En busca del líder ‘histriónico y fotogénico’

Aquel que aproveche el enojo creciente de los desilusionados con el gobierno que encabeza López Obrador, que acepten “perder libertades a cambio de orden y seguridad”, es decir, la versión inteligente de Gilberto Lozano

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Por sus cualidades y defectos, Zepeda Patterson descarta a Gilberto Lozano, líder del Frenaaa, como el beneficiario de la polarización que vive México.

> Para tener el poder las Fuerzas Armadas no necesitan sacar de sus entrañas a quien lo busque con el pretexto de salvar al país

> Y por el lado civil no hay a la vista quien pueda conmover y aglutinar a los descontentos

Minutos después de enviar a Roberto Cruz este material, se dio a conocer la detención en Los Angeles, California, del ex secretario de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos, supuestamente por narcotráfico. En nada modifica lo que aquí se dice.

Tiene razón Jorge Zepeda Patterson, al paso que vamos a nadie debe extrañar si la Cuarta Transformación da paso a una mexicanísima versión de Jair Bolsonaro, con la diferencia, digo yo, que quizás mientras el brasileño es un militar retirado, el nuestro podría serlo en activo.

Sin conocerlo, hace mucho tiempo que sigo a Jorge por su obra literaria (disfruté “Milena o el fémur más bello del mundo”), pero sobre todo por su capacidad de análisis desde la atalaya de izquierda donde desmenuza la realidad de la vida pública nacional marcada por su innegable vocación de ejercer un periodismo objetivo que, sin embargo, no lo ha salvado de los reclamos del presidente López Obrador en la mañanera.

Debo decir que nunca he estado más de acuerdo con él como en la evaluación y diagnóstico en su colaboración más reciente de El País, repetida en Milenio.

Por sus cualidades y defectos que resultaría ocioso enumerar, Jorge desecha a Gilberto Lozano, como el beneficiario de la polarización que vivimos, pero su prosa describe a quien podría ser el sucesor de Andrés Manuel López Obrador: “Alguien histriónico, fotogénico y dispuesto a mover miedos y prejuicios con una propuesta radical de derecha podría ser irresistible para muchos que estén dispuestos a perder libertades a cambio de orden y seguridad. El líder de Frenaaa es un chiste, pero una versión inteligente de él sería material presidencial, tal como están las cosas”.

¿Quién podría ser esa versión “inteligente” de Lozano? Por ahora es misión imposible intentar identificarlo porque, existiendo la polarización, no hay en la oposición ni en los miles, tal vez millones de descontentos con el presidente López Obrador, un civil “histriónico, fotogénico y dispuesto a mover miedos y perjuicios”, pero no dudo que sobran quienes si lo estén “a perder libertades a cambio de orden y seguridad”.

Una de las peculiaridades del Bolsonaro brasileño es su condición de militar en retiro. El único de la clase castrense mexicana con agallas para no callar lo que piensa, no en videos colgados en redes sociales, sino en la sede del Ejército y la Fuerza Aérea, ha sido el general Carlos Gaytán Ochoa que fue subsecretario de la Defensa Nacional en el sexenio de Felipe Calderón.

Sus palabras ante el secretario de la Defensa Nacional, general Luis Cresencio Sandoval, y de generales de división en retiro y en activo, fueron tan fuertes que a partir de la difusión del discurso al presidente López Obrador le dio por hablar de “golpismo”, pero sobre el discurso del general Gaytán Ochoa se concretó a calificarlo de “imprudente” y “poco mesurado”.

‘NOS PREOCUPA EL MÉXICO DE HOY’

¿Qué dijo Gaytán Ochoa hace casi un año, el 22 de octubre de 2019, en el contexto de la captura y liberación en Culiacán de Ovidio Guzmán, el hijo de “El Chapo”?

No mucho, pero suficiente para inquietar incluso al presidente si, como dijo el ex subsecretario de la Defensa Nacional, sus “preocupaciones” son compartidas por “todos los aquí presentes”, es decir, del general secretario Sandoval hasta el cabo de turno que cuida la puerta de Lomas de Sotelo. No está demás recordarlo:

“Nos preocupa el México de hoy.

“Nos sentimos agraviados como mexicanos y ofendidos como soldados.

“Pero es imposible olvidar las experiencias del pasado, porque en los eventos donde existió la unidad nacional, el país pudo ver sus aspiraciones satisfechas y se construyeron los objetivos nacionales.

“En aquellos eventos donde dicho valor estuvo ausente, se perdieron territorio y soberanía, el pueblo resultó lastimado, la economía entró en crisis, y el país tuvo que emprender su recuperación, casi desde cero.

“Actualmente vivimos en una sociedad polarizada políticamente, porque la ideología dominante, que no mayoritaria, se sustenta en corrientes pretendidamente de izquierda, que acumularon durante años un gran resentimiento.

