Hay dolencias que son como el destino, no importa que hagamos, nunca podremos escapar de ellas y tarde o temprano las tenemos que enfrentar. ¿Quién no ha padecido alguna vez dolor de oído?; ¿Quién no ha tenido varias veces la sensación de oídos tapados? El oído es mucho más que solo escuchar, es también una parte esencial de nuestro equilibrio, de saber en qué posición se encuentra en nuestro cuerpo, para evitar caernos y saber que movimientos hacer.
Estamos con el experto requerido para resolver nuestras dudas, un otorrinolaringólogo, un especialista de oídos, nariz y garganta. Además de doctor, Roberto Ríos Nava realizo sus estudios en la máxima casa y es uno de los especialistas más reconocidos en el Hospital Regional Lic. Adolfo López Mateos, donde es jefe de servicios en esta materia cuyo nombre, hay que decirlo, a veces parece un trabalenguas, les confieso que tuve que consultar el diccionario para asegurarme que lo escribía bien. Si, en el mismo lugar donde recientemente nos dieron un susto y después de una pequeña explosión, se produjo una fuga de gas y tuvieron que desalojar a muchos pacientes. Por fortuna, no paso del susto y todo volvió a la normalidad una vez que se controló la fuga.
¿POR QUÉ DUELEN LOS OÍDOS?
Arrancamos con la pregunta habitual: ¿porque nos duelen los oídos? El Dr. Ríos nos recuerda que para poder escuchar este órgano es sumamente sensible. Los sonidos habitualmente se empiezan a escuchar por las vibraciones que se producen en el denominado oído medio a través del movimiento de unos huesitos, que curiosamente son los más pequeños de nuestro esqueleto, esto implica una grado de sensibilidad considerable. En consecuencia una infección leve o un padecimiento producen más dolor que el habitual dado que estamos en una de las zonas más sensitivas.
El famoso dicho de que el parto y el oído son dos dolores demasiados agudos tiene su dosis de verdad, este dolor se vuelve fácilmente en insoportable y nos puede despertar de nuestro sueño, como sucede con niños pequeños que a media noche empiezan a llorar quejándose precisamente de los oídos y teniendo que llevar de inmediato a un especialista. Parte del oficio de ser padres.
El otorrinolaringólogo Roberto Ríos señala que entre las causas más comunes por este padecimiento se encuentra un traumatismo directo, es decir, un golpe considerable en las zonas cercanas a este órgano, que van desde el clásico descuido hasta el liarse a golpes con otra persona o padecer un asalto violento. Puede deberse también a permanecer en el agua demasiado tiempo, algo común cuando se practica natación. También puede ser una infección en nariz o garganta que se extienda al oído medio o al oído interno, como puede suceder con una de esas gripes fuertes que nos llevan directo a la cama, para acabar con una nariz más roja que una manzana.
COMO CUIDARNOS
Aunque usted no lo crea desconocemos, con frecuencia, lo más básico de cómo cuidar este sentido tan especial. Nuestro entrevistado nos llama la atención en el sentido que las especies que gozan de poder escuchar no tienen que recurrir a cuidados especiales. Lo que sucede es que no sabemos cómo cuidarnos.
La práctica de utilizar los famosos cotonetes puede ser dañina, pues contribuye a recorrer el cerumen, la grasa natural que se produce en esta zona, al interior del oído, y se empieza a acumular una cantidad demasiado considerable, lo que puede ocasionar tarde o temprano un malestar. Igualmente se tiene por hábito introducirse objetos, como una pluma o un clip. Ciertos niños llegan a meterse, por juego o travesura, objetos que pueden dañar este órgano. De insistir con estos procedimientos o de hacerlo con fuerza puede llevar al extremo de romper una membrana, y además de que de inmediato se produce un dolor insoportable, terminará con el doctor y esperemos que esto no pase a mayores, pues las cosas se pueden complicar.
El lavado del oído no requiere otra cosa que agua o un trapo húmedo. No hay que utilizar jabón, cuyos residuos pueden quedar en los ductos y puede resultar contraproducente, y auxiliarse en forma delicada con uno de los dedos. Es algo que podemos realizar cuando nos bañamos. Uno se pude secar con una toalla y asunto solucionado.
En una sociedad tan ruidosa como la que vivimos, hay que cuidarse precisamente de estos ruidos infernales. Cuando usted padezca gripe evite la nociva practica de jalar el aire para evitar que el moco salga, por el contrario hay que utilizar los pañuelos y usar el aire precisamente para desalojar los mocos, y cuando lo hagamos no utilizar fuerza excesiva.
Hay que evitar los lugares con ruidos excesivos, y cuando es inevitable utilizar aparatos que reduzcan los sonidos agudos. Nuestros oídos además de escuchar nos permiten ubicarnos en donde nos encontramos, nos brinda la sensación de un espacio determinado. Hay que cuidarlos.
