Zaldívar no es Marciano en tiempos de Nerón

Imposible imaginar que se pueda comparar con el emperador romano muerto por las garras y colmillos de un león acusado, falsamente, de incendiar Roma

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Cuando, al inicio del sexenio, me confiaron la identidad del gestor de la presidencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación para Arturo Zaldívar imaginé que era por su identificación con Andrés Manuel López Obrador, pero me explicaron que no, que su valor era tal que mantendría la independencia del tribunal supremo ante el nuevo mandatario. Estaba lejos de suponer que su capacidad para acomodarse llegaría a la indignidad.

En el programa que John Ackerman tiene en Canal 11, el ministro presidente dijo que el Presidente López Obrador jamás le ha pedido un favor ni lo ha presionado en tema alguno, lo cual, imagino, es verdad, si bien un mandatario no tiene por qué hacerlo personalmente, pues cuenta con más de un correo para hacer llegar mensajes en el sentido que sea a quien quiera, incluso al líder del Poder Judicial de la Federación.

Zaldívar reveló, ante el alborozo de Ackerman, que Felipe Calderón sí lo presionó para resolver de cierta manera en algunos casos y que, además, fue testigo de las presiones que ejerció sobre algunos de sus colegas. Sin embargo, como siempre ocurre, dejó en el misterio en qué asuntos se entrometió el ex Presidente y, desde luego, no explicó por qué en su momento no denunció que aquel mandatario atentaba contra la autonomía de la Corte.

Es una pena que Ackerman no preguntara al ministro Presidente si tiene fundamento la versión de que en una comida aconsejó a Eduardo Medina Mora que, en beneficio de su vasta familia, lo mejor que podía hacer era renunciar a sus privilegios de ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Los iniciados en temas de la Corte hablan de ese encuentro en el que Zaldívar pudo haber mostrado a Medina Mora los argumentos convincentes que llegaron a sus manos de parte, quizás, del titular de la Unidad de Inteligencia Financiera, Santiago Nieto, en forma de recortes periodísticos, sábanas de computadora o tarjetas informativas.

Una vez concluida la comida, Zaldívar estuvo en condiciones de levantar el teléfono e informar a su contacto en la Cuarta Transformación: Misión cumplida, pero al margen de Medina Mora nos quedamos con las ganas de que Zaldívar dijera a Ackerman si resistió o cedió ante las presiones de Calderón.

Conociendo el estilo del ex Presidente, más temprano que tarde le dará respuesta y, entonces, sabremos si es mentiroso o qué tan valiente es Zaldívar ante el poder presidencial. Por ahora admira su mansedumbre. Como registré en ocasión anterior en este espacio, ya hasta adoptó el discurso de López Obrador.

Por cierto, alguien me recomendó releer el poema de Juan Antonio Cavestany sobre la muerte de Marciano en el circo romano.

Imposible imaginar que Zaldívar se pueda comparar con el emperador romano muerto por las garras y colmillos de un león acusado, falsamente, de incendiar Roma en tiempos de Nerón.

No. Zaldívar no es de esa estirpe. Jamás se habría atrevido a denunciar las supuestas presiones del Presidente que lo llevó a la Corte.

Hoy sí, porque tiene otro Presidente a quién servir.

 

 

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