MÉXICO, UN SARCÓFAGO: 50,000 MUERTOS Y 500,000 CASOS

En 5 meses, ante la pandemia de Covid-19, el país ha ido transitando, lentamente, hacia lo que el mismo Hugo López-Gatell predijo, “un escenario catastrófico”

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Mientras el doctor Hugo López-Gatell afirma que cada día se desocupan más camas de hospital para atender a paciente de Covid-19, lo cierto es que los muertos cada día aumentan más.

> Aunque la propia Secretaría de Salud minimice las escalofriantes cifras, los mexicanos (sabios y no sabios) ya cuestionan la despreciativa estrategia

> “Yo les confieso que hace un mes y medio (28 de marzo) que estaba en Baja California, en Tijuana, recibí un informe en el sentido de que teníamos que tomar decisiones con urgencia porque podíamos ser rebasados, y a partir de ahí se le empezó a llamar a la gente”: López Obrador, 12 de mayo, Palacio Nacional

Antes que un recuento de victoria sobre la epidemia de Covid-19 en México, cuando este tormento termine, si termina, no se podrá contar otra cosa diferente a una novela negra o de terror.

Hacia esa narración nos ha llevado, paso a paso, con esquemas cambiantes, trazos, líneas y demás elementos, con los que ha intentado enderezar una y otra vez su cuestionable estrategia el doctor Hugo López-Gatell, subsecretario de Salud.

Desde el jueves pasado, México toma notoriamente la forma de un gigantesco sarcófago que refleja, diga lo que diga el subsecretario, y explique lo que explique, que a pesar de sus conocimientos en cuestión de epidemiología, los números (sumas, restas, multiplicaciones) no le salieron.

La excelente fotografía lograda por Gustavo Graf Maldonado, fotógrafo de la agencia Reuters, y que ilustra la portada de esta edición de IMPACTO, La Revista detalla un momento que desde hace ya casi medio año es cotidiano.

Inamovible para el Presidente Andrés Manuel López Obrador, no como el indicado salvador de la población ante la tragedia, sino como el más utilitario para emparejar el curso ninguneado del mal mundial al discurso triunfalista presidencial.

Ante las volteretas que la propia pandemia de Covid-19 ha propinado a las autoridades de Salud, principalmente a López-Gatell y a su equipo cercano, que aguanta vara, el subsecretario ha ensayado todo tipo de métodos y argucias para tratar de salir del atolladero que lo exhibe hoy con 50,000 muertos y 500,000 casos confirmados.

Desde este jueves hasta la publicación de esta edición de IMPACTO, La Revista, México muestra al mundo su peor cara ante lo que otros países han tenido un mejor resultado.

Cierto que hay peores, pero, como afirma el Presidente Andrés Manuel López Obrador, las comparaciones son malas, y lo que se tiene que ver es el trabajo desarrollado en el propio país.

Al doctor López-Gatell hay que reconocerle su consistencia para tratar de salir del paso y con ello no ocasionar una desesperación masiva a pesar de lo evidente. Es seguro que su cargo nadie lo pelearía. Quien lo supliera, si fuera el caso, pasaría también las de Caín, a menos que desde un principio dijera, sinceramente, que México alcanzaría los 200 mil muertos, y aun así estaría en riesgo de fallar.

El problema del subsecretario es haber implementado desde un principio, cuando comenzaron, eso sí tardíamente (finales de febrero), a ocuparse de la pandemia, una imagen de triunfo cuando apenas descubrieron el primer caso y, semanas después, cuando ocurrió la primera muerte.

El primer error, que desgraciada y torpemente, lo extendieron casi por dos meses, fue desairar lo que venía en lugar de poner manos a la obra.

El Presidente López Obrador se creyó aquello de que en realidad tiene “fuerza moral” y no “fuerza de contagio”, como lo santificó López-Gatell.

Hugo López-Gatell, subsecretario de Salud, durante su conferencia vespertina. Su rol de información lo ha cambiado diversas veces sin poder afirmar que la epidemia va hacia abajo, sino todo lo contrario.

Desde esa ocasión, como lo ratificó por enésima vez en la conferencia matutina de este viernes, realizada en Los Cabos, Baja California, el Mandatario federal le ha respondido en el sentido de que es el mejor especialista, científico y experto para contener los efectos del Covid-19. Pero, por un momento, el Presidente tuvo un “lapsus brutus”. Los muertos ya pasan 50,000; los casos confirmados se acercan a los 500,000. ¿Puede hablarse de contención de la pandemia? Más bien, sin hacer a un lado la dificultad de luchar contra un enemigo invisible, poderoso y altamente terco, pero, además contra el desorden de la gente, es un fracaso.

Si de salvar vidas se trata, al menos desde que se dieron cuenta que deberían dejar de jugar con el Covid-19 y su peligrosidad, ¿por qué no implementaron la obligatoriedad del uso de cubrebocas? Un alto grado de orgullo, impericia, tozudez y soberbia bloquearon la salvación de miles de mexicanos.

Por esa terca decisión, y lo que se acumule, más si pasamos los 60 mil muertos (el “escenario catastrófico”), en lo futuro, López-Gatell deberá ser cuestionado en el ámbito en el que derive su actuación ante la epidemia.