“Hoy tenemos un gobierno que representa aproximadamente a 30 millones de mexicanos, cuya esperanza es el cambio.

“Un cambio que les permita subsanar lo que ellos consideran un déficit del Estado para dicho sector poblacional”.

“Respetando el pacto social, así llamado por el francés Juan Jacobo Rousseau, y respetando nuestra propia normatividad vigente, no podemos soslayar que el hoy titular del Ejecutivo, ha sido empoderado legal y legítimamente.

“Sin embargo, es también una verdad inocultable, que los frágiles mecanismos de contrapeso existentes, han permitido un fortalecimiento del Ejecutivo, que viene propiciando decisiones estratégicas que no han convencido a todos, para decirlo con suavidad.

“Ello nos inquieta, nos ofende eventualmente, pero sobre todo nos preocupa, toda vez que cada uno de los aquí presentes, fuimos formados con valores axiológicos sólidos, que chocan con las formas con que hoy se conduce al país”.

El remate del discurso es de antología. Antes de resaltar que habló “cuidando” sus palabras y tratando de mantenerse “dentro de la disciplina” a la que está obligado, Gaytán Ochoa remató: “¿Quién aquí ignora que el alto mando enfrenta, desde lo institucional, a un grupo de “halcones” que podrían llevar a México al caos y a un verdadero estado fallido?”.

El “verdadero Estado fallido” del general es lo que Zepeda Petterson resume en dos párrafos, también de antología:

“Por ende, la estabilidad social está amenazada por un doble fuego: por un lado, los grupos desprotegidos que, si bien apoyan en lo general al presidente, ya no están dispuestos a esperar para resolver problemas puntuales y buscarán recursos donde puedan encontrarlos. Del otro, por los grupos opositores a López Obrador que se sienten amenazados por sus políticas y lo culpabilizan de todos sus males; de manera creciente intentarán entorpecer su Gobierno o paralizar el efecto de sus estrategias públicas.

“El riesgo es que el resto de la población quede de rehén en esta disputa y termine sintiéndose víctima del caos, de la violencia a flor de piel, de las arbitrariedades por los vacíos de poder. A nadie le gusta pasar por una caseta resguardada por una patrulla de soldados; pero menos aún desea correr el riesgo de que su auto sea rodeado y zarandeado por una decena de encapuchados por carecer del billete que le han solicitado. Puestos a elegir, muchos preferirán los soldados y, peor aún, al político que prometa traerlos para meter en cintura el desorden”.

Jorge Zepeda Patterson, escritor y periodista: “La estabilidad social está amenazada por un doble fuego: Los grupos desprotegidos y los grupos opositores a López Obrador que se sienten amenazados por sus políticas”.

Hasta donde es posible penetrar en el aparente mundo hermético castrense, Gaytán Ochoa no recibió respuesta de inmediato ni en privado por los altos mandos presentes al desayuno, cuyas reflexiones, dijo, comparten con él.

Gaytán Ochoa pudiera ser el personaje “fotogénico e histriónico” que bosquejó Zepeda Petterson, pero sin duda no es el “dispuesto a mover miedos y perjuicios” porque después del discurso que causó expectación desapareció convenientemente, tal vez por convicción propia o porque en privado recibió la recomendación que no puede dejar de atender. Es indudable que sólo representó el papel de mensajero -¿de quién?-, pero el de héroe se lo deja a otros.

TRES EPISODIOS DE LEALTAD

Por origen -“sabe guardar un secreto, mijo, yo también, cabrón”, me dijo alguna ocasión apretando con fuerza la greña de la nunca el general más grande de la historia moderna mexicana, Marcelino García Barragán-, y por otras muchas otras razones, por ejemplo, la amistad y confianza que me dispensaron los secretarios de la Defensa Nacional, Enrique Cervantes Aguirre y Antonio Riviello Bazán, tengo un profundo respeto por las Fuerzas Armadas.

Baste decir que don Marcelino resistió la oferta norteamericana de hacerse del poder en los tiempos más difíciles del presidente Gustavo Díaz Ordaz.

Don Francisco Galindo Ochoa me platicó que Díaz Ordaz buscó presuroso la banda tricolor y la cruzó sobre su pecho cuando supo que el secretario de la Defensa y los altos mandos se habían presentado sin invitación ni previo aviso en Los Pinos. El color volvió al rostro del mandatario cuando apenas lo vieron los jefes de la Fuerza Armada más importante de México, se cuadraron marcialmente ante su comandante supremo. Estaban ahí para refrendarle su lealtad.

El general Riviello Bazán cumplió la orden de Carlos Salinas de no cargar contra el subcomandante Marcos y el Ejército Zapatista cuando tenía todo para acabar con la rebelión de Chiapas, a pesar de saber que el mandatario fue convencido de no terminar el conflicto a sangre y fuego por Manuel Camacho.

