Descabezando se hace Patria, la ruta de AMLO

Ya aprendió el estilo de Nemesio Oseguera

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Andrés Manuel López Obrador. Si revienta a los factores de poder en las entidades federativas tiene el campo despejado y las manos libres

Andrés Manuel López Obrador está agrediendo a los liderazgos de todo el país. La idea, como todo en él, es precaria y eficaz; no eficiente. Si revienta a los factores de poder en las entidades federativas tiene el campo despejado y las manos libres.

El tabasqueño ya aprendió el estilo de Nemesio Oseguera; descabezar es, por mucho, más barato que comprar voluntades.

El propósito estriba en que sin resistencias internas, las entidades federativas pueden ser feudalizadas rápidamente por adictos a la 4T, y así se incrementa la velocidad para establecer un modelo autócrata, como el que se anhela en Palacio Nacional.

El gran peligro con la 4T es que, a diferencia del partidazo, al despreciar a los intelectuales, científicos y tecnócratas, hace de lado cualquier análisis objetivo, lo que deja como único sostén de la toma de decisiones a la fuerza bruta y al fanatismo, de ahí que desde el púlpito de cada mañana se tire línea a los que deben contener la resistencia social que se haya desatado por cualquier disidencia presentada en el camino.

Pegarle al feminismo, asumen, es justo porque las mujeres no entienden que se va ganando a la delincuencia; golpear disidentes es justo porque no son personas que piensan diferente, sino que están en contra del cambio; inventar carpetas de investigación es justo porque no se producen chalecos a la medida, sino que se imparte el Estado de derecho.

No es mala la idea del presidente, dada su afición por la historia.

Él ya produjo su primer mártir en el Senado al enviar la indicación de que saliera, “haiga como haiga sido”, su primer borrón a los fideicomisos. Y el mártir, un senador tlaxcalteca, cumplió, literalmente, muriéndose por Covid-19.

Hay numerosos casos en los que se observa la ansiedad por la expoliación de liderazgos por parte de López Obrador. De tantos se exponen unos cuantos ejemplos que permiten entender el afán presidencial por cumplir sus ocurrencias. Se está con la transformación o en contra de ella.

 

Enrique Alfaro (MC)

Hay de estilos a estilos para obligar a la gente a que porte cubrebocas y, ciertamente, es exagerado el de la policía de Ixtlahuacán de los Membrillos, en Jalisco. El pasado 4 de mayo detuvieron a un hombre llamado Giovanni López y terminó muerto.

Pasó poco tiempo para que el asunto ardiera de las calles a las redes sociales y se hiciera un tema nacional e internacional. Pronto se pasó a la violencia urbana entre manifestantes verdaderos contra policías, sin omitir la presencia de agitadores que se encargaron de engordar más el caldo contra el gobernador.

Alfaro acusó recibo del regalito y dijo a la prensa que les habían enviado a esas personas “desde los sótanos del poder de la Ciudad de México”, lo que dio lugar a una profunda reflexión, ya que los golpeadores profesionales se mudaron de oficina y ya no están por Bucareli, sino en la colonia Roma, en Avenida de las Palmas, en Iztacalco e Iztapalapa.

El alcalde de Ixtlahuacán no ayudó mucho. La SEIDO anduvo tras sus pasos por su permisividad hacia el Cártel de Jalisco Nueva Generación, y ahí están las pruebas, como los 20 cuerpos encontrados en un canal pluvial, que, según la fiscalía estatal, algo tiene que ver la guerra entre la organización de Jalisco y el grupo que envió como cuña Ismael Zambada.

Todo lo anterior se ha exacerbado con la presencia de Hugo López-Gatell; Alfaro se ha manifestado en contra de las ocurrencias del lenguaraz burócrata, lo que ha impactado en el ánimo de López Obrador.

Golpear a Alfaro no es atropellar a un gobernador; es pegarle al más serio aspirante a la candidatura presidencial por Movimiento Ciudadano, cuyo propietario, el senador Dante Delgado, cobijó por años a López Obrador, y cuando el tabasqueño fue criticado por el veracruzano lo hizo a un lado y se ha aplicado a ignorarlo metódicamente.

