Ya es burla; cualquiera quiere ser Presidente

Cotizado vivir en Los Pinos por una temporada de 6 años; sequía nacional da pie a bromas como las de 'El Bronco', Derbez y Emilio Álvarez Icaza

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Hay quienes merecen haber tenido oportunidad de ser Presidente de la República o candidato,  ya sea de partido político, como Manlio Fabio Beltrones y Emilio Gamboa, del PRI, o Diego Fernández de Cevallos y Manuel Espino, del PAN, o independientes, como Juan Ramón de la Fuente y Diego Valadés. No son muchos, pero de ninguna manera unos cuantos.

El miércoles encontré a uno de estos pocos mexicanos con merecimientos, vocación y preparación que a mi comentario sobre el autodestape de Luis Ernesto Derbez respondió con un divertido: “Estamos en temporada de oferta”.

Es cierto, ahora sí, para usar el humor nacional, cualquiera se cree con derecho a vivir en Los Pinos por una temporada de 6 años. Felipe Calderón la pasó tan a gusto jugando a las guerritas (hasta uniformaba a su hijito de soldado) que pretende regresar, vía su esposa Margarita Zavala, en franco simulacro de reelección.

Pero Felipe ha descubierto, para su amargura, que más allá de su cruce de insultos con Humberto Moreira no calienta ni la silla en donde se sienta. El martes estuvo en un restaurante de Polanco, y si no ha sido porque está en campaña, y se siente obligado a saludar a quienes por suerte están en la mesa de al lado, hubiese pasado desapercibido.

Andrés Manuel López Obrador no es el más porfiado de los aspirantes presidenciales porque apenas está por empatar la marca de Cuauhtémoc Cárdenas, que envejeció intentando emular a su padre, el general Cárdenas, una de las pocas estatuas de bronce que nos quedan; el sueño de su vida fue corretear, una vez más, en los jardines de Los Pinos, como cuando niño, pero se quedó con las ganas, para decepción suya y de doña Amalia Solórzano.

Al igual que Andrés Manuel, Cuauhtémoc desertó del PRI y construyó su propio partido para que nadie le compitiera por la candidatura. “El Hijo del Tata” empezó con aglutinar a partidos pequeños de la izquierda y hasta priístas, como el PARM, para constituirse en Frente Nacional y después parir al PRD, hoy en extinción. López Obrador agotó al perredismo, cavó su tumba y construyó Morena, una entelequia que puede ser triunfadora, pero que cuando él ya no pueda dar un paso para ir de pueblo en pueblo en pos de la cuarta oportunidad de convertirse en el Benito Juárez del Siglo XXI se fragmentará en una multitud de tribus, como las perredistas, que no podrán aglutinar a Ricardo Monreal ni a Martí Batres porque, reconozcamos, no tienen ni su porfía ni su carisma.

En el PAN, cualquiera se cree con tamaños; ya no hablemos de Margarita Zavala, Ricardo Anaya, Rafael Moreno Valle o de Juan Carlos Romero Hicks y de Ernesto Ruffo, sino de Luis Ernesto Derbez.

El ex secretario de Relaciones de Calderón, el último en destaparse para la grande, fue quien después de provocar el rompimiento de la relación histórica entre México y Cuba se dedicó, en el desempleo, a asesorar de manera oficiosa a Claudia Ruiz Massieu y a Luis Videgaray en lo que pomposamente llaman Cancillería. Hoy no quiere ser precandidato, sino candidato; para lograrlo le meterá su propio dinero a la campaña, según su promesa. Debe poseer una fortuna cuantiosa.

El perredismo anda peor que cuando el PARM encontró la manera de salvarse colgándose de  Cuauhtémoc; el problema es que Miguel Mancera tiene dos problemas: Carece de carisma y López Obrador promete conducir a la izquierda a la tierra prometida; muchos han aceptado su llamado porque, además, es una especie de Cordero de Dios que quita los pecados del mundo.

Los independientes son una decepción. El doctor De la Fuente, el más prestigioso de todos, se resiste a dar el paso definitivo, y quien se autoproclama creador de este gran avance democrático, Jorge Castañeda, ya declinó a favor de un personaje menor para estos menesteres, “El Jaguar”, Armando Ríos Pitter.

Ahora hasta, Emilio Álvarez Icaza, ese personaje que ha usufructuado, en su provecho, la noble causa de la defensa de los derechos humanos, hizo suyos los argumentos del abogado y socio de Pedro Topete en Infraiber, Paulo Díez, para beneficiarse de la supuesta “conspiración de Estado” que encabezaría el Presidente Peña Nieto para utilizar recursos de OHL en el financiamiento de campañas priístas.

Peor aún, la estrella del independentismo, “El Bronco” de Monterrey, terminó siendo lo que fue desde el origen, una caricatura, además del caballo de Troya que el legislador advirtió que en esto podrían convertirse las candidaturas independientes.

El priísmo dejó de ser cantera. Después de Luis Donaldo Colosio y Manuel Camacho, que subieron al cuadrilátero por derecho propio, en tiempos panistas, la candidatura del PRI se depreció a grado que Tomás Yarrington, Enrique Martínez y Martínez y Enrique Jackson se creyeron con derecho. Arturo Montiel y Roberto Madrazo lucharon a muerte y ganó el tabasqueño con las formas de todos conocidos, pero llegó Enrique Peña Nieto con su popularidad arrolladora y recuperó la Presidencia.

Hoy, en contraste, con su popularidad a la baja, porque todos los problemas le llegan a él, como si no hubiese en su equipo responsables de lo que ocurre; sin un liderazgo real en el comité nacional del PRI; con ex gobernadores a un paso de la cárcel si las complicidades no les garantizan la libertad; con amenaza de una nueva fractura en la asamblea nacional de agosto próximo, pero, sobre todo, sin verdaderos prospectos de candidatos, el partido en el poder parece estar como el PAN seis años atrás, con algunos personajes menores a Ernesto Cordero y Josefina Vázquez Mota.

El PRI y Peña Nieto no tienen mucho de dónde escoger si nos atenemos a la baraja a la vista: Miguel Osorio Chong, en lucha permanente contra la inseguridad; Luis Videgaray (que se descartó), cuyo futuro depende, vaya paradoja, del de Donald Trump, entrampado con el FBI; Aurelio Nuño, que no contaba con la irrupción del fenómeno llamado Elba Esther Gordillo; Eruviel Ávila, a condición de que gane con Alfredo del Mazo a Delfina López Obrador; el doctor José Narro, si se obliga a desayunar a diario, y a tiempo, como cualquier cristiano, y ¡Ochoa Reza!

Por esta sequía nacional ocurren bromas como las de “El Bronco”, Derbez y Emilio Álvarez Icaza.

 

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