Ciudad de México: el laboratorio de alto impacto

El reto para contener el avance de las organizaciones delictivas es enorme y se requiere de un esfuerzo conjunto

Compartir:
Omar García Harfuch, Santiago Nieto y la Procuraduría capitalina se están aplicando al reto en la Capital mexicana contra la delincuencia, pero falta.

> El CJNG está adquiriendo fuerza en la capital, mediante el asociacionismo con un tumulto de grupos criminales que conocen muy bien a distintas demarcaciones. Ese “know how” es invaluable para Nemesio Oseguera

EL CAOS TAMBIÉN TIENE PASADO

Más allá de las sabias enseñanzas del patafísico universal Alfonso Durazo y de la mitomanía del doctor Miguel Ángel Mancera, en el sentido que los cárteles en la Ciudad de México no existían, el reto para contener el avance de las organizaciones delictivas es enorme y se requiere de un esfuerzo conjunto.

Si bien es cierto que la Procuraduría General de Justicia y la Secretaría que lidera Omar García Harfuch están aplicándose al reto y ahora hay que contar en esa alianza a Santiago Nieto con la inmovilización de fortunas amasadas por una confederación de criminales, hay que aplicarse aún más.

El tono peticionario no se aplica a una mera exposición de buenos motivos: se da en función que CJNG está adquiriendo fuerza en la capital, mediante el asociacionismo con un tumulto de grupos criminales que conocen muy bien a distintas demarcaciones y ese “know how” es invaluable para Nemesio Oseguera.

Dice Karl Haushofer que quien controla el centro controla a la periferia; en el caso barroco de México, es justamente al revés: desde Baja California, Sinaloa, Tamaulipas, Jalisco y Guerrero, vienen presionando a la capital.

Si CJNG toma a la Ciudad de México, se acabó el juego. Y si alguien cree que exagero, hay otro delito avanzando: huachicol en Azcapotzalco. Si el robo de combustible se da en un territorio que tiene el mayor número de agentes de inteligencia, policías, marinos, militares y federales en todo el país, el mejor truco del diablo es convencer de su inexistencia.

Los grupos dominantes en la capital son unos cuantos: Unión Tepito y CJNG con actividades en once alcaldías y siete, respectivamente. Apenas debajo, con cinco demarcaciones, les siguen “Los Molina”, “Los Rodolfos”, “Cartel de Tláhuac” y Lenin Canchola.

Empero, si se analiza a cada grupo se encontrará el ADN de dos cárteles: Sinaloa y Golfo (en el entendido que de éste, nacieron los Zetas). De la organización del Pacífico nació un hijo no deseado (CJNG) y una sucesión interminable de herederos que terminó con Óscar Osvaldo García Montoya y de éste, se incubaron los fundadores de Tláhuac y “Los Rodolfos”.

En otras palabras: descabezar un grupo criminal no tiene eficiencia alguna, porque alguien será el sucesor y continuará el trabajo. Y si en el descabezamiento algunos de sus colaboradores deciden emprender su propio proyecto, empezarán otros problemas, como sucedió con “Los Rodolfos” y Lenin Canchola, por citar dos ejemplos.

Empero, siguen las escisiones y proyectos independientes: ahí está el caso de Juan Carlos Maldonado Amador, “Juan Balta”, minorista de narcóticos para la Unión Tepito, particularmente en Iztacalco e Iztapalapa. Pero en sentido contrario están los asociados, como “Paco Pacas”, de la Familia Michoacana o más puntualmente, de Johnny Hurtado.

En la actualidad, los narcomenudistas en la Ciudad de México no son esos hombres ventrudos y de ojos enrojecidos que ofrecían un gramo de cocaína en el baño del restaurante: se cuentan por miles y funcionan como halcones. Son un ejército silente que da cuenta de todo lo que ocurre en la ciudad, 24/7.

