El hijo de Josu Ternera “La clandestinidad es también una condena”

Mucho se ha especulado en la última década sobre el paradero y el estado de salud de Josu Ternera. Se llegó a publicar la noticia, hace un par de años, de que estaba ingresado en un hospital francés en estado terminal.

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La detención en Francia del histórico líder de la organización terrorista ETA, José Antonio Urrutikoetxea, alias Josu Ternera, cierra, tras 17 años en busca y captura, el episodio más acuciante para las autoridades españolas en relación a la ya disuelta banda.

Mucho se ha especulado en la última década sobre el paradero y el estado de salud de Josu Ternera. Se llegó a publicar la noticia, hace un par de años, de que estaba ingresado en un hospital francés en estado terminal.

Este jueves, por fin, su rostro envejecido y enfermo se pudo ver nítidamente antes de que la policía francesa le colocara una capucha y le condujera, esposado, al coche policial.

Josu Ternera, de 68 años, lleva diez años enfermo, con un cáncer de estómago. Escondido la mayor parte de los 17 años de clandestinidad en Francia, también pasó un tiempo en Oslo, protegido por las autoridades noruegas.

Su último refugio ha sido el pequeño pueblo de Saint Gervais les Bains, en los Alpes franceses, muy cerca del hospital de Sallanches, donde fue detenido la víspera, cuando se dirigía a una cita médica para tratar su enfermedad.

En esa zona del departamento francés de Alta Saboya, pudo ocultar su auténtica identidad, camuflado como un escritor venezolano llamado Bruno Martí, que vivía con su pareja, una mujer francesa, y la hija de ambos, de cinco años de edad, en una apartada cabaña a los pies del Mont Blanc.

En España, Josu Ternera es un símbolo del terrorismo más salvaje de ETA, para la mayor parte de la sociedad, y el baluarte de la lucha por la independencia del País Vasco, para un nutrido grupo de ciudadanos vascos. Está pendiente de ser juzgado por ordenar como jefe político de la banda el atentado de la casa-cuartel de Zaragoza, en 1987, que costó la vida a 11 personas, cinco de ellas, niñas, y un adolescente.

Precisamente ese caso motivó la fuga de Urrutikoetxea en 2003, cuando estaba llamado a declarar como imputado.

El hijo mayor de Ternera, Egoitz, ha explicado en Mediabask –un digital del País Vasco francés–, que “la clandestinidad es también una condena, y a veces se nos olvida”, en relación a los 17 años que su padre ha tenido que estar ocultándose para evitar su detención. “Les he contado a mis hijas que, por lo menos, ahora tendrán la oportunidad de encontrarse con `aitite´ (abuelo, en euskera)”.

Egoitz Urrutikoetxea, hijo de `Josu Ternera´. Mediabask Egoitz Urrutikoetxea, nacido en 1975, también fue detenido en varias ocasiones en Francia por altercados en nombre de una rama juvenil de apoyo a ETA.

Otra de las causas de Ternera tiene pendiente en España es el sumario por crímenes de lesa humanidad contra los jefes de ETA por los atentados de la banda, a partir de 2004, cuando se introdujo este tipo penal en la legislación española.

Algunas de las acciones más importantes de la banda en ese periodo fueron el asesinato del concejal socialistas Isaías Carrasco, en 2008; el del policía Eduardo Pueyes, en 2009; y el atentado en el Aeropuerto de Madrid-Barajas que acabó con la vida de dos migrantes ecuatorianos, Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio, en 2006.

La detención de José Antonio Urrutikoetxea podría ayudar a la resolución de un centenar de atentados sin esclarecer. Aunque no es el caso de la explosión en el centro comercial de Hipercor, de Barcelona, en 1987, que costó la vida a 21 personas e hirió a 45. Atribuido a Santi Potros como máximo jefe de ETA entonces, la víctima Robert Manrique siempre creyó que el número dos de la banda era entonces Josu Ternera.

“La detención de Ternera es una buena noticia, sin duda”, dice a Notimex Manrique. Él era dependiente en la charcutería del centro comercial. La explosión del coche bomba, ubicado en el sótano del edificio, le dañó una pierna y le produjo quemaduras considerables por todo el cuerpo.

Desde entonces, Manrique se ha dedicado a ayudar a otras víctimas del terrorismo: les ha facilitado los trámites para pedir sus indemnizaciones y también ayuda psicológica. “Para las víctimas, la detención de los responsables nos ayuda a recuperarnos, a cerrar heridas, a reconciliarnos con la Justicia”, asegura Manrique.

Con 20 años, Josu Ternera comenzó a militar en ETA, Euskadi Ta Askatasuna “País Vasco y Libertad”. Eran tiempos de lucha contra la dictadura franquista. Se cree que participó en diciembre de 1973 en el atentado mortal contra el almirante Carrero Blanco, sucesor de Francisco Franco.

Después, hubo varias escisiones de la organización y solo pervivió ETA militar, hasta que hace un año Josu Ternera leyó el comunicado de disolución ante media docena de verificadores internacionales, que entendieron como una garantía que fuera precisamente el histórico líder etarra quien anunciara el final de la banda.

Ternera tiene pendiente una condena de ocho años en Francia por pertenencia a la banda armada. Por eso, será complicada su extradición a España. El ministro del Interior español, Fernando Grande-Marlaska, sopesa la posibilidad de una entrega temporal para poder juzgar a Josu Ternera.

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