Entre PRI y Morena, los mismos actores

Encuestas amañadas para favorecer a Mario Delgado

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En 1929, cuando el PRI nació con el nombre de Partido Nacional Revolucionario (PNR) surgió como partido de Estado a iniciativa de un caudillo de la Revolución Mexicana: Plutarco Elías Calles.  Desde entonces gobernó, durante 71 años consecutivos, bajo la farsa de la Democracia y la Justicia Social.

En 1987, el ex gobernador de Michoacán Cuauhtémoc Cárdenas fundó la corriente democrática con el consenso y el apoyo de Porfirio Muñoz Ledo, Ifigenia Martínez Hernández, Heberto Castillo y, allá en la lejanía de esa formidable fuerza opositora, Andrés Manuel López Obrador se sumaba a esa disidencia.

Con el tiempo, López Obrador se convertiría en presidente del Partido de la Revolución Democrática (PRD), cobijo bajo el cual, en 2006 y en 2012, participaría como candidato a la Presidencia de la República.  El fraude electoral y el peso del sistema político mexicano le impedirían ganar desde su primera postulación.

Con esos antecedentes, en el 2014 fundó el Movimiento Regeneración Nacional y, de facto, se convirtió en su Presidente.  Así,  igual que, con Calles en 1929, el PRI es obra de un caudillo, Morena surge también auspiciado por un caudillo que por decisión unipersonal, en una tercera vez, se postulaba como candidato presidencial. La historia ya es conocida; 32 millones de votos avalaron su ascenso al poder.

Viene ahora la sucesión en la presidencia de Morena y los gritos y trampas para apropiarse del movimiento que fundó López Obrador.  En el camino se quedaron personajes como  Yeidckol Polevnsky (Citlali Ibáñez), tan identificada con Andrés Manuel desde sus días en el Departamento del Distrito Federal y como candidata al gobierno del Estado de México.

Los candidatos finales son Porfirio Muñoz Ledo y Mario Delgado Carrillo. Entre ambos hay diferencias sustanciales que marcan, desde hoy, el desempeño que cada uno tendrá en caso de acceder a la presidencia del Movimiento Regeneración Nacional. Durante el gobierno de López Obrador en el Departamento del Distrito Federal, Mario Delgado estuvo como subordinado de Marcelo Ebrard en la Secretaría de Seguridad Pública, y luego, como jefe de Gobierno, Ebrard lo nombró secretario de Finanzas y secretario de Educación. Es, pues, indudable que la apuesta de Marcelo Ebrard es por su antiguo colaborador para dirigir el nuevo partido de Estado que hoy es Morena.

A Muñoz Ledo se le identifica con Claudia Sheinbaum, jefa de Gobierno de la Ciudad de México, y tal vez una restricción a su desempeño como líder morenista sea su edad. Nacido en 1933 es casi un nonagenario funcionario que ha pasado por todos los cargos de tres diferentes partidos políticos.

Como priísta fue secretario de Trabajo y presidente nacional del PRI en el gobierno de Luis Echeverría. Con López Portillo pasó como secretario de Educación Pública y en 1997 se convirtió en el primer diputado de oposición en la historia de México bajo las siglas del PRD, que después de 68 años contestaba el tercer informe presidencial de Ernesto Zedillo. Sumido en su asiento aplaudía tímido y temeroso ante la premonición cercana de que al PRI le había llegado el tiempo de entregar el poder, aunque fuera al PAN, para evitar el peligro de la llegada de la izquierda mexicana.

Diría en aquella ocasión Porfirio Muñoz Ledo a un disminuido Presidente de la República, en remembranza a Francesc de Vinatea, quien espetó al rey Alfonso de Aragón para recordarle la limitación al poder de los reyes y cuyo único depositario es el pueblo: “Nos, que somos más que vos, y que valemos tanto como vos, y que unidos valemos más que vos,  te pedimos sumisión al pueblo que te eligió”.

Esa sentencia emitida hace 23 años por Muñoz Ledo hoy tiene plena vigencia ante la aparente pasividad del presidente López Obrador que ha permitido trampas y componendas en las dos encuestas organizadas por el INE para nombrar a la dirigencia de Morena, pero que se muestra severo y autoritario en otros actos de la política.

En la primera, Muñoz Ledo superó a Mario Delgado en 15 puntos. Los resultados fueron 42 a 27. Con diversos pretextos y artilugios se recurrió a una segunda encuesta, en la que prácticamente hubo un empate técnico, lo que quiere decir que hubo injerencia en los resultados finales, como lo hizo el PRI durante 77 años. No olvidar que desde el presidente López Obrador, Porfirio Muñoz Ledo y toda la runfla de herederos fueron priístas por convicción y morenistas por conveniencia.

Por eso es lamentable que a pesar de los resultados irrefutables de la primera encuesta, hoy se pretenda una tercera para ver si es la vencida a favor del dos veces derrotado Mario Delgado. Incluso, la ya electa secretaria general del partido, Citlali Hernández, ha llamado a la razón a Mario Delgado para que acepte los resultados que en las dos encuestas no le han favorecido, pero más allá de la identificación y la filiación personal y partidaria entre Mario Delgado y Marcelo Ebrard, y entre Muñoz Ledo y Claudia Sheinbaum, hay una clara distancia intelectual y política entre uno y otro personajes. Las intervenciones de Mario Delgado son superficiales y limitadas, en tanto que Muñoz Ledo siempre ha demostrado conocimiento y profundidad en sus comparecencias.

El mayor activo de Mario Delgado es su lealtad a López Obrador cuando el sofisma es claro. A Delgado Carrillo, más que lealtad, se le reconoce sumisión al “Peje”. Y de Muñoz Ledo, lo que podría ser su mayor debilidad, su edad, terminaría por convertirse en su  mayor fortaleza.

A los 87 años ha recorrido todos los caminos de la política y está más allá del bien y del mal. Al igual que López Obrador viene de la confrontación y el desprendimiento con el poder del sistema político mexicano y su triunfo, desde el PRD, como diputado federal y senador de la República. Ello asegura que su desempeño como presidente de Morena sería más autónomo y no expuesto a aceptar todas las veleidades e imposiciones de López Obrador.

La referencia a la elección intermedia del 2015 es obligada en este 2021. En aquél año, el PRI anunció su derrota presidencial del 2018 al perder 8 de las 12 gubernaturas disputadas. Hoy, que el Presidente y Morena han perdido gran parte de su popularidad, la tragedia priísta podría repetirse.

El próximo año estarán en disputa 15 gubernaturas y más de 3 mil cargos de elección popular entre senadores, diputados locales, diputados federales, presidentes municipales y regidores, que definirán la nueva distribución geográfica del poder entre las tres principales fuerzas políticas del país. Una derrota estrepitosa sería el preludio de la pérdida de la Presidencia en el 2024.

A diferencia de Mario Delgado, Porfirio Muñoz Ledo tiene una mejor percepción de la realidad político-electoral del país y de quiénes  son los personajes idóneos para encabezar las preferencias electorales, incluso mejor que la propia secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero.

Con todo y los intereses que Muñoz Ledo tenga en el reparto de candidaturas, jamás será comparable a los de Mario Delgado.  Muñoz Ledo llega a la fase terminal de su vida política y querrá retirarse con el reconocimiento de la ciudadanía, el electorado y de los partidos políticos.

En cambio, Mario Delgado a sus 48 años, seguro apuntará y tratará de  distribuir las candidaturas hacia donde le resulte más benéfico. Ampliaremos…

 

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