Si a los narcomenudistas se les agrega el tumulto de colaboradores de todos los cárteles, clanes y pandillas, incluyendo personas que viven en la calle, centroamericanos que hacen lo propio e indígenas que piden monedas, pero también halconean, sin olvidar a niños que cobran el derecho de piso, el crimen organizado tiene su propio C5, menos tecnificado pero igualmente eficiente.

Una revisión al “Quién es Quién” en el mundo criminal de la Ciudad de México puede dar una idea de la amenaza: justamente como el dealer enjoyado de los setenta, las grandes mentes delictivas son cosa del pasado; lo de hoy es la fuerza bruta, la estridencia y la ausencia de reglas que en algún momento dieron estabilidad territorial.

La oquedad cognitiva actual de “no robar, no mentir, no traicionar” que se expende en bolsas de papel estraza, no significa nada frente a la frase que todos respetaron por décadas en el mundo criminal: “la familia es sagrada”.

Los primeros en dinamitar esa frase fueron los Zetas cuando hicieron su presentación en Tamaulipas y de ahí, solo hubo un límite para arrasar con cualquier prurito moral: la imaginación del psicópata al mando de un cártel.

LA SECCIÓN AMARILLA DE LOS MALOS

Revisando el mapamundi de la delincuencia de alto impacto en la Ciudad de México, puede identificarse el reto y la agresividad de los concursantes, quienes pueden optar por irse fusionando entre ellos o crear un sindicato criminal capitalino: el que avisa no es traidor.

Unión Tepito

Opera en: Álvaro Obregón, Azcapotzalco, Benito Juárez, Coyoacán, Cuauhtémoc, Gustavo A. Madero, Iztacalco, Magdalena Contreras, Miguel Hidalgo, Tlalpan y Venustiano Carranza.

No hay que olvidar que el ADN Zeta (vía Ricardo López Castillo, “El Moco” y Omar Romero, “El Colosio”) se encuentra en la organización cofundada por Francisco Hernández Gómez, “Pancho Cayagua” y su hermano Armando.

CJNG

Con actividades en: Álvaro Obregón, Benito Juárez, Cuajimalpa, Cuauhtémoc, Gustavo A. Madero, Iztapalapa y Tlalpan. Por el momento, son contras de la Unión Tepito y se alió con el grupo Anti Unión. Ya sea empleando el miedo, la complicidad o ambas, está trabajando para fusionar a la mayor cantidad de pandillas de alto impacto que sea posible.

Cártel de Tláhuac

Opera en: Tláhuac, Iztapalapa, Milpa Alta, Tlalpan, Xochimilco. Este grupo fue fundado por Felipe de Jesús Pérez “El Ojos”, quien trabajaba con Óscar Oswaldo García “La Mano con Ojos”. A la muerte de Pérez Luna y la detención en 2018 de Uriel Guzmán “El Cochi”, los hijos de éste vendrían a ser la tercera generación de sus dirigentes.

Los Bangladesh

Originalmente trabajaron para la Unión Tepito; posteriormente, fueron adueñándose de Coyoacán y tienen actividad en el estado de Morelos. Poseen alianzas con grupos focalizados, particularmente en Iztapalapa y están creciendo a pasos agigantados, tanto como sus altares que demuestran una obviedad: el clavo ardiente de la fe es la catapulta del optimismo.

Lenin Canchola

Opera en: Álvaro Obregón, Benito Juárez, Magdalena Contreras, Miguel Hidalgo, Tlalpan.

Esta organización es dirigida por Lenin Jonathan Canchola, escindido de la Unión Tepito y es uno de los delincuentes más agresivos en la Ciudad de México, además de poseer informantes en demarcaciones y corporaciones policiacas.

Los “Rodolfos”

Rodolfo Rodríguez Morales, un discípulo de Felipe de Jesús Pérez Luna, tiene dividido el mando con sus hermanos. Señor feudal del barrio de San Diego en Xochimilco y con oficinas en Santa Cruz Acalpixca, tras la ejecución del joven universitario Norberto Ronquillo, se convirtió en un apestado en el mundo criminal, porque atrapó la atención del gran público.