Ya en retiro, una tarde, comiendo en IMPACTO, me confesó su agradecimiento con Manuel, con el que profesaba mutua antipatía: “Gracias a él no fuimos (el ex presidente y el ex secretario de la Defensa) acusados de genocidio”.

El general Cervantes a mi pregunta sobre qué haría el Ejército en caso del supuesto empate que tendrían en las urnas Vicente Fox y Francisco Labastida, contestó con un tajante: “no somos el IFE”. Y las Fuerzas Armadas no actuaron de árbitro electoral. Apenas José Woldenberg anunció el triunfo del panista y la salida del PRI de Los Pinos, los soldados mexicanos se cuadraron ante el ganador.

Tres episodios distintos y distantes en el tiempo, pero unidos por una convicción: lealtad al presidente.

EL PRESIDENTE ESTÁ PREOCUPADO

Es cierto, como sentenció el aún secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo, los altos mandos de hoy nada tienen que ver con los del 68, como mis generales García Barragán, Riviello y Cervantes, pero olvida que en el Ejército hay algo llamado “Doctrina” y que de esta mamaron en el Heroico Colegio Militar el general Sandoval y sus subordinados.

Pero a la doctrina militar debemos añadir los movimientos inteligentes del presidente López Obrador para cooptar a los Altos Mandos convirtiéndolos en una gigantesca compañía constructora que no requiere licitar contratos y está metida en todo.

Como si no fuera suficiente, con la Guardia Nacional, en apariencia una fuerza armada civil, pero con mando y elementos militares en su gran mayoría, el presidente tiene cubierto todo el país por partida doble y hasta triple, si incluimos a la Marina Armada de México.

Dicho de otra manera, para tener el poder las Fuerzas Armadas no necesitan sacar de sus entrañas a quien lo busque con el pretexto de salvar al país.

Y por el lado civil no hay a la vista quien pueda conmover y aglutinar a los descontentos.

Los liderazgos que conocimos en el pasado lo fueron porque los mandatarios priistas y panistas delegaron su poder en ellos y no porque lo consiguieran en la calle, como lo hicieron Cuauhtémoc Cárdenas, primero y, después, López Obrador.

Se trató en realidad de liderazgos burocráticos prestados, como es posible comprobarlo hoy en el Congreso de la Unión, en donde al menos hay 4 ex presidentes nacionales del PRI y un secretario de Gobernación, todos con pasado y sin futuro, y con presente sólo cuando se unen a lo que queda del PAN y a Movimiento Ciudadano.

Cuando Gaytán Ochoa sorprendió con el discurso que caló en los radicales (los “halcones”) de la Cuarta Transformación, pero sirvió para afianzar el convencimiento presidencial de ganar la lealtad de las Fuerzas Armadas al precio que fuese, la situación del país no vivía las crisis desencadenadas por el coronavirus, aunque la economía ya iniciaba la caída. Tampoco los “conservadores”, como son llamados con desprecio en Palacio Nacional, empezaban a ganar la calle.

Hoy los movimientos de todo tipo se suceden con alarmante frecuencia para el mandatario, pero además el partido que organizó para llegar a la Presidencia está convulsionado porque las tribus de la Cuarta Trasformación se disputan sin control el presente y se disponen a asaltar el futuro.

López Obrador puede divertirse cuanto quiera con el plantón en el Zócalo que le parece de caricatura, y hasta obsequiar hamacas para que los dueños de los periódicos Reforma, Alejandro Junco, y El Universal, Juan Francisco Ealy, participen abiertamente en las muestras de repudio.

Pero no olvidemos que reírse de la muerte es una de las mil maneras del mexicano de ocultar su temor por la parca.

El presidente está preocupado porque ya se convenció de que no todo el pueblo lo quiere, que algunos no lo querían desde endenantes y otros han empezado a perderle el cariño y se han desilusionado tanto, como le ocurrió y así lo escribió en alguna ocasión el mismo Zepeda Patterson.

Faltan cuatro años a López Obrador para concluir su mandato y aún cuenta con un gran bagaje de popularidad; tiene la lealtad doctrinaria o comprada de las Fuerzas Armadas, puede y debe meter orden en su partido y a los futuristas; debe permitir al secretario de Hacienda, Arturo Herrera, hacer su trabajo, convencer al subsecretario de Salud, Hugo López Gatell, que no es el héroe patrio que se considera, y gobernar para todos.

Sólo así podrá evitarnos el riesgo, que no merecemos, de la irrupción de un personaje histriónico y fotogénico que aproveche el enojo creciente, y que los encabronados caigan en la trampa de cambiar libertad por orden y seguridad.

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