Cien mil muertos por Covid-19: Tragedia, fracaso y lecciones

¿En verdad esto de la pandemia nos cayó como anillo al dedo?; magnitud del desastre muestra una evidente incompetencia de las autoridades sanitarias del país y de su responsable político  

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México superó las 100 mil muertes por Covid-19, y los más de un millón de contagios en nueve meses de pandemia; es una tragedia histórica para el país, una huella indeleble de dolor, de frustración, de enojo, de miedo, para todos quienes de una u otra forma lo hemos padecido, sea por la muerte de seres queridos o la desazón de tener familiares o amigos enfermos sea en un hospital, o, en su caso, de quienes sufren las consecuencias del confinamiento; es una historia de dolor para nuestro país y para el mundo en general.

Todos y cada uno de nosotros podemos contar historias heroicas y de dolor; nadie se ha escapado de esta tragedia; días de preocupación y noches sin poder conciliar el sueño, de no tener respuestas cuando mi hijo me pregunta ¿tú no te vas a morir de coronavirus, verdad? Quisiera pensar que no, le digo; en su pensamiento ronda la preocupación por el contagio y el futuro de los abuelos; no sé qué más decirle, salvo que tenemos que seguir cuidándonos.

No hay precedente, en nuestro país, de un suceso en materia de salud que haya matado a tanta gente en tan poco tiempo; es verdad que la llegada del coronavirus fue algo inesperado, con una insuficiente preparación estructural para hacerle frente y con un escaso conocimiento técnico en la materia para tomar las medidas conducentes, pero también es verdad que la magnitud del desastre muestra una evidente incompetencia de las autoridades sanitarias del país y del responsable político de esa autoridades.

Las consecuencias de la pandemia, hasta este momento, son el primer gran fracaso como gobierno de la administración de López Obrador. Lo demeritaron de inicio; menospreciaron el uso de la ciencia para la definición de su estrategia; desoyeron la experiencia y las recomendaciones de los expertos; se negaron a las necesarias y respectivas correcciones de marcha y procedimiento, y prefirieron negar la realidad de los hechos. La radicalidad del pensamiento obradorista impide el reconocimiento de los errores porque eso implica la claudicación de sus valores y principios; se negó, por tanto, al aprendizaje de la pandemia.

Uno de los errores fundamentales del gobierno de la 4T es todo verlo bajo el prisma de la lucha de poder político y del conflicto; para el gobierno todo es complot; su complejo de oposición lo tiene siempre a la defensiva; no se permite el error porque eso es motivo para su debilidad y, por tanto, para la crítica; prefieren mentir, negar la realidad y, de plano, amenazar o intimidar antes que reconocer su propia incapacidad y poder, por tanto, rectificar.

Sin quererlo, y mucho menos proponérselo, hoy, los muertos del Covid-19 son los muertos de la 4T, con todo lo que ello significa. Son los muertos de su negligencia, de su soberbia, de su limitado conocimiento especializado; de su cerrazón para aceptar el pensamiento diferente; de su rechazo a la burocracia especializada; de su obsesión por querer gastar menos; de su irracional negativa por usar el cubreboca como medio preventivo para el contagio.

Los fantasmas, las obsesiones y la obtusa ideologización de la política pública del gobierno de la 4T son sus compañeras de viaje del estrepitoso fracaso que ha sido enfrentar la peor pandemia en un siglo; simplemente no han sido dignos gobernantes en el momento en que más se necesitaba un gobierno diligente, responsable y solidario. Lo suyo es claro; no es ser gobierno; su papel histórico se reduce al vociferante reclamo permanente de la injusticia, sin la capacidad para resolverla; ni siquiera son capaces para condolerse; su soberbia les niega el mínimo sentido de la humanidad y la sensibilidad.

Su frase que pasará a la historia como emblema de su irrealidad e insensibilidad en plena tragedia será: Nos cayó esto de la pandemia como anillo al dedo. Quién lo iba de decir; el gobierno menos solidario con su pueblo es quien se hizo gobierno con su personificación como bandera. Vaya trágica ironía.

Sin embargo, habrá lecciones para todos en este trágico episodio nacional y mundial post pandémico: La tecnología llegó para quedarse; nuestra vida es y estará regida por el uso inteligente y sensato de la digitalización; todos los rubros sociales estarán regidos por el uso de la tecnología: La salud, la seguridad, la comunicación; el desarrollo productivo; absolutamente en todos los confines de nuestra interrelación social y personal estará, de por medio, el uso de la tecnología.

Mis hijos, que no superan los cinco años, desde que amanece y hasta que se duermen, cohabitan con la tecnología digital; pelean por el control de mi celular; usan mi iPad, encienden la tele para ver Netflix o Amazon, e incluso le piden a Santa su mail para mandarle la carta. Son otros tiempos.

La política de salud de todo el mundo deberá estar entre las principales prioridades mundiales; la pandemia nos hizo ver lo cerca que estamos unos de otros; no importan las fronteras territoriales ni la raza, ni la religión, ni el sexo, ni las edades; la pandemia nos unificó en nuestras debilidades como raza humana. Protegernos frente a las pandemias será una tarea global de inmediata de atención.

Muchas lecciones nos ha dejado esta tragedia: para bien y para mal, habremos de actuar en consecuencia en cada una de ellas y estar preparados de los peligros que representa el infortunio. Debemos demostrar que de esto hemos aprendido.

Y, por vía de mientras, a cuidarse, que esto aún no se acaba.

 

 

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