LOS QUE VIENEN EMPUJANDO

En el entendido que varios de estos grupos operan en distintas demarcaciones, se apuntan en donde se considera que son sus bastiones: en Álvaro Obregón: “Los espárragos” y “El Maestrín”; Azcapotzalco: “Juan Balta”; Benito Juárez: “Los Bengala”, asociados con la Unión Tepito; Coyoacán: “Los Guerrero”, “Los Mitzuru” (asociado con CJNG)”, y “Los Molina”; Cuajimalpa: “El Chepe”; Cuauhtémoc: “Fabian R88”; Gustavo A. Madero: “Los Rojos”, “La Cruz”, “Los Chilas” y “Los Rudos”; Iztacalco: “Paco Pacas”.

Iztapalapa: “Los Tanzanios”, “El Richis”, “Güero Fresa” y “Los Oaxaca”; Magdalena Contreras: “Tercera Acción Destructiva”; Miguel Hidalgo: “El Balín”, “El Robert” y “El Nopa”; Milpa Alta: “Tláhuac-Barbas”; Tláhuac: “Sindicato Libertad”.

Tlalpan: “Los Negros”, “Los Papayos”, “Los Macedo”, “El H”, “Los Changos”; Venustiano Carranza: “El Pechugas”, “El Patines” y, en Xochimilco: “Los Estúpidos”, con sede en San Mateo Xalpa.

EL SINDICATO CAPITALINO

La prospectiva es sencilla: producir un gran sindicato criminal en la Ciudad de México que acote los movimientos de cualquier otro grupo delictivo. Según dice la experiencia, hay dos formas de producir un cártel en México: una, es fusionando pandillas y otra, que una pandilla en especial crezca exponencialmente.

Para que una pandilla se agigante, necesita de un gobierno que no solo lo permita, sino que descaradamente le apoye, justamente como se hizo hace décadas con el Cártel del Golfo, que recibió toda clase de beneficios para hacerse un corporativo que ha sobrevivido hasta la fecha.

Alguien podría decir que eso está ocurriendo justamente con Andrés Manuel López Obrador y el cártel de Sinaloa, pero lo descarto por una obviedad: la organización de Culiacán es un emporio que posee negocios en cincuenta países, sin omitir que su patrocinador requiere valor para apoyar a un cártel y la evidencia empírica sugiere que la bravura no abunda en los espacios pasillos de Palacio.

Por otra parte, debo ser mesurado en mis comentarios: tras la dolorosa caída de Donald Trump, hay que respetar el duelo por aquel al que se amó con embeleso y, además, hay que dejar que las entendederas tropicales entiendan la que se le viene encima por no haberle echado un lazo a Joseph Biden, quien, para colmo, odia al hidrocarburo y adora las energías sustentables.

Regresando al tema, la fusión de pandillas es la especialidad de CJNG y Nemesio Oseguera ha demostrado ser un verdadero experto en negociación, que hace parecer a Gonzalo N. Santos como un místico franciscano: no ofrece dinero, sino preservar la vida.

Nemesio Oseguera, líder del CJNG. Su especialidad es la fusión de pandillas.

Oseguera no cabe en la bobada de peluquería de “Copelas o cuello”: llevaría cientos de cuartillas el recopilar todos los casos en los que el antiguo policía ha enviado a sus leales a un municipio y se reúnen con jefes policiacos, así como delincuentes que conocen la zona, para invitarlos a participar en su proyecto criminal.

Oseguera se presenta y avisa que ya llegó, sin importarle gran cosa si a sus atribulados anfitriones les parece buena idea. Decía un gobernador de horca y cuchillo: “por las buenas, bien; por las malas, mejor”; por ahí anda la idea.

El que docenas de pandillas capitalinas se unifiquen en torno a un proyecto criminal, es un tema que se alcanza a ver en las calles y en los mapamundis delictivos. Viene 2021 y con ello un reacomodo político-fáctico.

Compartir:
Comentario anónimo
Comentar vía Facebook

is loading comments...