores.

Así como dijo alguna vez Enrique Peña Nieto, no hay presidente que se levante pensando cómo joder al país, no hay político, empresario o periodista identificado con el pasado neoliberal que no despierte con temor de ser objeto del sarcasmo o acusaciones presidenciales.

Si, “no se siente padre despertar y ver que el presidente anda enojado contigo”, pero “Uy, qué miedo, miren como estoy temblando”, como López Obrador expresó citando a su paisano Chico Ché, refiriéndose al supuesto influyentismo de los empresarios energéticos, que, dijo, “tienen agarraderas y pueden hasta promover un artículo en el New York Times o en El País o en el Wall Street Journal, en el Financial Times o en el Reforma…”.

La ventaja es que, como dijo Carlos Salinas, a algunos ni nos oye ni nos ve ni nos lee.

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