Si en algo coinciden las grandes civilizaciones antiguas es en el cuidado que proporcionaban al infante y a la madre, pues las precauciones empezaban tan pronto se confirmaba el embarazo.
Nuestros antepasados más remotos, los aztecas, hacían que la futura madre seleccionara una partera, que hacía las veces de doctor, y con mucha anticipación. Había que asegurar que todo evolucionara satisfactoriamente y el niño naciera sano y fuerte.
Estamos con un pediatra, cuya especialidad viene de familia y cuyo trabajo y devoción ha sido fundamentalmente en el Hospital Regional Adolfo López Mateos, donde llegó a ser coordinador de esta especialidad. Giros y sorpresas que da la vida, hoy se desempeña como director y tiene a su cargo la misión de que todo funcione lo mejor posible. Es el doctor Eduardo Baltazar Barragán Padilla, y a pesar de que lo absorben las labores administrativas, se da su tiempo para atender a los infantes.
Todavía hace poco, cuando se dio la alarma de desalojar el hospital, se dio el caso de un recién nacido que no podía salir del hospital, si lo desconectaban de la incubadora irremediablemente moriría. En un gesto propio de la profesión, el doctor Barragán se quedó con el pequeñín, primero estaba su vida.
CÓMO EMPEZAR, EL ORIGEN
El cuidado del niño empieza desde el embarazo, hay que monitorear a las madres, medirles el pulso, vigilar su alimentación, estar pendiente de su peso y talla. Con el avance de la tecnología hoy es posible ver en vivo y a todo color a los fetos, se les puede monitorear. No hace mucho tiempo los ultrasonidos parecían más una obra abstracta que una imagen fidedigna del futuro bebe. Hoy pareciera que tenemos nuestros ojos dentro el seno materno y se le pueda examinar y escuchar con toda precisión.
El especialista señala que conviene dar puntual seguimiento a la evolución del feto y sus signos vitales, así como a la embarazada, guardar un record de peso, talla y presión es básico.
Nos señala el doctor Barragán que previo al parto hay que asegurarse que el bebé y su madre gocen de cabal salud, por lo que realizar pruebas de sangre y ultrasonidos es ya parte de la rutina, por fortuna. Esta labor de vigilancia si bien recae en un médico, es algo que tiene que realizar la pareja. El padre tiene que estar pendiente de cómo se encuentra su media naranja, y aguantar estoicamente sus cambios de humor, labor por demás titánica.
NACIMIENTO
Una vez que nacen, el sonido más dulce es el chillido, que se tiene que dar a los pocos segundos que el nuevo ser sale de su zona de confort. Un padre lo primero que ve es que esté completo y tenga los reflejos básicos, como que al ponerle el dedo en la mano, para que la cierre, el llamado reflejo del chango.
Posteriormente inicia le época más delicada, el primer año, hay que estar muy pendientes. El doctor Barragán afirma que nada mejor que la leche materna, pues demás de alimentarlo adecuadamente le proporciona las defensas adecuadas al niño.
Las enfermedades en las vías respiratorias y los males gastrointestinales están a la orden del día. En esta etapa, el doctor se convierte prácticamente en un miembro de la familia; se le habla ante cualquier sospecha y hay que consultarlo permanentemente.
Así como es importante vigilar la alimentación, también conviene vacunarlo en los tiempos establecidos con las dosis adecuadas. Se cuenta con la cartilla de vacunación, lo que sin duda sirve para tener la certeza de que se protege al infante contra posibles enfermedades.
Le preguntamos al entrevistado si existen consensos en la forma de cuidar la salud de los bebés, y responde en afirmativo. Entre las rutinas que siguen los doctores es vigilar tamaños y kilos, pues hay límites mínimos y máximos. Si un bebé es propenso a engordar se puede saber desde los primeros meses.
Antes se pensaba que un niño gordo era uno sano; hoy un niño con sobrepeso es preocupante, pues si la talla para su edad está muy por encima de la media, hay que tomar de inmediato las medidas necesarias.
El empeño que ponemos en el cuidado de los bebés y sus madres no es otra cosa que prever el futuro y asegurar que nuestra familia va por buen camino.
