¿Y la 4T?

Falta de información fehaciente y especializada genera muchas dudas sobre la pertinencia en la toma de decisiones y en los procesos que se pretenden ejecutar

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Pareciera que la cuarta transformación sólo fue un slogan de campaña.
El actual Presidente de México capitalizó la inconformidad de la sociedad con la promesa de cambiar la situación de vida de millones de mexicanos.
Después de 12 años de proselitismo, Andrés Manuel López Obrador demostró su habilidad como político y, a sus seis meses como Presidente, su particular forma de gobernar genera incertidumbre en el sector privado y social, nacional e internacional.
Las promesas de cambio de régimen parecieran materializarse en el cambio de élites políticas, económicas y sociales bajo el liderazgo de una figura centralizadora, el Presidente.
Sin duda alguna, la democracia mexicana se ha consolidado como un sistema político presidencial en el que el representante del Poder Ejecutivo es el personaje más importante en la toma de decisiones en el país y en la proyección de su sociedad hacia un mejor futuro.
Como en toda sistematización, el aprendizaje por prueba y error genera curvas de aprendizaje positivas y distorsiones perversas en la administración pública.
El cálculo estratégico para reducir las distorsiones requiere de la coordinación de dos tipos de acciones: Políticas y administrativas.
Andrés Manuel López Obrador ha demostrado su experiencia política.
Su discurso genera resonancia en la población que no ha sido beneficiada con el desarrollo nacional y el principio de su administración generó expectativas de cambio para la misma.
En el discurso de la cuarta transformación se prometen cambios necesarios, como la atención a grupos vulnerables, disminución de la desigualdad y, sobre todo, un cambio incremental en la participación de la sociedad en la vida democrática del país.
En la praxis se nota un distanciamiento entre el discurso y la toma de decisiones.
Este distanciamiento se observa en la diferencia entre el ejercicio político y la administración pública.
Los discursos de las mañaneras del Presidente generan una expectativa de cercanía con la población.
El Presidente, cada mañana, encara a los medios de comunicación y sus dudas sobre el actuar del gobierno, lo que genera la sensación de aproximación social que la población mexicana demanda.
Estas presentaciones diarias establecen la agenda del día, pero también visualizan la falta de conocimiento técnico del actual gobierno.
La información expuesta no coincide con los datos públicos.
La falta de información fehaciente y especializada genera muchas dudas sobre la pertinencia en la toma de decisiones y en los procesos que se pretenden ejecutar.
La idea general de una transformación política, económica y social es plausible.
Sin embargo, la falta de diagnósticos confiables en la toma de decisiones genera incertidumbre; pareciera que se decide por intereses o percepciones presidenciales respecto a las coyunturas nacionales e internacionales.
Existe una gran diferencia entre el proceder político y administrativo.
El primero son las promesas de cambio y el segundo es la ejecución para ocurra el mismo.
El actual gobierno pareciera no entender esta diferencia, lo que no permite generar sinergia para cumplir con la llamada cuarta transformación.

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