José Antonio Meade, denominación anticipada o despedida

*El Presidente Peña Nieto ataja todas las especulaciones *Faltan ya unos cuantos días para saber el nombre del candidato presidencial del PRI

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El discurso de Luis Videgaray Caso, secretario de Relaciones Exteriores, para elogiar excesivamente a José Antonio Meade Kuribreña despertó todo tipo de especulaciones.

Casi por consenso ya se da como un hecho que Meade es el próximo candidato del PRI.

Y como complemento de esa nominación, se le ubica casi como el próximo Presidente de la República, como si todo siguiera igual.

Casi nada, Videgaray Caso dijo de Meade que su trayectoria como servidor público ha sido impecable, provisto de patriotismo, inteligente, de amor a México y de integridad como economista.

Salvo la alusión a la formación académica cierta de Meade, los demás adjetivos seguramente cabrían al indio de Guelatao, Benito Juárez.

De que el discurso de Videgaray fue sancionado desde Los Pinos está fuera de toda discusión.

Ningún miembro del gabinete presidencial tiene la más mínima autonomía para pronunciarse tan abiertamente por una candidatura presidencial.

El discurso de Luis Videgaray más bien pareciera estar encaminado a elogiar a Meade para darle una salida airosa a su imposibilidad de ser el candidato presidencial priísta.

Algo así como decirle: “Tú no vas a ser el candidato, pero en nombre del Presidente te hago un homenaje en reconocimiento por tus servicios prestados al país”.

El complejo escenario para perfilar a Meade como posible candidato se dio desde el momento que el PRI eliminó la exigencia de 10 años de militancia y de que su candidato presidencial podía ser un simpatizante.

Todas las miradas voltearon hacia el secretario de Hacienda. El único miembro del grupo cardenalicio peñista que encuadraba en esa hipótesis era precisamente Meade Kuribreña.

En un intento por reforzar la supuesta candidatura de Meade, Videgaray Caso estableció un paralelismo entre Meade y el presidente Plutarco Elías Calles, al comparar a ambos como los únicos en la historia de México en ocupar cuatro secretarías de Estado distintas en dos gobiernos diferentes.

La primera aseveración es cierta, en tanto la segunda es una pifia histórica.

Calles, el artífice del maximato entre 1928 y 1934, fue secretario en seis gobiernos, de los que tres los ejerció como ex presidente de la República en tres administraciones posteriores.

Una de ellas, homólogo de Videgaray y Meade en el gobierno del presidente Abelardo L. Rodríguez.

Vino después la enmienda del discurso de Luis Videgaray. Apareció en escena el Presidente Enrique Peña Nieto, como el fiel de la balanza, definido por la frivolidad de José López Portillo, para atajar todas las especulaciones sobre la adelantada candidatura de José Antonio Meade.

Al respecto diría Peña Nieto: “No se despisten, el PRI no elige candidatos por aplausos”.

Con esa sentencia el Presidente cancela el destape de Meade como candidato tricolor, permite inferir que la quita de los candados en los estatutos del PRI para permitir candidaturas de no militantes sólo fue un efecto distractor y se asume como el gran elector dentro del Revolucionario Institucional.

En 1994 hubo una circunstancia similar cuando Carlos Salinas salió al paso de las especulaciones del posible cambio de candidato presidencial para sustituir a Luis Donaldo Colosio por Manuel Camacho Solís.

Diría en aquella ocasión el entonces presidente de México.  “No se hagan bolas (no se despisten), el candidato es Luis Donaldo”.

A contrario sensu, hoy las palabras presidenciales podrían interpretase de manera similar: “No se hagan bolas, el candidato no va a ser José Antonio”, con todo y que el hombre más cercano a los afectos presidenciales, Luis Videgaray, haya hecho un ensayo de nominación sucesoria ante el mundo, con la presencia de diversas representaciones diplomáticas acreditadas en México.

Así, Peña Nieto se asume como el gran elector, con o sin el consenso de los priístas, en memoria y recuerdo de que los aspirantes presidenciales  más vistos y connotados al final fueron superados, dentro del ritual priísta, por quienes se advertían con menos posibilidades.

Sucedió en 1951 cuando todo indicaba que el carismático jefe del Departamento del Distrito Federal, Fernando Casas Alemán, sería el seguro sucesor de Miguel Alemán.

Cuando a la muerte del doctor Héctor Pérez Martínez, secretario de Gobernación, lo sucedió el gobernador de Veracruz, Adolfo Ruiz Cortines, Casas Alemán saltaba eufórico: “Ya chingué al viejito en Gobernación”. Pues el viejito lo desplazó y lo confinó al destierro político para siempre.

En 1957 nadie dudaba que el sucesor de  don Adolfo Ruiz Cortines sería el secretario de Agricultura, Gilberto Flores Muñoz, cuya esposa, María Asunción Izquierdo, era presentada como la futura primera dama por la propia María Izaguirre de Ruiz Cortines.

En el dominó político del Presidente, el discreto secretario del Trabajo, Adolfo López Mateos, resultó el sucesor.

Y finalmente, en 1975, todo indicaba que el joven secretario de Gobernación, Mario Moya Palencia, sería el próximo presidente de México. La cargada a su favor era impresionante. En cada evento miembros del gabinete, empresarios, líderes sindicales y jerarcas de las iglesias, entre otras organizaciones, le ofrecían apoyo incondicional. Terminó superado por un modestísimo funcionario que comenzó como subsecretario del Patrimonio Nacional, continuó como director de la Comisión Federal de Electricidad y desde la Secretaría de Hacienda se convirtió en presidente de la República: José López Portillo.

Faltan ya unos cuantos días para saber el nombre del candidato presidencial del PRI. El 28 de noviembre próximo se cumplen 24 años de la nominación de Luis Donaldo Colosio como candidato priísta y hasta entonces seguro sucesor de Carlos Salinas. Podría ser una buena fecha para conmemorar el recuerdo del candidato mártir por aquel famoso discurso del 5 de marzo de 1994 en el 65 aniversario de la fundación del PRI.

La decisión del Presidente Peña Nieto sobre su candidato deberá estar precedida, se entiende, por dos grandes factores a considerar: Un personaje cercano a su círculo y con posibilidades de ganar la elección en el 2018 y en función del principal problema del país.

En eso no cabe duda que el tema de la seguridad ya superó al problema económico en la percepción ciudadana.

Si el Presidente se decide por la primera opción, quien lleva la ventaja es Miguel Ángel Osorio Chong, el priísta mejor posicionado, a quien además de la responsabilidad de la política interior se le asignaron tareas de seguridad pública con la inclusión de la secretaría del ramo como una subsecretaría dentro de la Secretaría de Gobernación.

Si la actividad económica y financiera es definitoria para nominar candidato, se percibe como más viable a Luis Videgaray, ex secretario de Hacienda y hoy de Relaciones Exteriores, además de ser bien visto por la Casa Blanca.

Sólo falta ver si ganan pues hoy no es suficiente la voluntad presidencial. Antes el presidente priísta designaba candidato y simultáneamente sucesor. Hoy sólo tiene posibilidades de decidir quién representará al partido el 1 de julio de 2018. Ampliaremos…

 

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