Donde empezó todo…

Multiplicación de la violencia tiene explicaciones obvias en causas externas; falta de medios de sobrevivencia y de expectativas de mejoramiento lastres  

Compartir:

En este trágico mes de noviembre de 2019, que nos sacude en la violencia más cruel a toda la nación, se cumplirán 25 años de otra tragedia política que puede estar en una de las causas  más importantes de lo que ahora se traslada a un drama de dolor humano. La aceptación o condescendencia que hizo Ernesto Zedillo coludido con una parte de los dirigentes del PAN y del  PRI al convertir un fideicomiso privado el Fobaproa (Fondo Bancario de Protección al Ahorro), que había nacido para suavizar la crisis económica, que además estaba afectando a los bancos, en otro mecanismo, dizque de salvación bancaria (IPAB), que convertía en deuda pública todos los recursos que se inyectarían al sector financiero privado, para esconder el fracaso de una política económica de sobreendeudamiento, inflación, devaluación, altas tasas de intereses e inestabilidad; la compulsión por la permanencia en el poder los llevó a comprar la complicidad de los que se hacen pasar por empresarios y sólo son coyotes negociadores que dan apoyo político a cambio del aprovechamiento personal de las crisis nacionales.

La concentración bancaria de De La Madrid y la previa nacionalización de los bancos y financieras de López Portillo, en la locura del precio del barril de petróleo en permanente ascenso, fueron los detonadores de lo que más tarde llevaría a Zedillo a crear otro problema, antes de resolver el que pretendía remediar. No tuvo reparo en cruzar al gobierno como aval-deudor de todo el mal acumulado y generó con ello el acabose de la rapiña de los socios de los bancos que se habían auto prestado para grandes negocios especulativos y depósito de protección devaluatoria en diversos países. Todos ellos con una cauda de deudores pequeños reales, que no pudieron pagar las altas tasas de interés y de recargos moratorios capitalizables; se lavaron de los pasivos de los bancos, para ser absorbidos por el IPAB que al final de cuentas acrecentó la deuda pública nacional.

El propio Instituto para la Protección al Ahorro Bancario se encargaría de retener las garantías detrás de los préstamos bancarios para una supuesta recuperación de los créditos, en abono a la inmensa deuda que había asumido y que, le pagó a los bancos para que no cayeran en números negativos. Los grandes deudores armaron quiebras sin saldos y borraron las garantías existentes. Los pequeños deudores perdieron sus inmuebles hipotecados que remató después el IPAB a precios de ganga para el provecho de cercanos al gobierno como fueron los hijastros de Fox, Bribiesca Sahagún y otros de la misma laya. A la fecha se rebasaron los veinte años que se habían calculado para pagar el subsidio a los bancos y liberar al pueblo de la carga, generándose una deuda de más de diez veces la original por el pago puntual de los intereses a los bancos que pasaron a sus activos la deuda que contrajo por ellos el gobierno para paliar la situación.

Más tarde Salinas reprivatizó la banca con nuevos beneficiarios que habían salido de las casas de Bolsa que no habían sido tocadas y que acumularon fortunas. Éstas sirvieron para apalancar la recompra de bancos a precios irrisorios y con expectativas de rentabilidad espectaculares, porque el gobierno los usaría para financiar su operación que se había quedado sin saldos líquidos en la tesorería. Éste fue el inicio de un nuevo proceso de concentración de riqueza que asociada con el poder público alcanzó proporciones inimaginables. Hoy son los llamados empresarios de mayor magnitud ante los que incluso todavía, se les otorgan condonaciones fiscales y privilegios de todo tipo sin que se vea el menor signo de una política de redistribución del ingreso que no sea la del asistencialismo tan de moda para conseguir afiliaciones políticas.

El pasado mes de septiembre se publicó el saldo de la deuda del IPAB que alcanza un billón 58 mil 567 millones. Se mantiene como activo de los bancos y pasivo de los presupuestos federales que cada año sólo pagan intereses a la tasa vigente del mercado para que las instituciones bancarias los exhiban en sus estados financieros. Nadie percibe el costo catastrófico que se tiene que endilgar a un pueblo que sufre las mayores carencias en el nivel de los países subdesarrollados. Los órganos legislativos al aprobar los presupuestos anuales se pelean por migajas para repartir en 2550 municipios y 32 entidades federales pero nadie voltea a ver que hubo en el origen de toda éste desastre y mucho menos, como acabarlo y hacer justicia restituyendo al pueblo los caudales sustraídos que lo postran en la mayor pobreza.

La multiplicación de la violencia tiene explicaciones obvias en causas externas como son la falta de medios de sobrevivencia y de expectativas de mejoramiento en una economía que se arrastra aumentando su rezago con empleos mal remunerados, pero las cusas internas de la violencia en la psicología social, están en un sustrato de frustración ciudadana que ha visto crecer el número de los archimillonarios sin que pueda hacerse nada para que ello ocurra con cargo a la mayor marginación social. Chile y otros eventos de rebelión social nos demuestran que la desigualdad en los ingresos es la peor enfermedad de una economía porque facilita la mayor amenaza a la estabilidad de un país, estrangula los mercados y castiga inmerecidamente al trabajo, premiando la especulación, corrupción y concentración de riqueza con los resultados de un atrofiamiento paulatino que hoy en México es ya muy obvio.

 

 

Compartir:
Comentario anónimo
Comentar vía Facebook

is loading comments...