Los pueblos de todas las naciones, y sus gobiernos, deben establecer relaciones basadas en el respeto a la dignidad de las personas y en acuerdos que favorezcan un desarrollo próspero y responsable.

Se deben construir puentes con base en diálogos constructivos que potencialicen una prosperidad compartida al fomentar el intercambio cultural y comercial.

El actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump, opina diferente.

Piensa cerrar sus fronteras con la construcción de un muro, pues “un país sin fronteras no es nación”.

Así lo demostró al firmar los decretos que dan un giro a las leyes de inmigración en su país, una visión simplista para enfrentar los grandes retos a solucionar en la frontera que comparten nuestras naciones.

Ello, al ignorar los beneficios mutuos de una sana relación y por no reconocer la importancia de caolaborar para construir soluciones reales.

Los decretos firmados incluyen la construcción de ese famoso muro de campaña, impulsar las acciones de la patrulla fronteriza y aumentar las deportaciones de inmigrantes indocumentados.

Incluso, limitan los fondos federales que perciben las ciudades santuarios que protegen a los inmigrantes ilegales de la deportación.

A esto se suma la intimidación a empresas interesadas en invertir en nuestro país, una visión simplista que intenta derogar una histórica relación de colaboración entre México y EU.

La sociedad mexicana, y las de muchas otras naciones, ha manifestado estar en contra de las decisiones del presidente Trump, y son legítimas sus posturas.

Las decisiones tomadas atentan contra los derechos de miles de inmigrantes que se esfuerzan día a día, en sus trabajos, para alimentar a sus familias dentro y fuera de las fronteras americanas.

En México reconocemos como valores sociales el respeto a los derechos humanos y la ampliación de las libertades.

A pesar de que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) ha rendido amplios beneficios a los tres países miembros, es considerable renegociarlo, pero no se pueden tolerar amenazas a trabajadores, productores e inversionistas.

Esto mina derechos laborales, al igual que lo hace con las libertades de inversión y comercio, pilares de la innovación y competitividad internacional.

Atentar contra estos pilares debilitará las economías de ambos países y, en consecuencia, la economía de sus ciudadanos.

La decisión del Presidente Enrique Peña Nieto de cancelar su visita a Washington es un acto de razón y prudencia.

Todos los mexicanos debemos estar unidos para hacerle frente al reto que implica la nueva relación bilateral con el gobierno de EU.

Se debe hacer empatía con nuestros connacionales que radican legal o ilegalmente, que con su trabajo dignifican nuestra imagen como pueblo.

No nos cerremos al diálogo, pero tampoco nos olvidemos de que el respeto a los derechos humanos y las libertades son valores que compartimos.

* Ex diputado federal y ex presidente de la Comisión de Energía de la H. Cámara de Diputados

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