Paradojas del hombre en el siglo XXI: podemos llegar a la Luna, incluso soñar con alcanzar Marte, volar más rápido que el sonido, hacer rascacielos más altos que una montaña, clonar animales… pero unos simples y vulgares moquitos nos ponen de rodillas. Hay enfermedades de las que nadie escapa, sea bello, pobre, fuerte o inteligente, nada importa, todos las llegamos a padecer. Una de ellas, de las más molestas e inoportunas es la sinusitis, es decir, la inflamación de los senos paranasales de nuestros pómulos.
Charlamos con un otorrinolaringólogo, especialista en oídos, nariz y garganta. Se trata del doctor Matsuharu Akaki Caballero, una de las piezas vitales en el Centro Médico Nacional 20 de Noviembre, quien es además catedrático en la Universidad Nacional Autónoma de México.
GESTACIÓN
El doctor Akaki nos recuerda que en promedio producimos poco más de dos litros de mocos al día, datos que quienes gustan de regodearse de información asquerosa manejan bastante bien, pero el caso es que la función de los mismos es vital para que filtremos miles de virus y bacterias que de otra forma atacarían sin piedad y de paso mantengan húmedo órganos como los pulmones. Esta cantidad, para nuestra fortuna, es abundante pero ni cuenta nos damos, ¿o a poco usted se detiene a pensar que tan húmedas están sus pulmones, y porque su garganta casi nunca se encuentra seca?
Esta parte semi viscosa la producimos en cantidades industriales y es un mecanismo de defensa natural, el problema es que cuando la producimos en exceso, es síntoma de enfermedad siendo la más común la gripe.
Lo que conviene tener en cuenta es que tenemos en nuestra querida cabeza cinco cavidades que se encuentran huecas, no es el cerebro definitivamente, son los denominados senos paranasales, dos en los pómulos, el otro par se encuentra entre nuestras cejas justamente, los senos frontales, y el ultimo exactamente atrás de la nariz.
La sinusitis tiene lugar precisamente cuando estas cavidades en lugar de aire se llenan de mucosidad y en lugar de permanecer por breves periodos deciden instalarse en forma definitiva en estos lugares. Es cuando se prenden los focos rojos y empiezan los dolores de cabezas, los ojos rojos y la voz de gangoso.
Si estas molestias se le extienden a tres semanas, bienvenido al club de quienes padecen sinusitis y en forma aguda. Si logra que esto desaparezca, fabuloso.
Si por el contrario, estos dolores y molestias se le extienden por más de tres meses, malas noticias, la sinusitis se convierte en crónica.
LA OPERACIÓN
Nos recuerda el doctor Akaki que sólo en raras ocasiones la sinusitis se convierte en operación, y el hecho que se haga crónica es avanzar en la dirección de tener que meterse al quirófano. Para el otorrinolaringólogo, el reto consiste en cómo evitar la operación y hacer que la mucosidad en estas fosas desaparezca. Caso contrario le tendrán que hacer estudios y si no hay cambios, pues el cuchillo espera.
CÓMO EVITARLO
Lo ideal es evitar tener que llegar a padecer gripes severas. La alimentación ayuda, el ejercicio, también. Mas hay que ‘echarle una manita’ con el arsenal que da la vitamina C: naranjas, limones, kiwis, entre otras frutas.
No menos importante es saber sonarse la nariz. Es muy dañino tratar de quedarnos con la mucosidad sobrantes, en épocas de resfriados y gripes hay que acompañarnos de mucho papel y sonarnos lo más posible, aún a costa que parezcamos con nariz de payaso.
Los dos extremos, nos señala el doctor Matsuharu Akaki son igualmente perjudiciales. Uno es que cuando los estornudos nos atacan, finjamos demencia, no tomemos precauciones y sigamos la vida como si no pasara nada. En esos momentos hay que beber más líquidos, cuidarse más de los cambios de temperatura y llevar una abundante cantidad de pañuelos.
El otro consiste en exagerar y querer meterse una farmacia entera; sin consultar al médico, caer en el fácil expediente del auto medicarse. De esos dos extremos, ¡líbrenos el Señor!
El mejor camino es llevar la ropa adecuada de acuerdo al clima, estar bien alimentados, dormir lo necesario y saber que los jugos siempre son un complemento a nuestras defensas. Dejemos que los mocos hagan su labor, pero evitemos que su exceso nos enferme.