Esta semana, de cara a la línea mortal que se acercaba, el subsecretario López-Gatell se blindó lo más que pudo. El jueves, antes de la conferencia vespertina diaria, durante una reunión por teleconferencia con gobernadores y miembros del Gabinete, anunció sorpresivamente lo que llamó “el ‘Lado (o Fase) B’, o la segunda etapa de la respuesta a la epidemia”.

Pero aclaró: “No es que la revisión implique un arrepentimiento de lo ya vivido, sino la necesidad de prepararnos para una etapa que por su duración y el peso que tiene en la economía en la sociedad, requiere otros abordajes complementarios”.

Horas más tarde, durante la conferencia vespertina, francamente no quiso meterse en camisa de once varas, y para evitar hasta donde fuera posible los cuestionamientos planeó para la ocasión un tema bastante distante de la emergencia que se vive, ¡la lactancia!

Pero para el caso no invitó a una disertadora, sino a tres. Así, las doctoras Anabelle Bonvecchio Arenas, directora de Políticas y Programas de Nutrición del Instituto Nacional de Salud Pública; Miralda Aguilar Patraca, titular del Órgano de Operación Administrativa Desconcentrada de México Poniente del IMSS, y Catalina Gómez Mena, jefa de Política Social de Unicef México, consumieron casi toda la hora de conferencia.

El resto de tiempo sobre el informe técnico diario lo ocuparon tres reporteros que sospechosamente tampoco preguntaron sobre la cifra de muertos que jueves y viernes fue la comidilla de medios de comunicación y redes sociales.

Hace cuatro meses, el pasado 5 de abril, el Presidente López Obrador afirmó que después de la India, México es el país con menos infectados por Covid-19, y el tercero con menos defunciones por número de habitantes.

Hasta este jueves, la Universidad estadounidense Johns Hopkins, en su portal informativo sobre la pandemia, detalla que la India registra más de 2 millones de casos confirmados, pero solo 41,585 decesos, mientras que México sumaba más de 469 casos y 51,311 muertos.

Es decir, con tres veces más de contagios, la India ha logrado evitar muchas mas muertes que México.

De acuerdo con la Johns Hopkins, el primer lugar en fallecimientos en el mundo lo ocupa Estados Unidos, seguido de Brasil y México. En cuarto lugar está el Reino Unido y en quinto la India.

EL DESPLOME DE LA COMPATIBILIDAD GOBIERNO-CIUDADANOS

Fue a partir de la entrada de México a la Fase 3 de la epidemia, a finales de abril, que las dudas entre la población fueron creciendo sobre los informes diarios emitidos por el equipo encabezado por el doctor Hugo López-Gatell.

De hecho, el primer día de mayor polémica fue el 26 de mayo cuando se reportaron 501 muertos. Pero, además, esa fecha se rebasó el número de fallecimientos previstos por el doctor López-Gatell, al llegar a 8 mil 134.

Fue en esos días que

El 12 de mayo, durante la conferencia matutina de Palacio Nacional, López Obrador dijo.

“Yo les confieso que hace un mes y medio (28 de marzo) que estaba en Baja California, en Tijuana, recibí un informe en el sentido de que teníamos que tomar decisiones con urgencia porque podíamos ser rebasados, y a partir de ahí se le empezó a llamar a la gente”.

Sí, eso dijo el Presidente, cuando desde, todavía, un mes antes, el 28 de febrero se confirmó el primer contagio en México. El primer muerto ocurrió el 18 de marzo.

Ya desde esos días, más de cuatro meses, la información diaria sobre el Covid-19 se fue descomponiendo, perdiendo, por un lado, entre curvas, picos, mesetas, más curvas; por otro, entre la “luz al final del túnel”, la insistencia en que todo está “domado”, en que “ya vamos para abajo” (y de eso hace como dos meses).

Fue el 4 de junio cuando el doctor López-Gatell dio el primer gran bandazo. Después de ese ocurrieron varios en fila, ¿por qué? Sus números ya no eran realidad.

“Desde febrero teníamos estudios sobre ‘tasas de ataque’, y siempre quisimos estimar de más, y no de menos”, advirtió.

“En ese informe que se presentó aquí el mínimo (de decesos) era de 6,000, otro era de 8,000, otro era de 12,500, que lo presentamos en una conferencia el 27 de febrero, y teníamos otros hasta 28,000 (defunciones), que se redondea a los 30,000, e incluso un escenario ‘muy catastrófico’ que podía llegar a los 60,000”.

¿60,000 mil? Pues qué bueno que advirtió, pero al parecer no se hizo nada, más allá de informar de muertos y muertos, casos y casos, porque si en algo ha insistido, y quizá sea su mayor reconocimiento es en no utilizar el cubrebocas “porque no sirve para nada”. Bueno de un mes para acá ya ha dicho que puede servir para algo.

El caso es que, según sus palabras, México entra a el “Lado B” de la epidemia, pero no es “arrepentimiento”, eh.

Seguros casi estamos de que inevitablemente nos llegará el día del “escenario catastrófico”, pero ¿después de eso, qué?

Lo pero sería acostumbrarnos a la muerte diaria de cientos de mexicanos solo porque el Gobierno Federal, López-Gatell, asegura que la estrategia va viento en popa.

Pero el sarcófago quién lo cargará.

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