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Trabajadoras sociales, pieza clave

En la medicina del siglo XXI se actúa cada vez más en equipo

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Por alguna misteriosa razón, cuando uno o un familiar querido está hospitalizado, sólo se piensa en médicos y enfermeras. En la medicina del siglo XXI se actúa cada vez más en equipo. A las figuras tradicionales podemos sumar psicólogos y trabajadores sociales. ¿Qué hacen estos últimos?

Cuando se ingresa al hospital, además de las preguntas sobre el estado de salud, se hacen otras relativas a la familia, ingresos económicos, estado emocional y otras, para conformar la información básica del paciente.

Hay una figura relativamente novedosa que muchas veces pasa desapercibida, pues cuando se encuentra uno en el hospital es casi un hecho que no observamos sus movimientos. Hay demasiadas preocupaciones en nuestra loca cabecita para mirar en los alrededores; vemos, pero no observamos.

LA TRABAJADORA SOCIAL

Precisamente, para entender este rompecabezas hospitalario, nos encontramos con la Lic. Dalia Miryam Gamboa Salgado, quien ejerce la peculiar profesión de trabajadora social. Egresada de la máxima casa de estudios del país y jefa de la División de Trabajadores Sociales del Centro Médico Nacional “20 de Noviembre”, persona activa y emprendedora, emana amor a la camiseta; su trabajo es su pasión.

¿Con qué se come este pan? Es la pregunta obligada. Es que la suya es una profesión que combina psicología con medicina y administración. Se encarga de saber qué le hace falta al paciente; vaya cuestionamiento, nada sencillo, porque va más allá de ver los síntomas de un padecimiento, cosa que dejan a los especialistas en salud; se encargan de escudriñar en su corazón, de buscar aminorar las cargas emocionales del enfermo y, de paso, las de su familia.

¡Vaya labor, para la que no existe una receta! Primero se encargan de que el paciente, al ingresar al hospital, tenga todo en orden, y desde ese momento empieza su labor. Tienen que interactuar con el paciente, los doctores, las enfermeras e inclusive la familia.

Su misión se asemeja mucho a las últimas películas de Tom Cruise: Son riesgosas, peligrosas e imposibles. ¿En qué consiste? En que el paciente y los suyos se encuentren emocionalmente satisfechos.

DE TODO, COMO EN BOTICA

Son psicólogas, pues tienen que escuchar y saber interpretar el estado de ánimo del paciente; se convierten en oídos y en intérpretes de frustraciones, iras, conflictos amorosos y todo aquello que se encuentra en el corazón humano.

Son administradoras, pues tienen que revisar que su expediente se encuentre en orden, que se cumplan con las órdenes de los médicos y se siga la reglamentación hospitalaria. A veces, incluso, tienen que agilizar trámites de jubilación o, en caso más frustrantes, los papeleos funerarios.

Son médicos, pues tienen que vigilar cómo está siendo atendido el paciente e involucrarse con su tratamiento; estar pendiente de las reacciones ante las comidas, medicamentos y medio ambiente.

También son profetisas, pues tratan de escudriñar cuál será la reacción de los familiares, cómo puede evolucionar el enfermo, qué se puede esperar, en unos cuantos días, en cuanto a la salud y estado de ánimo de los afectados.

Finalmente, también, en parte, son porristas, buscando que los ánimos no decaigan y que los espíritus se mantengan en alto. “Nuestro papel es apapachar”, nos recuerda la Lic. Miryam Gamboa. “Es dar consuelo a familiares y pacientes”, abunda.

Cuando uno observa el trabajo realizado por Miryam se acuerda de que no todo consiste en dar medicamentos y operar. La atención médica va mucho más allá; empieza, siempre, por el corazón. Un espíritu deshecho y derrotado es sinónimo de que no hay recuperación. Igualmente, nos hace recordar que no estamos solos, porque una enfermedad a un ser cercano termina por afectarnos a todos.

Nuestra entrevistada sabe que un enfermo no es sólo atender a una persona; es preocuparse por sus seres queridos, para tratar de que entiendan cómo hacer que el enfermo se siente más aliviado. Parte de una profesión que tiene de todo un poco, como en botica.

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