Una cosa es clara, Delgado Rannauro no es “A(m)lito”, el presidente del PRI.

Esto no termina; más bien, apenas empezó y llegará hasta 2024.

 

Francisco García Cabeza de Vaca (PAN)

Una fuente militar contaba una historia al que esto escribe. Había una vez, en una entidad federativa fronteriza, un médico muy respetado que fue labrándose, por mérito propio, una carrera política tan productiva como su servicio a sus pacientes.

Fue secretario de Salud en su estado y pasó también por el DIF, avanzando hacia una diputación federal, para llegar a coordinar a sus pares. Tras una larga trayectoria fue elegido como candidato a gobernador de esa entidad.

Un mal día le mandaron un mensaje de una organización criminal que, entre otras actividades, disputan con un competidor el control de los puntos fronterizos y las aduanas, dado que ahí cobran un impuesto vía agentes aduanales.

El mensaje consistía en que le enviarían un dinero para su campaña a la gubernatura del estado. La fuente asegura que el médico no aceptó la oferta, pero gente de su propio equipo dijo a sus interlocutores criminales que sí lo había aceptado.

Conforme fue avanzando el proceso de campaña, el ya candidato no tenía idea del problema; ese personal que lo aceptó en su nombre nunca se lo dijo y los criminales sólo veían que los acuerdos que iban implícitos no avanzaban; de mecha corta, decidieron ejecutarlo.

Esta historia viene a la memoria por lo que significa Tamaulipas. La cuna del Cártel del Golfo y de Los Zetas, un lugar donde los culpables no existen y los inocentes se esconden. En tal tenor, poner a fabricar indagatorias contra cualquiera adquiere tintes de juego infantil.

Durísimo al principio, García Cabeza de Vaca se movía con fuerza ante el embate federal. Poco a poco fue minando su entusiasmo. La puntilla llegó con la caída de México Libre.

Hoy, las sonrisas abundan y los coloquios son fraternales, aunque se diga que habrá firmeza frente a los ataques de Palacio Nacional.

Como decía un político poblano, “el poder se usa para eso: Para poder”. Y a García Cabeza de Vaca le están “pudiendo” con entera facilidad, aunque se oculte tras la retórica.

 

Claudia Sheinbaum (Morena)

La doctora Sheinbaum se mueve a ratos moderada; a ratos agresiva; salvo sus detractores de costumbre, ha demostrado que sí sabe gobernar, máxime en un caos hecho territorio, llamado Ciudad de México.

Ha tenido que darles cobijo a funcionarios enviados desde distintas tribus de Morena para tener razonablemente controlado el organigrama en el gobierno. Desde las oficinas de López Obrador le enviaron emisarios para recordarle que no se debe manejar sola.

En distintas posiciones le han caído docenas de personajes que responden a los intereses de quienes los enviaron, y no de la física. Desde jefes de departamento, pasando por directores, directores generales y hasta secretarios, le cayeron a Sheinbaum, muchos de ellos sin otra capacidad que ser adictos al presidente.

La lista de estos personajes ocuparía la edición entera de esta revista si se pasa del gobierno central a las estructuras de buena parte de las demarcaciones de la capital.

Por ello es entendible que Sheinbaum haya generado una especie de burbuja con la que opera los temas relevantes para ella, y desde ahí se dispersan las indicaciones para cada dependencia.

Más allá de sus despropósitos moviendo cajas inverosímiles junto a ex compañeros suyos del PRD para entregar las “evidencias de la corrupción del PAN”, Sheinbaum mutó, velozmente, a gobernante y tuvo un acierto al rodearse en su burbuja con expertos que venían de la academia y centros de investigación.

Los resultados de ese sellamiento se han visto en la pandemia; el sistema de información que se maneja en este asunto por parte de Sheinbaum, prácticamente, no lo tiene otra entidad federativa, además de que ella sí les hace caso a los expertos.

La insolencia de Sheinbaum de mandar a freír espárragos a Hugo López-Gatell ha tenido costos. Empero, ahí va la gestión capitalina, sin omitir un rumor de risa loca. El epidemiólogo ya ha deslizado que si no se puede obtener la candidatura presidencial aceptaría, aunque sea, la de jefe de Gobierno.

