Celular nocivo para la salud

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    Nomofobia es un trastorno que sufre, sin saberlo, al menos la mitad de la población.

    Cuando nos quedamos sin batería después de pasar todo el día fuera de casa, y una sensación de ansiedad nos invade y nos hace desear intensamente el momento en que volvamos a conectar el teléfono móvil a la corriente, hablamos de un caso claro de nomofobia.

    Si somos presas de la desesperación al darnos cuenta a medio camino del trabajo de que hemos olvidado el teléfono celular en casa y de que en el transcurso de esa escasa media hora han podido contactarnos un número inconmensurable de personas, hablamos también de esta novedosa enfermedad, hasta ahora no declarada.

    La nomofobia es el miedo irracional a estar sin teléfono móvil. El término proviene del anglicismo “nomophobia” (“no-mobile-phone-phobia”). La dependencia al dispositivo electrónico genera una infundada sensación de incomunicación en el usuario cuando este no puede disponer de él, bien porque lo haya dejado olvidado en casa, bien porque se haya agotado su batería o esté fuera de cobertura.

    A pesar de contar con las vías ordinarias de comunicación, empezando por la de personarse ante su interlocutor, el nomofóbico enloquece ante la imposibilidad de contactar con cualquier persona en cualquier momento, usamos el móvil de una manera irracional en la que no nos ponemos a pensar el daño que puede causar.

    Uno de los daños más latentes que provoca el uso del celular es por la sobre exposición a la luz azul ultravioleta emitida por las pantallas, ocasionando la muerte prematura de las células de la retina.

    Esta alteración irreversible en la retina se asociaba a la edad en el pasado, ya que se presentaba con mayor frecuencia en adultos mayores debido a la oxidación y envejecimiento de las células, sin embargo, en la actualidad cada vez hay más pacientes jóvenes debido a la sobre exposición a la luz solar ultravioleta.

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