Ya en el ruedo, a morenos les preocupa la culata

El cuento es viejo, y es el más fácil y a la mano: Nos dejaron ‘un país en grave riesgo’, ‘un país en ruinas’. “Tan difícil la situación que ni nosotros (‘los ungidos por el pueblo’) hemos podido solucionarla”

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Sería indigno mencionar la suerte, por décadas, de muchos países con los que México no quisiera verse nunca en su espejo.

Lo que sí puedo decir es que, en favor de Andrés Manuel López Obrador, Presidente de la República Electo, los únicos países, al menos de América Latina, cuyos futuros Jefes de Estado o gobernantes podrían ir pensándola desde ahora, porque sí tendrían ante ellos un escenario de horror, serían Venezuela y, quizá, si no recapacita Daniel Ortega, Nicaragua.


El resto, como quiera que sea, ahí va. Algunos peleando contra la corrupción; otros contra la violencia y unos más solventando, a como Dios les da a entender, sus frágiles economías.

Y esto lo digo por las exageradas posiciones políticas de varios legisladores de Morena que desde el pasado 1 de septiembre, cuando la 64 Legislatura tuvo su primera sesión (se instaló el 29 de agosto), comenzaron a esgrimir para ir tejiendo el antídoto que los cure en salud por si las cosas no se dan como lo pintaron en una campaña presidencial, cuyas propuestas, por cierto, se han modificado, consecuentemente, desde el pasado 1 de julio.

Nada vale andar vendiéndose como el partido muy “don Papas” y comenzar, ya, a cuartearse antes de la pelea.

Muchos sucesores en el mundo desearían asumir sus mandatos en un país con las condiciones, sobre todo económicas y sociales, que sopesa México.

No debemos negar que tanto alarde por años o sexenios no ha resuelto dos principales cosas, la pobreza y la violencia en algunas zonas del país, ocasionada por grupos identificados, pero mal confrontados.

Esas, quizá, son la mayor esperanza de quienes decidieron cambiar, rotundamente, el proyecto para gobernar a México. Y ese es el más grande y mejor compromiso de López Obrador.

Creo que Andrés Manuel y su equipo están en la oportunidad, y con las herramientas necesarias, para modificar ambas cosas. Además, su plan de austeridad y de confrontación directa a la corrupción, duela a quien le duela, parece ser la alternativa perfecta.

El pasado 1 de septiembre, decíamos, el Congreso se convirtió en una pasarela no de venganzas, sino de despechos, combinada con una especie de júbilo por largo tiempo reprimido, pero ese día expulsado desde roncos pechos.

Ricardo Monreal, presidente de la Junta de Coordinación Política del Senado, por ejemplo, dijo que Peña Nieto heredará a Andrés Manuel López Obrador un país en grave riesgo y con situaciones muy complicadas.

No dijo, sin embargo, cuál “grave riesgo” o por qué. Tampoco las “complicadas situaciones”. ¿La seguridad interna del país? No veo otra que se acerque a eso de “grave riesgo”, aunque no llega a tal.

¿La pobreza? Es un asunto complicado, pero no implica un “grave riesgo”, y sí una enorme responsabilidad y obligación abatirla, cosa que, en efecto, se ha fallado.

¿El “gasolinazo”? Se resuelve. ¿La corrupción? A eso llegaron y, al menos como promesa, va bien. ¿Mejorar la economía? Eso es obligación de cada gobernante en turno, pero México, por ahora, no está en quiebra, ni siquiera ante los detestables casos de los gobernadores que se llevaron hasta el perico.

La posición de Monreal del pasado 1 de septiembre (“El País está en grave riesgo. Yo sí creo que Andrés Manuel López Obrador hereda un país con situaciones muy complicadas. Sí es un problema severo que padece la nación y que recibirá, heredará, como Presidente de la República”) me recuerda su postura del 1 de diciembre de 2012, cuando, también en San Lázaro, declamó en tribuna que en el primer minuto de la asunción de Peña Nieto “¡ya se había dado el primer muerto del sexenio… y corría de manos de soldados que lo consumaron con balas de goma y gases lacrimógenos!”.
En el mismo tono estuvo Mario Delgado, diputado federal y coordinador de la bancada de Morena: “Dejan un país en ruinas”.

“O estamos en la noche de los cínicos o parece que aquí hay varios partidos que no entendieron el mensaje. Se necesita muy poca vergüenza para venir a decir aquí que por décadas han servido al país cuando se han servido del país y lo han saqueado”.

“Entregan un país en ruinas. La gente se cansó de vivir con miedo, de la violencia creciente, de los muertos que se acumulan y del dolor de las familias de los desaparecidos”.

O Delgado inicia su trabajo legislativo mintiendo o no sale de su casa nunca: México no está en ruinas. Creo, al contrario, que el país está tan bien posicionado que con un dedicado e inteligente trabajo de todo el gobierno que arranca en diciembre se podrán hacer realidad muchas cosas que ya están en camino. Pero igual y riegan la manteca. Entonces tendrán la excusa exacta: “Nos dejaron un país en ruinas… en grave riesgo”.

Y así por el estilo, desde el pasado 1 de septiembre, son días de botiquín para curarse en salud. Y no es una tontería; Peña Nieto ya dijo qué hizo y qué deja. Hasta dónde llegó y lo que no le alcanzó, entonces, deben blindarse.

Me gustaría saber qué va a hacer el gobierno de Andrés Manuel para exculpar de la carga vergonzosa de Ayotzinapa a la Izquierda mexicana, su “2 de octubre” a la segunda potencia.

Y no le cuento los shows de Gerardo Fernández Noroña. Que si Peña no debía dar el mensaje, que debería estar dando la cara en el Congreso. Pero si allá por el 2009 quienes pidieron a gritos que el Presidente se ausentara del Congreso en sus informes era la Izquierda (o sea ellos) “porque no servía de nada”. En ese tenor, exigió, bocina en mano, entrar a Palacio Nacional, claro, no a saludar a Peña Nieto ni a escuchar el mensaje. Lo bueno que terminó regañando a sus compañeros Martí Batres y Porfirio Muñoz Ledo, calificándolos de “lacayos” por ser institucionales.

La sapiencia dice que un país siempre podrá “estar en riesgo” y siempre tendrá latente la opción de “convertirse en ruinas”. Pero más depende de los que llegan que de los que se van.

 

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@RobertoCZga

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