Va mal

En política las cosas son lo que parecen

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Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Andrés Manuel López Obrador. En las mismas

> Gobierno está en la tabla de los presidentes que, por lo que sea, se les cayó el PIB

Tía Pepa era de las de Toluca, católica “ad nauseam”, casada con un señor, Luis de nombre, norteño, grandote él, ganadero, rico, generoso y de trato muy grato, con el que procreó nueve hijos (siete varones y dos nenas). Lamentablemente tío Luis padecía de una incontenible atracción por los centros de esparcimiento en que atienden señoritas vestidas con aretes, tacones altos y perfume, nada más. Si las parrandas de tío Luis eran legendarias, sus fiestas de cumpleaños, más, porque el caballero se quería mucho y se caía muy bien. Una tradición extraña de esas celebraciones sin límite de tiempo que se daba a él mismo, con 300 o más invitados, varias orquestas, “shows” y cantantes de moda, era que tía Pepa asistía con la cara larga y de riguroso luto. Los que no la conocían hasta el pésame le daban. Tío Luis se sentaba en otra mesa y ni caso le hacía (o sea, como siempre). Así vivían, ella con cara de purga y él muy quitado de la pena. Él murió contento; ella, mucho después, también. Dicen que no hay mujer que no merezca diez años de viudez, dicen.

Este 1 de mayo se celebró en no pocas partes del mundo y en México, pero-por-supuesto, el día de los trabajadores, el Día del Trabajo. Ignora el del teclado si el señor de Palacio ha preparado un desfile de aquellos que se estilaban antes, con miles de obreros pasando frente al balcón central de la sede del Ejecutivo Federal, vitoreando al Presidente portando mantas de apoyo a su sagrada persona y felices como si fueran felices. Puede ser, dada su cada vez más notoria tendencia a parecerse a Luis Echeverría (que no a Madero, Juárez ni Cárdenas).

Luis Echeverría. Cada vez más notoria tendencia a parecérsele

Ojalá y no se les haya ocurrido semejante cosa, porque se arriesgarían a una contra-marcha de desempleados, que son muchos, nomás los del 2019 (los del 2020 acháquelos usted a la pandemia, está bien, para qué incomodar al “señor”).

Para saber cuántos desempleados causó en su primer año de administración hay que esperar los resultados de la gran pelea Inegi-Presidencia y eso es de pronóstico reservado. Es mejor recurrir a otro indicador del desempleo: cuánto dinero se retiró del Sistema de Ahorro para el Retiro (Afores), a causa de haber perdido la chamba. En el primer año de Peña Nieto (para comparar igual), se retiraron 9 mil millones de pesos (mdp) por ese triste motivo; en el primer año de gobierno (es un decir), de AMLO, la Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro (Consar) informó que se retiraron 12 mil 870 mdp, 43% más… ¡43%! (por cierto: en el primer año de Calderón, el villano favorito de este sexenio, se retiraron 2,147 mdp). Mal andamos.

Lo que se podría hacer si de veras hubieran decidido hacer un desfile de trabajadores así como los del PRI imperial, sería que convocaran a los beneficiados por becas… los ninis, pues), que se supone son como 600 mil… pero, ¡espere!, como dicen en los infames infomerciales, los datos verificables en la CdMx de esa enorme masa de alegres tenochcas arrojaron que sólo existen el 5% (lo que extrapolado al país daría 30 mil, no 600 mil, ni los 400 mil y pico que reportó el IMSS… ya alguna década de estas sabremos si fue cierto lo del dinero repartido por aspersión, no sería raro que no, ya ve como somos en esta nuestra risueña nación).

Así estuvo el 2019, primer año de la Transformación de México, entre malito y muy malito. Por lo que sea y aunque fuera por una conspiración de conservadores coludidos con fifís nacionales y extranjeros, aunque nada hubiera influido el “modito” presidencial que de plano no le gusta a la gente del dinero grande (¡fuchi!, ¡guácala!), sin pandemia ni el petróleo en el sótano, ese primer año de la 4T se escribe con T de tostada.

Sabiendo que las comparaciones son odiosas a veces resultan ilustrativas: tenga en la mente que en el primer año de gobierno de nuestro Presidente el PIB bajó a -0.1% (si este 2020 baja al -9% será culpa del Covid 19, naaada que ver tiene nada del gobierno, de antemano se les concede); pero sin pandemia, cayó al -.1%

De 1954 a 1970 (periodo estabilizador), promediaba el crecimiento del PIB por ahí de arribita del 7% anual, con años muy buenos como 1954 con el 9.97%, o el de 1964 que fue un extraordinario y único a la fecha, 11.01%; pero eran otros tiempos, se creció así por circunstancias que no volverán (la Segunda Guerra Mundial y la posguerra, por ejemplo, periodo durante el que nos llevó a remolque la economía yanqui).

Comparando el primer año de gobierno, para ser justos, recuerde que en el primer año completo de Tata Lázaro, en 1934, el PIB creció el 6.73%; el primero año  de Adolfo Ruiz Cortines (1953), el PIB creció la ridícula cantidad del 0.32%; en el primero de Gustavo Díaz Ordaz (1965), creció el 6.15% (el PIB, no se distraiga). Insistirá usted en que eran otros tiempos, que ni chiste tenía crecer tanto porque todo era muy chiquito… bueno, está bien, entonces más para acá: el antes innombrable Carlos Salinas de Gortari, en su primer año (1989), creció el 4,11% el PIB; a Zedillo se le cayó (por la metida de pata de diciembre y las bombas de tiempo que dejó Salinas), a -6.3%, cosa gravísima, aunque promedió en su sexenio un crecimiento del 3.26%; a don Chente Fox también se le cayó el PIB en su primer año, bajó al -0.4% (¡la 4T ruge!); Felipe Calderón en 2012, consiguió, “haiga sido como haiga sido”, que el PIB creciera el 3.9% (abucheos de la porra chaira); y Peña Nieto, súper fifí y todo, logró que en su primer año también creciera el PIB (el modesto 1.4%, pero creció).

Entonces, quedamos, este gobierno está en la tabla de los presidentes que por lo que sea, se les cayó el PIB: Zedillo, Fox y AMLO.

Mal empieza la semana el que ahorcan en lunes. Eso fue 2019 y ya ve usted cómo están ahora las cosas, por nada responsabilidad del gobierno, vaya usted a creer; al contrario, gracias a su ágil reacción, oficialmente ha quedado domado el coronavirus, ¡Dios es tan grande!

Lo malo es que en política las cosas son lo que parecen y el que parece que va mal, va mal.

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