Falta mucho para que se cocine la candidatura a la Presidencia de la República por parte de Morena, partiendo de la base de que siga existiendo tal organización, ya que su final será idéntico al del PRD, canibalizado.

 

Javier Corral (PAN)

“No hay buena relación con Javier Corral porque nos ha ofendido”. Semejante afirmación no sólo encierra un cambio de puesto de Andrés Manuel López Obrador, de presidente a líder religioso; quien sabe, el uso del acusativo “nos” en lugar del “me” da material que deberán revisar los especialistas en ciencias de la conducta.

El conflicto por el agua en Chihuahua se maximizó cuando, en septiembre, un contingente de agricultores trató de impedir la extracción del líquido de la presa La Boquilla y se enfrentó con elementos de la Guardia Nacional, todo enmarcado en el pago a Estados Unidos establecido en un tratado de 1944.

Son tumulto las organizaciones y universidades que han dicho dos cosas sobre el tema. La primera es que hay docenas de políticos que tienen intereses en el agua de Chihuahua y que el saqueo por parte de ellos es de millones de litros; la segunda es que no se ha respetado el clausulado del tratado en el tipo de agua que debe usarse para cubrir el pago.

Ex gobernadores, parlamentarios y empresarios con la delincuencia organizada tienen la capacidad para desviar el agua de las reservas en aquella entidad. Que el estado no lo quiera ni siquiera investigar y opte por acusar a los verdaderos afectados como si fueran los culpables es una decisión típica de López Obrador; poniendo por encima de los intereses nacionales los de su supuesto amigo Donald Trump, quien, obsequioso, le detiene personajes relevantes para lucirlos y luego liberarlos, el presidente está convencido de que está haciendo lo correcto en Chihuahua, pero se equivoca.

Sus ocurrencias están generando un efecto de contagio entre innumerables chihuahuenses que no están peleándose por “un tema de miles de millones de pesos”, como suele simplificar López Obrador; ese contagio está generando consecuencias impredecibles en términos de la relación entre Federación y estado, considerando agravios que otras administraciones federales han ido generando hacia esa entidad.

 

José Ignacio Peralta (PRI)

Al gobernador José Ignacio Peralta y a los colimenses les va a impactar en serio el recorte superior al 8 por ciento en términos de recursos provenientes de la Federación para 2021. El asunto hace arquear las cejas; apenas se identifican algunos factores en semejante decisión, a todas luces miope.

El recorte orillará, en automático, a que el Ejecutivo estatal tenga que pensar en una de dos posibilidades para hacerse de más recursos; la primera es que suba los impuestos estatales y municipales, lo que no sólo lo haría severamente impopular, sino ineficiente, porque la gente no tiene dinero para pagar más impuestos, por el Covid-19.

Por supuesto, el Covid-19 fue manejado desastrosamente por el gobierno federal y Colima no puede sustraerse de esa condición. La segunda posibilidad para conseguir más recursos es acudir a algún intermediario que ayude a que el grifo presupuestal se abra un poco más, lo que trae encima un sinnúmero de consecuencias, en las que sobresalen tres:

La primera es que el facilitador de los recursos para Colima le cobre el favor al gobernador en los procesos electorales, haciendo que el PRI estatal termine operando para Morena, sin importar los puestos de elección popular que estén en juego.

La segunda es que los diputados y senadores colimenses por el PRI tendrían que trabajar sincronizadamente con Morena en ciertas votaciones a iniciativas de ley que sean de particular interés para López Obrador.

Y la tercera es que Colima termine como campo de experimentación de cuanta ocurrencia llegue de la capital del país en materia de seguridad, exacerbando aún más la violencia que se vive en aquella entidad.

Pocos analistas se atreverían a contradecir la afirmación de que el Cártel de Jalisco Nueva Generación es el amo y señor en Manzanillo por los intereses que tiene en tres ámbitos. La recepción de cargamentos con precursores para narcóticos; la exportación de drogas hacia otras naciones y el cobro de “impuestos” a grupos delictivos que reciben o envían sus respectivos cargamentos.

El punto es que si se combina la falta de recursos federales para Colima con la sumisión para conseguir lo faltante, los colimenses quedarían sujetos a la buena voluntad y la capacidad que tenga la Guardia Nacional para controlar el avance del CJNG.

