Inundaciones 2007, reclamos de López Obrador

Manuel Andrade corrige desatinos de titular del Ejecutivo federal

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Cuando el presidente Andrés Manuel López Obrador representaba  férrea oposición, desde el PRD, en el 2007, fustigaba a los usurpadores (sic) del gobierno federal por las exacciones y el olvido en que tenían al estado de Tabasco con motivo de las graves inundaciones que habían barrido con el patrimonio, la vida y la seguridad de los tabasqueños.

En reclamos y señalamientos certeros no paró, los mismos de los cuales hoy no ha cumplido a sus paisanos.  Con motivo de las inundaciones de aquel año insistía en que “tiene que haber inversión para recuperar enseres electrodomésticos, muebles; devolver sus vehículos a los propietarios; entregar ropa a la gente y la reconstrucción de viviendas”, perorata que servía para criticar a los gobiernos neoliberales, pero que hasta hoy no se ha traducido en apoyos que tanto demandó como líder opositor.

En otra parte de sus críticas y exigencias –ciertamente justificadas en aquel momento- pedía “programas de inversión a fondo perdido para apoyar a pequeños y medianos empresarios”. Los saldos de su gobierno en este rubro han sido lamentables.  Sistemáticamente se ha negado a apoyar a los pequeños y medianos empresarios bajo el injustificado argumento de que no va a endeudar al país con otro Fobaproa, percepción que nada tiene que ver con los 100 mil millones de dólares con que Ernesto Zedillo terminó con hipotecar al país.  Sólo para ilustrar, hoy, la actividad turística ha caído un 75 por ciento sin signos de recuperación.

En el exceso, con el cuento de la corrupción, desapareció 109 fideicomisos, entre los cuales había algunos que habrían servido de apoyo a grupos vulnerables durante la enorme crecida de las aguas en Chiapas y Tabasco, pero lo verdaderamente injustificable es la cancelación del Fondo de Desastres Naturales (Fonden), avalada sin ningún recato, en el Senado, por su corifeo, el cae mal de Ricardo Monreal.  Diría el remedo de senador: “No se necesita del Fonden”.

Fustiga López Obrador a los usurpadores federales (léase Felipe Calderón) para obligarlos a devolver a Tabasco algo de la producción de los 600 mil barriles de petróleo diarios que durante 25 años se han llevado del estado.  En primer lugar, en la tierra de los olmecas jamás se  han producido 600 mil barriles.  Incluso, en la actualidad, su mejor nivel ha sido de 216 mil barriles diarios.  Y, segundo, lo que Andrés Manuel reclamó como opositor, hoy, como Presidente, se niega a entregar a los estados lo que les corresponde, en uso faccioso de un caduco sistema priísta de coordinación fiscal.

Propone lo que siempre ha sabido y, después de dos años, nada ha hecho para prever el desastre que hoy mantiene a los 17 municipios de Tabasco con declaratoria de desastre,  y al municipio del Centro con el 80 por ciento de su suelo bajo el agua.

Hace más de una década planteó como solución a las inundaciones “obras de infraestructura, construcción de bordos, programas hidráulicos, desazolve de ríos que durante más de 20 años (desde 1985) no han sido drenados”. Todo se sabía y, en prevención, nada se hizo.  No es lo mismo estar en el poder y resolver los problemas que dedicarse a criticar, pero la nota de la irresponsabilidad y la indolencia extremas la dio Blanca Elena Jiménez Cisneros, directora de la Conagua, precedida de un currículum abultado, pero de manifiesta inutilidad como funcionaria. Para evitar mayor daño acuático a la ciudad de Villahermosa, el Presidente debió de tomar una “decisión dolorosa”. Decidió el desvío del agua de la presa Peñitas hacia los pueblos chontales, los más pobres del estado.  Total, ya no tenían gran cosa que perder.

En una entrevista poco afortunada con Milenio, la señora Jiménez Cisneros manifestó que “no puede garantizar que el río Grijalva no se desborde de nuevo”, pero sí aseguró que los tabasqueños deben estar conscientes de que “aquí les tocó vivir y hay que adaptarse”, suficiente para exigirle su renuncia por incompetente y condenar a los chontales a vivir bajo el agua, algo así como “hagan casas flotantes o váyanse a La Chingada.”

Hubo un intento serio de obras hidráulicas contra inundaciones en el 2006, con una inversión de poco más de 2 mil millones de pesos, durante el gobierno de Manuel Andrade.  Sin embargo, según el propio ex gobernador, únicamente se invirtieron 1,331 millones de pesos, o sea, que por querer ahorrar 729 millones, una obra de ese tamaño quedó inconclusa y dejó a Chiapas y Tabasco en estado de indefensión permanente hasta este  2020.

La respuesta a la incapacidad gubernamental la dio el propio ex gobernador Manuel Andrade para exhibir a López Obrador y a su equipo acuático y eléctrico.  En un video difundido en redes sociales destaca que el Presidente de la República aseguró que por “la corrupción y la complicidad con las empresas que le venden electricidad a la Comisión Federal de Electricidad antes se soltaba más agua de lo debido, por lo que ordenaría que se liberen no más de 300 metros cúbicos por segundo para evitar inundar la planicie tabasqueña”.

Lo malo fue que la instrucción presidencial no obedeció a un estudio técnico-científico, sino que se decidió por decreto cuál era la cantidad de agua a desfogar.  A pesar de encontrarse presentes los directores de Comisión Federal, Conagua, Protección Civil y los gobernadores de Chiapas, Rutilio Escandón, y de Tabasco, Adán Augusto López, nadie se atrevió a contradecir la orden de López Obrador, con los resultados que ya se conocen: Tabasco bajo el agua y Chiapas con daños en más de 20 mil viviendas.

Por el contrario, a pesar de los daños inconmensurables, Rutilio Escandón reconoció el “apoyo” de AMLO a la población damnificada. Contrasta este sumiso pronunciamiento cuando la presidenta municipal de Centla, Guadalupe Cruz Izquierdo, denuncia que no solamente el municipio está inundado, sino que los albergues y los centros de acopio, prácticamente, han desaparecido bajo el agua, es decir, que la población no tiene para donde hacerse.

Así no se soluciona el problema de las inundaciones y el control del agua desde las presas.  El manejo debe de ser cuidadoso y sujeto a un rígido protocolo.  Hay que observar que las presas no se fracturen, y menos que se revienten, además de que en el servicio que prestan de generación de energía eléctrica se utilice la cantidad de agua adecuada para evitar acumulaciones excesivas de agua, como sucedió con los funestos resultados ya conocidos.

En su explicación, el ex gobernador Manuel Andrade asegura: “El mal manejo y la obediencia a ciegas provocó que de un día para otro se llenara el vaso de la presa.  Se quiso solucionar el problema bajo la improvisación y la emergencia.  Se desfogaron, entonces, 800, 1,200, 1,500, 3000 metros cúbicos por segundo, y luego 2,500, para evitar el colapso de la presa Peñitas, que terminaría por reventarse.”  Ahí está la explicación de la inundación a Tabasco y los daños a Chiapas.

Ante tantas evidencias absolutamente irrefutables, Manuel Andrade sentencia: “La responsabilidad es de López Obrador, de Comisión Federal de Electricidad, de Protección Civil, de la Secretaría de Energía, en el mal manejo de las presas y de todos los funcionarios que por miedo no advirtieron al Presidente que su orden terminaría por inundar a Chiapas y Tabasco”.

Y como conclusión acusa: “Los de Morena se robaron el dinero del Fonden y López Obrador es un mentiroso de marca mundial”.  Ampliaremos…

 

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