El poder incuestionable

A pesar de eventos desafortunados, por decisiones personales o de sus colaboradores, el Presidente puede intentar cualquier cosa y, aun equivocándose, la población hace como que no se entera e incluso se lo festeja ¿En qué consiste el secreto del crecimiento de su popularidad si en poco más de tres meses ha pasado de todo? Quizá en las palabras mágicas: ‘Me canso, ganso’

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Conforme a las encuestas profesionales la popularidad del Presidente Andrés Manuel López Obrador no ha caído en los primeros 100 días de su gobierno, sino al contrario, va en aumento, al igual que su credibilidad.

Este singular fenómeno se da en un contexto nada fácil para el Mandatario, dada la cantidad de eventos desafortunados causados por algunas de sus decisiones personales, acciones de varios de sus colaboradores o iniciativas de legisladores de su partido, Morena.

En cualquiera de los sexenios anteriores, en especial el más reciente, el de Enrique Peña Nieto, nadie habría perdonado al Presidente el desabasto de gasolina a consecuencia de la guerra contra los “huachicoleros”. Habría sido sepultado en el panteón de las redes sociales.

Ni siquiera imaginar la que se habría armado con la muerte de 130 personas en Tlahuelilpan, Hidalgo, que acudieron a beneficiarse de una toma clandestina y, conforme a la versión oficial, fallecieron eufóricos por la inhalación de los gases del hidrocarburo.

El desabasto de gasolina en varios estados, atribuido al operativo contra el “huachicol”, no alcanzó niveles altos de furia de la ciudadanía.

A manera de comparación, recordemos las consecuencias de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, quienes, conforme a la “verdad histórica” del gobierno anterior, fueron asesinados por narcotraficantes aliados con policías de Iguala y Cocula, mismos que calcinaron sus restos.

Durante meses, las calles de la Ciudad de México y carreteras de algunos lugares del país fueron tomadas por grupos que protestaban y exigían solución; incluso hubo quienes intentaron quemar una puerta del Palacio Nacional. Peña Nieto se vio obligado a recibir a los padres de los jóvenes en la residencia presidencial de Los Pinos.

Hoy ocurren otro tipo de eventos y nada pasa.

La mayor muestra de enojo que hayamos presenciado de un sector exiguo de la población fue una marcha en protesta por la cancelación del aeropuerto en Texcoco que, en otros tiempos, habría sido calificada de “pirrurri”. Hoy ni quién se acuerde del tema; igual pasa con los muertos de Tlahualilpan.

Algunos otros incidentes nada menores, como la propuesta al Senado de personas sin nivel profesional para incorporarse a los organismos autónomos, han servido sólo para llenar columnas políticas, difundir algunos memes ingeniosos y para que la senadora Xóchitl Gálvez se luciera mofándose de ellos y de quien los mandó para su aprobación.

LA CRUZADA FRENÉTICA CONTRA LOS ‘NEOLIBERALES’

En el colmo, los antiguamente aguerridos universitarios ni siquiera se dieron por enterados que por error de una secretaria o de software, despareció la autonomía universitaria en la iniciativa de contrarreforma educativa.

Para remediar la omisión “involuntaria” se prometió una fe de erratas que nunca llegó al Congreso porque la Secretaría de Educación Pública prefirió dejar la chamba a los diputados y senadores.

La trágica muerte de 135 personas en Tlahuelilpan, Hidalgo, tampoco ha generado el más mínimo cuestionamiento al Ejecutivo federal.

El hecho sólo mereció una tímida reacción tardía del rector de la UNAM, Enrique Graue, expresando su confianza en que los legisladores remedien el error de la SEP.

En otro sexenio, la capital de la República y las grandes ciudades del país habrían ardido con la protesta de los universitarios, más aun cuando esto ocurrió a días de la conmemoración de los 50 años del movimiento estudiantil de 1968.

No se trata de ser exhaustivo, sino de resaltar el hecho de que mientras el Presidente batea todos estos temas con base en el estilo impreso en su última campaña electoral, en la que cualquier tema podía evadirse echando mano de la corrupción neoliberal y de su decisión de combatirla hasta suprimirla, la población ni se inquieta ni se acongoja.

Según las encuestas, cree a pie juntillas todo lo que dice en sus cotidianas conferencias de prensa mañaneras.

Se dice, y debe ser cierto, que no hay político en el mundo con su popularidad y credibilidad.

Ambos factores le han permitido entablar una cruzada frenética y sin antecedente para destruir todo lo que huela a lo que llama la era neoliberal de los conservadores.

Los ejemplos más claros son la cancelación del aeropuerto en Texcoco en contra de opiniones técnicas y financieras, y la embestida legislativa contra la Reforma Educativa, de la que el coordinador de los diputados morenos, Mario Delgado, prometió no dejar ni una coma.

No es suficiente explicación que los partidos políticos de oposición sean casi inexistentes, que los grupos de la sociedad civil sólo tengan cierta fuerza mediática acompañada de desarraigo en la población, y que la clase empresarial se doblara apenas recibió la promesa de que la infraestructura será entregada a empresas nacionales, es decir, a ellos.

