¿Y los milenios?

Numeroso, sector que no acaba por asimilar y vislumbrar su significado; pasado y presente político les genera la convicción de que ‘poco’ se puede hacer contra el poder

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Conforme avanza el proselitismo de las “campañas”, no se aprecian en la candidata y los candidatos con aspiraciones presidenciales, acciones estratégicas de expansión para sumar adeptos en los espacios que no les garantizan votos por identificación, convicción o el llamado “duro”, inclinándose porque esta elección se solvente a través de la legalidad de los sufragios obtenidos, más que por la legitimidad por rebasar la mitad más uno, que las democracias bien constituidas demandan.

Los aspirantes en contienda, se han vuelto cautos en su accionar, cancelando o evadiendo eventos de cierto riesgo de aceptación, administrando el camino andado, para no retroceder a estas alturas de los comicios, cuidando en todo momento operaciones o exposiciones erráticas que puedan significar caer en las preferencias.

Participando de manera contenida para conservar y mantener lo que han cosechado, y si acaso, adicionar lo rescatable del universo de electores indecisos y desertores, los cuales deberán confirmar sus preferencias el 1 de julio próximo, aunque conocen de sobra que la oferta puede cambiar de rumbo, por lo que, en ciencia propia, el desenlace no está definido del todo.

Bajo esta premisa de indefinición, protegen, alimentan y comprometen a su base electoral, que cada aspirante tiene bien delineada y definida, sin exponerse a una ampliación sin consenso cuando se incursiona en terrenos opositores, poco explorados o de dudosa predilección, que pudieran producirles descalabros de campaña, cuando transitan en el proceso de sumar y no arriesgar lo obtenido.

Aspirantes que se gobiernan eficientemente para conservar lo alcanzado y adicionar dentro de lo posible lo volátil y convenenciero, que, a estas alturas de la campaña, con la lectura de las encuestas, es cuando se expresa la lealtad al candidato y su partido de origen, como lo señalara el politólogo italiano Angelo Panebianco: “Es la etapa cuando brotan los oportunistas que buscan los incentivos selectivos no importando filiación y valores, principalmente cuando observan la causa vencida”.

 

SEGMENTO POBLACIONAL DE RELEVANCIA

Bajo éste esquema de penetración, poco o casi nada (exceptuando algunos centros de educación superior privados), los presidenciales se han contenido para incursionar y cautivar al segmento poblacional de relevancia que representa la generación del milenio, que por primera vez podrá emitir su voto para elegir al sucesor de Enrique Peña Nieto en el Ejecutivo Federal.

Casi 2 millones (1´846,483) con la reciente adjudicación de la ciudadanía, 18 años; más de dos millones (2´045,393) con 19 años, de los más de 26 millones entre 18 y 29 años que conforman los más de 88 millones electores que integran la lista nominal registrados para la mencionada contienda electoral.

Jóvenes emanados de una cultura de libertad y un tránsito democrático que, aunque no se acaba por construir en su real dimensión; les ha evitado el padecimiento de los efectos autoritarios del poder y su extensa y variada gama de aplicaciones de disuasión; represora en su mayoría, como mortífera en no muy pocas veces, que padecieron y sufrieron las generaciones que los antecedieron.

Los llamados “millennials”, utilizando el vocablo inglés, ahora inmersos en una contienda de civilidad de enorme significado para la democracia de la nación, donde un sector numeroso no acaba por asimilar y vislumbrar su significado, pero, sobre todo, no se definen sobre su participación para elegir a sus gobernantes.

 

FACTOR

Un segmento importante de la población (30 por ciento del electorado), que indudablemente ya forma parte de la sociedad mexicana, donde su voto cuenta y se contará y, muy posiblemente, será factor para dirimir una contienda electoral identificada como la más numerosa y disputada en el proceso democrático mexicano.

Una elección presidencial que puede marcar historia por sus efectos de transformación a la que la quieren someter, o, garantizará la continuidad perfectible de un rumbo que la acerque de manera más expedita a un desarrollo sostenido, con un sacudimiento inevitable y significativo del régimen que actualmente la regula.

Un compromiso social de gran trascendencia que deberán asumir con responsabilidad y civilidad, porque soslayarlo o ignorarlo, significará que otros decidan por ellos, desechando la oportunidad de hacerse presente como la generación innovadora que deberá configurar el presente y asumir el futuro del país que les corresponderá.

Un fragmento de la población que incursiona con los beneficios y responsabilidades que otorga la ciudadanía; con la objetividad que representan y que el tiempo no ha distorsionado; con la libertad de elección sin cortapisas ya que la mayoría no han sido copados o seducidos por partido político alguno que los comprometa o limite en su decisión.

Milénicos que podrán incidir en la próxima votación, y que, en su proceso de identificación, cálculo y elección, representan una población con el mejor acceso de información y manejo de las tecnologías digitales, y por consiguiente, no pueden quedar excluidos de la plataforma de electores potenciales.

