¿Y si Trump amenazara con ‘aranceles’ si no baja la delincuencia en la CDMX?

Todo es un decir cuando el actuar falla. Desde que los gobiernos utilizan el término ‘atípico’, como ahora dice la Procuradora capitalina que fue el secuestro del joven Norberto, todo apunta al desconcierto. Lluvias ‘atípicas’, contaminación ‘atípica’, sargazo ‘atípico’…

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Vamos a fantasear, o a exagerar, un poco, pero quizá resulte.
Ayer, el Secretario de Estado de Donald Trump, Mike Pompeo, dijo que a Estados Unidos le funcionó con México “el fantasma de los aranceles” para que se pusiera a trabajar ante el creciente problema (para ellos) de la migración.
Pompeo, en el extremo de su sarcasmo y mofa, afirma que con el cuento de aplicar impuestos a todos los productos mexicanos que entren a Estados Unidos “se progresó en el curso de unos cuantos días” lo que no se hizo durante todo el año anterior y tres meses más.
Y sí, si funcionó, hoy amanecerá la frontera sur de México con un despliegue policiaco-militar como nunca se había hecho. Es decir, un endurecimiento de las medidas contra los migrantes centroamericanos, principalmente, muy contrario a las formas sociales de libertad profesadas por la “Cuarta Transformación”, así el Presidente López Obrador diga que no existirá coerción, agresividad ni violencia, contra los indocumentados.
Y todo porque el Presidente de Estados Unidos amagó con un castigo (no puede decirse de otra forma) al comercio mexicano si el asunto no mejoraba.
Y quizá no Trump, pero si la ONU u organismos internacionales de derechos humanos obligaran a las autoridades capitalinas a meterse de lleno en el asunto de la inseguridad so pena de padecer “aranceles” políticos o de exhibición mundial.
¿Y por qué no Trump? Supongamos que la inseguridad ponga en riesgo a sus diplomáticos en el entorno total de todo lo que está instalado y se mueve en el espacio urbano de la Capital mexicana, acosada por la delincuencia de todo tipo y nivel.
Partamos de que todo es un decir cuando el actuar falla. En verdad, nunca, para las autoridades, ha bastado el dolor, el llanto, la desesperación, de los familiares de las víctimas para mejorar defectos.
La descompostura y la poca importancia a sus deberes de gobiernos y corporaciones echan a perder logros obtenidos en otros tiempos.
Ayer, la Procuradora de la Ciudad de México, Ernestina Godoy, dijo que el secuestro y asesinato del joven Norberto Ronquillo es “atípico”.
La explicación que da es que “el caso no estaría vinculado a la delincuencia organizada” y que sorprende que tan sólo en 10-15 minutos, después de que el universitario saliera de la escuela, se reportara su secuestro.
Hace suponer que, entonces, habría elementos “extraños” (¿policías?) en la trama del plagio y el crimen.
Entonces que no le llame “atípico” porque eso ha ocurrido muchísimas veces.
Desde que los gobiernos utilizan el término “atípico”, como ahora dice la Procuradora capitalina, todo apunta al desconcierto: Lluvias “atípicas”, contaminación “atípica”, sargazo “atípico”.
Ayer decíamos que en el 2002, la delincuencia en la Ciudad de México bajó considerablemente gracias a la actuación de un agente exterior, Rudolph Giuliani (ex Alcalde de Nueva York), contratado de acuerdo a un plan establecido por el entonces Jefe de Gobierno (hoy Presidente de la República), Andrés Manuel López Obrador, y el Secretario de Seguridad en ese año, Marcelo Ebrard (hoy titular de Relaciones Exteriores).
Entonces, ¿qué “fantasma” o “arancel”, y de parte de quién, requieren las autoridades capitalinas para bajar los índices de inseguridad?

CON PERAS, MANZANAS… Y PUNTITOS
A ver, vamos a dibujar un círculo o un cuadrado. Adentro pongamos todos los puntos negros que podamos y dejemos lugar para otro tanto de puntos rojos.
Los negros son la ciudadanía; los rojos, cada delincuente. Y preguntémonos ¿por qué existen y permanecen esos puntos rojos, y se incrementan cada vez más?
La respuesta es un “boomerang” que va y viene, de la familia al gobierno, del gobierno a la familia, pero que actúa (o debe actuar) sobre una infraestructura que, lamentablemente, la Ciudad de México y el resto de estados de la República no tienen.
Una banda de secuestradores que no es anulada, detenida o castigada, continúa actuando, y de ella se generan, o forman, otras. Existe una impunidad que parte de las autoridades y que permite esta reproducción y sobrevivencia de la delincuencia, incluso, como ha pasado, infiltrando hasta a las corporaciones.
¿Por qué no paran los asaltos al transporte de pasajeros, a las “combis” y micros, que es utilizado por millones de personas en la Capital mexicana?
¿Por qué no cesa la nueva modalidad de asalto a comensales en restaurantes? Porque nada hay que actúe con certeza sobre los “puntos rojos”. Se mueven a placer.
Ayer, que platicaba de lo mismo, mientras lo escribía, la televisión reportaba el robo, a clientes, de un restaurante en Santa Fe. Antier, dos asaltos más a transporte, uno en Tlalpan y otro en Naucalpan.
Bien, pues, los problemas de hoy se deben a que no se conservó la infraestructura que bajó los índices de inseguridad a inicios del 2000. Pero, además, se permitió que los “puntos rojos” pulularan, que se reprodujeran.
¿Quién falló? ¿Seguirán fallando?

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@RobertoCZga

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