Están tan felices que un grupo conspicuo, encabezado por los dueños de las televisoras, se ofreció para asesorar con su sabiduría al Presidente. Sin duda esperan que, así como consulta al pueblo sabio para dar a sus decisiones marco popular, sino legal, los consulte a ellos en materia de lo mejor que saben hacer, negocios con el gobierno en turno, sea priista, panista, verde, perredista y ahora moreno.

Manuel Bartlett, director de la CFE. Los costos de la electricidad no bajan, pero tampoco provocan
“cortocircuito” en la gente

ÉRIKA Y RAFAEL, YA NI MURMURACIONES

Tal vez el mayor problema que pudo, pero tampoco melló un ápice su popularidad, sea la muerte de la gobernadora de Puebla, Erika Alonso, y de su esposo Rafael Moreno Valle a causa de la caída del helicóptero en que viajaban.

Como siempre ocurre, nuestros teóricos de la conspiración y los que él llama adversarios, insinuaron en automático que la tragedia fue causada por un atentado, dado que Martha Erika ganó la gubernatura en tribunales al candidato de Morena, Miguel Barbosa.

Sin embargo, más allá de que sólo un mínimo grupo se atrevió a gritar “asesinos” a la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, que acudió al funeral más por amistad con la familia del ex gobernador poblano que porque representase al Presidente, nadie se ha atrevido a relacionar la tragedia con el gobierno federal.

De hecho, la información disponible, no necesariamente la del secretario de Comunicaciones, Javier Jiménez Espriú, indica que fue accidente.

Como lo adelantó IMPACTO, al parecer todo tuvo que ver con una pieza de repuesto adquirida fuera de norma sin que los pasajeros lo supieran. El artefacto, con peso de varios kilos, no ha sido localizado. Es probable que alguien la tomara en el tiempo que la autoridad se tardó en asegurar el área del siniestro alguien. La cuestión es que no aparece. De lo que no hay duda es de su importancia vital en el funcionamiento de la nave.

Las investigaciones prosiguen a gran velocidad; Erika fue identificada por el rubio de su pelo y alguna intervención cosmética, en tanto que la identidad de Rafael fue corroborada por parte de su rostro y la cicatriz de la operación a corazón abierto que hace tiempo le fue practicada.

El único dato fuera de lugar (y corresponde explicarlo al presidente del Tribunal Superior de Justicia de Puebla, Héctor Sánchez) es la entrega de los restos de la pareja a sus familiares en un lapso de 18 horas cuando la ley establece que deben pasar 24 después de la necropsia.

En otras palabras, se ha desvanecido uno de los mayores riesgos políticos que ha enfrentado López Obrador en los primeros 100 días de su gobierno, por la importancia de los protagonistas y por el antecedente de la derrota de Morena en la elección a gobernador y la repetición de los comicios que seguramente ganará el candidato del Presidente.

Nada hay que ligue a su gobierno con el accidente; de hecho, ya no hay ni murmuraciones.

 

¿EL HIJO LAICO AUTÉNTICO DE DIOS?

¿En qué consiste el secreto del crecimiento de la popularidad de Andrés Manuel si en 100 días ha pasado de todo?

No es suficiente explicación el hartazgo de la población de gobiernos panistas y priístas, de que hubiese hecho campaña 18 años por la Presidencia, que recorriera innumerables veces el país, que infatigable lo siga transitando, que acuda una y otra vez a la corrupción para apalear a sus antecesores, a su promesa de destruirlo todo para reconstruirlo, a las consultas al pueblo sabio para cualquier tema, a su discurso de pastor religioso exhortando a todos los mexicanos a portarnos bien, a las agotadoras conferencias de prensa mañaneras, a su vida austera y sin excesos, etcétera.

La explicación supera al reportero porque necesariamente es de psicólogos, sociólogos y politólogos, pero es indudable que algo tiene para mantenerse hasta hoy en los índices que lo sitúan como el más popular de los gobernantes de la Tierra.

Ya hasta me estoy creyendo que, como dice Porfirio Muñoz Ledo, es el hijo laico auténtico de Dios o, por lo menos, un cruzado e iluminado.

Lo único cierto es que puede intentar cualquier cosa y, aun equivocándose, la población hace como que no se entera e incluso se lo festeja.

La prueba máxima quizá venga si la realidad hace buenas las catastróficas profecías de las empresas calificadoras o cuando a alguien, que no será él porque así lo ha prometido y no hay razón para no creerle, se le ocurra reformar la Constitución para que, a diferencia del otro hijo de Dios, el que no era laico, se quede para siempre al frente de los mexicanos.

Por lo pronto, es evidente que está gozando el poder y que no hay tema que lo desvele ni recorrido fatigoso.

Ni siquiera el reclamo de su esposa Beatriz porque el recibo de la luz llegó muy alto, pues Manuel Bartlett aún no ha encontrado la manera de cumplir la promesa de abaratar el consumo.

Y ¿cómo no gozarlo si ya hasta los gobernadores, como el de Aguascalientes, Martín Orozco, prefieren escurrir el bulto para que sus huestes no los llenen de improperios?

Se lo debió prometer a sí mismo con el “me canso ganso”, y lo logró.

 

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