Un elector que se incorpora para fortalecer la esencia del proceso democrático nacional, que, por efectos de su formación, sin un pasado que los condicione, con una objetividad alejada de la partidocracia en decadencia que sólo ha contribuido al alejamiento de sociedad y gobierno, es más que un referente confiable de elección democrática y de compromiso con la sociedad que ahora lo acoge.

Un elector que se suma a la demanda del cambio, porque los males que aqueja al país también los padecen, del que se vislumbra con muchas expectativas que emitirán un voto más que razonado, encaminado a la mejor opción que les garantice su presente y futuro, y, por consiguiente, beneficios compartidos para la sociedad de la que ahora forman parte.

 

CANDIDATOS QUE DIVIDEN

Lo desfavorable en la construcción de éste voto, es que, se están topando con candidatos que no los convencen, que arrastran con su representación política un pasado con el que no se identifican y, sí condenan; porque la historia los informa, y los ubica, aunque en algunos casos los confunde y aleja de esta contienda cívica.

Pasado y presente político que les genera la convicción de que “poco” se puede hacer contra el poder, porque absorben los antecedentes de que los votos sirven, acaso, para poner o quitar gobiernos, pero nunca para definir políticas.

Convencidos de las pocas expectativas para reconstruir el poder que ha conducido a la nación, según los acontecimientos que narra esa misma historia que ya han hecho propia, a la que le adicionan a la que acceden de forma interpersonal, principalmente en el medio en que habita, la de mayor penetración para ellos, aflora un desaliento preocupante para una ciudadanía que apenas se incorpora a esta civilidad.

 

POTENCIAL ELECTORAL QUE HAY QUE INCORPORAR

Ajenos a esta problemática o aplicando cálculos electorales bien definidos, los aspirantes presidenciales aún a sabiendas del potencial electoral de esta población, no se han prodigado en planteamientos bien constituidos, donde la representación de los milenios no figura, ni es considerada como prioritaria, considerándolos sólo como una condición etaria, socioeconómica y tecnológica, y no como una generación del cambio donde se edificará el futuro del país.

Candidatos donde el común denominador de sus participaciones son los ataques personales y la difusión masiva de sus spots sin contenido real de identificación para este sector, que, con su transmisión masiva, les está produciendo un hartazgo, y un rechazo por esta contienda política, que no acaban por comprender y muchos menos identificarse como parte de ella.

 

LA SOBERBIA QUE CONFUNDE

Lo más lamentable de estas actuaciones, son las actitudes de polarización de un candidato, que dé inicio los captó por su cruzada contra la corrupción e impunidad y su lucha permanente por la equidad y justicia social.

Un personaje que, en el camino de sus exposiciones se ha mostrado contradictorio, sin sustento en lo planteado, autoritario, ofensivo no solamente contra sus opositores y todos los que opinan diferente a él, no importando credo o extracto social o económico.

Siendo lo más lamentable de esta conducta que, cuestiona y debilita a las instituciones, fomentado el cierre de los caminos del diálogo, dando paso a la apertura de las protestas que sólo dividen al país.

Actitudes y hechos que, en lugar de incorporarlos y seducirlos en la contienda cívica, los alejan e inhiben para manifestarse y reflejarse en una votación, donde la historia del México autoritario los vuelve a ilustrar y a desanimar sobre la posibilidad de participar.

 

SIN PRESENTE

Una generación del cambio que no se identifica dentro las propuestas de los candidatos, observando ofertas escasas que los vinculen con su esencia de edad, con el mundo competitivo, restringido y hasta excluyente que enfrentan.

Una población que no percibe el compromiso convincente de la construcción de estructuras educativas y sociales que los inserte de mejor manera a ese México convulsionado y limitante que hoy cohabitan.

 

SIN FUTURO

Un futuro que se oferta, donde no son parte de la prioridad, ni se contempla su incorporación inmediata a esa sociedad que ahora los compromete y exige su participación.

Una generación que necesita más atención y un encauzamiento bien delineado para capitalizar sus características y valores que los hace únicos, pero que carecen de una plataforma que les facilite el tránsito para exponer y explotar su caudal de talento, evitando que se sumen a la informalidad y desempleo.

Una generación que busca la oportunidad de perfeccionarse y educarse, porque como señalara el historiador británico Andrew Roberts: “La educación hace que sea más fácil guiar a la gente y muy difícil arrastrarla; sencillo gobernarla, pero imposible esclavizarla”.

Una generación que busca en los candidatos el compromiso de políticas públicas que fomente las condiciones y mecanismos para mejorar su bienestar y sus medios de vida para aumentar la calidad y la cantidad de oportunidades para participar de manera plena, efectiva y constructiva en la vida de la sociedad.

Se habla tanto de los milenios o millennials como se prefiera identificarlos, pero para esta contienda política poco, o casi nada, son parte de ella.

 

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