No deja de ser curioso cómo los jaliscienses avanzan por el país conforme las ideas del gobierno federal se encargan de expoliar los pocos o muchos recursos estatales para contener a la organización de Jalisco.

Por supuesto, queda una especulación mayor, que el Cártel de Sinaloa quiera unir fuerzas con grupos criminales más pequeños para intentar la hombrada de arrebatarle Manzanilla al CJNG aprovechando el entuerto que la Federación ha creado en Colima.

La peor parte es que el escenario de Colima puede reproducirse, con entera facilidad, en otras entidades federativas.

 

Las consecuencias del descabezamiento

1.- López Obrador abomina al federalismo; al final de cuentas, el populismo con el que se mueve no puede funcionar si hay liderazgos regionales robustos que se atrevan a pensar diferente. De cortísima memoria, el presidente olvida que él no fue perseguido en serio por el partidazo; él está muy lejos de Herberto Castillo, por ejemplo.

El federalismo fortalece a los municipios y estados, de tal suerte que puedan tomar sus propias decisiones respetando al pacto federal, sin embargo, a juzgar por los despropósitos recientes, los estados deben ser súbditos de un caudillo.

Si a lo anterior se la condimenta con diputados y senadores carentes de toda experiencia real en el servicio público y sin peso para tener opinión propia, no hay un saludable y necesario contrapeso para frenar los excesos y estulticias de otros Poderes.

2.- En una situación que daría risa de no ser tan grave, López Obrador viaja a los estados para ridiculizar, agredir y descalificar a sus anfitriones, en la misma lógica del vasallaje. Hay priístas y panistas que, vergonzosamente, han aceptado el juego y le siguen sus ocurrencias.

De los de Morena ni caso tiene hablar; se han visto hasta ediciones en Tik Tok de gobernadores de dicho partido que se dejan sobajar por el presidente y le dedican toda clase de cariñosas lisonjas para posteriormente recibir su pago: De todos modos, ser víctima de una avalancha de recortes en el Presupuesto de Egresos de la Federación 2021.

En lo único que sí se concede que la práctica de la lambisconería funciona para los gobernadores de Morena, excepto con Claudia Sheinbaum, es con Hugo López-Gatell; si se aplican lo suficiente, los gobernadores pueden recibir una palmadita en el hombro por parte del muy serio aspirante a la precandidatura a la Presidencia de la República.

3.- En algunos estados de la República ya se ha visto lo que ocurre cuando llega un liderazgo ya ni siquiera autoritario, sino despótico a la Casa de Gobierno. Expolia a la clase política local y a unos pocos los compra para hacerlos sus operadores.

Semejante decisión trae consigo dos consecuencias de la mayor gravedad. La primera se inscribe en el ámbito de la gobernabilidad. Si los liderazgos regionales desaparecen, la sociedad y el gobierno se quedan sin interlocutores, por lo que cualquiera puede llegar a sucederlos, incluyendo a la delincuencia organizada.

La segunda consecuencia es que esa falta de liderazgos será resanada con personajes llegados de otras entidades federativas, pero afines al presidente, intentando tomar decisiones en un territorio al que desconocen por completo, haciendo que ese lugar retroceda en el tiempo en lo que los fuereños intentan descifrar lo que ocurre adonde llegaron.

A nivel macro, ambas consecuencias ya están ocurriendo en el gobierno federal. A funciones delicadas han llegado “activistas”, “buenas personas que empezaron humildemente”, “sin experiencia, pero incorruptos”, que ha creado un caos en donde dicen dirigir.

Literalmente, México ya conoció a vendedores de aguas frescas y de celulares tomando decisiones críticas para docenas de millones de personas. Y en el caso de los gobernadores analizados existe una gama variopinta que no cabe en la misma urna; no todos son Sheinbaum o Alfaro, pero confirman la ansiedad por el control de los liderazgos estatales.

Detrás de esas ocurrencias temerarias hay otras tantas que señalan el camino de eliminar visiones independientes que pudieran estorbar a un sueño poblano anhelado: El Maximato.

 

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Facebook: Fernando Alberto Crisanto

 

 

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