Zamora y Murat, inapreciables para Ochoa Reza

Dirigente nacional del Partido Revolucionario Institucional debe congratularse porque a su lado tendrá a 2 luchadores infatigables

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Que Arturo Zamora se convierta en el nuevo líder de la Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP) del PRI es apenas rutinario; el senador jalisciense es de lo poco que le queda al PRI para presumir, pero sobre todo si caemos en el catastrofismo, para dar la lucha en la batalla que podría considerarse final por el poder. Si pierde en el 2018 le ocurriría lo que en la Ciudad de México cuando en 1997 ganó Cuauhtémoc Cárdenas: Se despedirá para siempre de Los Pinos.

La madrugada de ayer, casi a las 4 de la mañana, como IMPACTO lo relató con puntualidad antes que cualquier otro medio de comunicación, los secretarios generales de la CNOP se pusieron de acuerdo: Su nuevo líder sería el secretario de Organización del PRI, el senador Zamora, sobreviviente del cataclismo del 5 de junio pasado, cuando Manlio Fabio Beltrones dijo adiós ordenando sólo a él quedarse porque un profesional debería permanecer en el comité nacional priísta.

Zamora representa lo mejor del priísmo. Pudo ser gobernador de Jalisco, pero una conspiración periodística con los gobiernos panistas lo sacó, en 2007, de la jugada cuando el triunfo era suyo; no obstante, persistió y hoy es una de las piezas priístas fundamentales en el ajedrez político de Emilio Gamboa en el Senado, como  de Enrique Ochoa Reza en el PRI. El actual gobernador jalisciense, Aristóteles Sandoval, lo desaprovechó como secretario general de Gobierno por no sé qué argumentos insensatos que escuchó de sus aduladores, entre ellos su señor padre.

Pero una vez que no tenga contrincante y se cumplan los tiempos de la CNOP, Zamora será, con la CTM y la CNC, una de las 3 patas fundamentales del PRI.

Pero que Zamora crezca en un contexto de priístas de alto nivel sin historia ni experiencia es apenas natural; no lo es, en cambio, la reaparición de José Murat cuando parecía condición sine qua non su exilio sexenal para que su hijo Alejandro pudiera gobernar a los oaxaqueños.

Recuerdo haber escuchado (y así lo escribí) que Alejandro es más Hinojosa que Murat, en referencia a su madre, Lupita, una de las grandes mujeres del priísmo histórico,  como explicación de por qué debía ser gobernador. Quien lo dijo no se equivocaba del todo, pero si doña Guadalupe fue una gran mujer, Pepe, para los amigos, es un gran político en los términos del priísmo histórico.

De hecho, Lupita corregía a quienes establecían una diferencia entre ella y su marido; decía que ella y él eran iguales, de lo contrario, no se habrían casado.

Conozco a Pepe poco después de su inicio en política, cuando cabalgaba al lado del sonorense Francisco Vizcaíno y entregaba, en la Cámara de Diputados, a Luis Marcelino Farías lo mejor de su equipaje en la Cámara de Diputados: Su credibilidad en la izquierda y la derecha del país, algo que nadie podía ofrecer en los tiempos de José López Portillo ni, por lo visto, en los de Enrique Peña Nieto porque, gracias a él, la izquierda y la derecha pudieron reunirse con el PRI y el gobierno en Arrayales 99, el domicilio de Aurora, ahora señora de Murat.

En IMPACTO escribieron el líder panista Carlos Castillo Peraza y el ahora perredista Jesús Ortega gracias a la gestión invaluable de Pepe, que los convenció de que nuestra revista podía publicar una y otra visión del momento actual del país. Si luego se marcharon no fue por él.

Murat estuvo el martes con el Presidente Peña Nieto y ahí se concretó lo que ya estaba platicado; dirigirá lo que en el pasado fue el IEPES, un organismo autónomo en el que ya estuvieron Mariano Palacios Alcocer, César Camacho y Beatriz Paredes, por ejemplo, que lidia con 57 comités temáticos; elaborará el programa de gobierno del próximo candidato presidencial y la plataforma electoral. Nada.

Murat, que fue secretario de Asuntos Internacionales de Luis Donaldo Colosio, tiene claro que no aspira ni a diputado ni a senador porque su hijo Alejandro es gobernador y porque estará ocupado en hacer válida la máxima reyesheroliana, retomada por Peña Nieto y Manlio Fabio Beltrones, en el sentido de que primero es el programa y luego el hombre.

Su retorno es polémico porque le editaron una charla telefónica con 14 cortes que le echó encima a Joaquín López-Dóriga, uno de los periodistas con mayores seguidores del país, pero más allá de su estilo, de su forma de hablar y de muchas otras y muy personales aristas, Murat es de los pocos políticos de tiempo completo y de experiencia invaluable con que cuenta el PRI.

Lo conozco casi desde el origen de ambos; lo he vistió comportarse como gladiador (no de otra manera consiguió casi todas sus posiciones, incluida la de gobernador), pero también como el conciliador incomparable que es capaz de sentar en la mesa a la izquierda y la derecha, como lo hizo con Farías y con Peña Nieto para que el Pacto por México naciera.

Se dirán muchas cosas, pero al final consiguió lo que quería: Estar en la Fundación Colosio en este momento de definiciones, cuando los más, que explotan fama de temerarios, se arrugan.

La noche del miércoles hubo concilio con los dirigentes de las entidades federativas, y lo que parecía una reunión de rutina no lo fue porque nadie había “planchado” el encuentro; participaron 17 líderes que no conocen consigna porque no tienen gobernador priísta, de tal suerte que Murat debió tejer, como Penélope, hasta las 3 de la madrugada para materializar lo que desde el martes le habían confirmado. Ya publicaremos lo que dijo a sus cófrades.

Por lo pronto, Enrique Ochoa Reza debe congratularse porque a su lado tendrá a 2 luchadores infatigables, Arturo Zamora en la CNOP y José Murat en la Fundación Colosio.

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