Bastaría a Calderón pedir perdón a AMLO

Por humillarlo con una derrota que se resolvió en la madrugada del domingo 2 de julio de 2006. Pero también prometer que no lo hará una segunda vez

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En el acoso de la corte de Palacio Nacional contra Felipe Calderón todo tiene que ver con el “robo” de la Presidencia en 2006.

> Es un hecho que, 18 años después, López Obrador no digiere aún que aquel que parecía derrotado de antemano lo alcanzara en el último minuto y le ganase por décimas: 35.19 por ciento de los votos contra 35.29

Culpa es de Felipe Calderón y no del presidente López Obrador que el Poder Judicial de la Federación, en su acepción de Suprema Corte de Justicia de la Nación o Tribunal Federal Electoral, sin pudor haga todo tipo de piruetas con tal de evitar que el ex mandatario le propine una segunda derrota y se convierta en contrapeso de la Cuarta Transformación.

Además, Felipe es culpable de que la Suprema Corte de Justicia de la Nación recurra al lenguaje cantinflesco para justificar que se lleve a consulta popular el enjuiciamiento o absolución de actores políticos del pasado, sean ex presidentes o porteros de cualquier dependencia.

Todo tiene que ver con el “robo” de la Presidencia en 2006.

Calderón debería tener un poco de consideración al Poder Judicial de la Federación y ahorrarle recurrir de nueva cuenta a la impudicia mostrada con sus marometas para dar gusto al presidente en la renovación de la dirigencia de su propio partido, Morena.

Bien sabe Felipe que la consigna es evitar a toda costa o con cualquier pretexto el registro del Partido México Libre o someterlo a juicio penal y quema en la plaza pública por el caso de Odebrecht-Breskam-Indesa-Etileno XXI.

Para ahorrar a nuestros jueces supremos una exhibición más de sometimiento al Poder Ejecutivo Federal quizás bastaría con que el ex mandatario “espurio” se presentara en una conferencia mañanera a pedir perdón a López Obrador por humillarlo con una derrota que se resolvió en la madrugada del domingo 2 de julio de 2006 cuando minuto a minuto el entonces candidato del PRD veía con desesperación al panista conseguir el milagro de empatarlo y superarlo por una nariz en el conteo del IFE.

Desde luego, Felipe tendría que prepararse para recibir, antes del perdón, una filípica similar a las que soportamos quienes seguimos mañana a mañana la conferencia de prensa que tanto enorgullece a López Obrador.

La del viernes es claro ejemplo: En el sexenio de Calderón: …había un ambiente… de mucha represión, de mucho autoritarismo, de querer resolver los problemas con el uso de la fuerza; era el diente por diente, ojo por ojo. Era eliminar, masacrar, pensando que con eso se iba a resolver el problema. Bueno, por eso fue que declararon la guerra.

En la “mañanera” del viernes pasado, López Obrador recetó al ex presidente panista otra andanada de reclamos.

“Imagínense, enfrentar un problema que tiene como origen la desigualdad social, la pobreza, la desintegración de las familias, la pérdida de valores, querer enfrentarlo con mano dura, con represión, sometiendo. Pues es una mentalidad muy autoritaria y no quiero decir lo otro, o diría en extremo autoritaria”.

La verdad, quizás el castigo verbal sería más despiadado que el par de párrafos precedentes. La filípica del viernes fue un tanto tersa porque no incluyó a Genaro García Luna y lo que tenga que decir en la Corte que lo juzga en Nueva York o lo que pronto dirá Santiago Nieto sobre Odebrecht-Braskem-Idesa-Etileno XXI en la mañanera si su jefe le ordena asistir a revelar lo que sabe, eso sí, sin dañar la presunción de inocencia.

Es un hecho que, 18 años después, López Obrador no digiere aún que aquel que parecía derrotado de antemano lo alcanzara en el último minuto y le ganase por décimas: 35.19 por ciento de los votos contra 35.29, y que ahora organice con su esposa Margarita un partido político que aspira a ocupar el vacío que dejó la oposición partidista.

De ninguna manera el presidente está dispuesto a que su vencedor le dispute el poder en 2021 y por ello ejercerá toda la presión que se requiere sobre el Poder Judicial de la Federación -ya está demostrado que no se necesita mucha- para impedirle participar con sus seguidores en las elecciones de 2021.

La peor vergüenza que podría sufrir López Obrador es que su rival odiado se convierta en factor de poder en los tres últimos años de su gobierno que considera definitivos para cimentar la Cuarta Transformación.

OJO POR OJO, DIENTE POR DIENTE

Pero sobre las cuestiones ideológicas y políticas, privan las personales. Calderón lo humilló, pretende hacerlo de nueva cuenta, y en consecuencia debe sufrir la Ley del Talión: ojo por ojo, diente por diente.

Por ello, si no logra anular las pretensiones de México Libre de convertirse en partido político, ahí está la Fiscalía General de la República con la denuncia de Emilio Lozoya sobre los sobornos de Odebrecht que no se registraron exclusivamente en el sexenio de Enrique Peña Nieto, sino que vienen de un poco más atrás, del sexenio de Calderón.

Suficiente como para mantener quieto al ex presidente, al menos mientras dure el proceso electoral, que al final de cuentas es probable que el desquite de López Obrador sobre Calderón no aspire a más, por ejemplo, meterlo en una celda.

También lo es que a esta estrategia responda la dilación de la Fiscalía General de la República en airear los casos en torno al ex director de Pemex. El plan sería resolver primero el futuro legal de México Libre y después la responsabilidad penal de Calderón y su grupo sexenal, que no debe confundirse con los sobornos a los senadores panistas en el sexenio de Enrique Peña Nieto.

A esto se reduce la campaña mediática para convencer a la opinión pública que intereses familiares y profesionales de la familia Calderón, tejidos en torno a Roberto Gil Zuarth, quien fue secretario particular del ex presidente, han operado en el Tribunal Federal Electoral del Poder Judicial de la Federación para dar paso a México Libre.

Roberto Gil Zuarth, ex secretario particular

Aceptándolo sin conceder, es evidente que la corte de Palacio Nacional opera para hacer trampa al partido de Margarita Zavala, como ya lo hizo con las maromas de las encuestas para la sucesión de Ramírez Cuéllar en Morena.

Pero insisto, quizás no sea necesario que Calderón sufra la humillación de comparecer en el tribunal de la Santa Inquisición de la mañanera. Podría bastarle con un video pidiendo perdón por ganarle en una ocasión y prometer que no lo hará una segunda vez.

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