Y ahora Peña se topa con la mafia rosa

Hoy se rasgan las vestiduras y riegan ceniza sobre su cabeza porque las iniciativas presidenciales los escandalizan, sin embargo, el Papa Francisco dijo ‘¿Quién soy yo para juzgarlos?’

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Un hecho ominoso dio la bienvenida a las iniciativas del Presidente Peña Nieto (“campanazo”, le llama Roberto Cruz en  IMPACTO, La Revista, para combatir la discriminación y contra la homofobia): en la madrugada dominical 3 sujetos no identificados ingresaron a un bar gay en Xalapa y asesinaron a tiros a 4 personas y dejaron lesionadas de gravedad a otras 10.

No hay relación alguna de este evento con lo ocurrido el día anterior en Cuernavaca: el obispo Ramón Castro Castro encabezó una marcha en la que aprovechó para reclamar al Congreso morelense la aprobación de los matrimonios entre personas del mismo sexo.

“Vendieron sus conciencias”, dijo el dignatario que paseaba por las calles de la capital morelense enfundado en su coqueta sotana púrpura.

Como si no bastara, en su semanario ‘Desde la Fe’, la Arquidiócesis de México calificó de “falsos” los derechos a casarse de las personas del mismo sexo; el redactor del editorial del semanario del cardenal Norberto Rivera Carrera mostró su sorpresa y preocupación porque el gobierno de Peña Nieto ordenara a la SEP introducir en la educación de los niños la “destructiva y perversa ideología de género”, y a la Secretaría de Relaciones Exteriores para que México forme parte del Núcleo sobre las Personas Homosexuales, Lesbianas, Bisexuales, Transgénero o Intersexuales de la ONU.

En el contexto del editorial, el aborto, los matrimonios sexuales (no mencionó la adopción de niños) son “atrocidades”.

Me dirán que la masacre en la capital de Veracruz no tiene relación con la homofobia del obispo de Cuernavaca y con el semanario “Desde la Fe”, y que cometo un despropósito al mezclarlos en esta Liturgia.

No hay tal despropósito, en buen porcentaje, podríamos decir que en 100 por ciento, la homofobia mexicana la debemos a  la influencia en nuestra educación de la Iglesia Católica, una institución reñida con la mujer, a pesar de que su fundador vivió, al menos su etapa pública hasta la muerte, rodeado de mujeres; si hemos de creer al Nuevo Testamento, fue una mujer quien primero lo vio al resucitar. Los apóstoles ni siquiera atinaban a reconocerlo.

¿Qué hay atrás del sorpresivo impulso del gobierno de Peña Nieto a la diversidad sexual, de la que es pionero Marcelo Ebrard?

Supongo que no son cuestiones electorales porque la opinión del obispo de Cuernavaca y del semanario de la Arquidiócesis es compartida por la mayoría de los electores.

Es cierto, Peña Nieto no incluyó esta revolución sexual en su Plan de Gobierno ni lo tocó en sus discursos de campaña, como tampoco sus iniciativas responden a un clamor nacional.

Pero igual pasó cuando Carlos Salinas reformó el 130 Constitucional que restituyó sus derechos a los curas. El pueblo mexicano, católico y guadalupano, pero anticlerical, no tenía el menor interés en ver a sus curas metidos en política, pero el mandatario creyó conveniente abrir las puertas de las sacristías y los curas, lejos de protestar por la reforma, salieron en tropel para meterse hasta la cocina en todo. Y qué bueno que así sea.

Hoy se rasgan las vestiduras y riegan ceniza sobre su cabeza  porque las iniciativas presidenciales los escandalizan, sin embargo, deberían mostrar un poco de caridad hacia los homosexuales, como lo hace su jefe espiritual y político, el Papa Francisco. “¿Quién soy yo para juzgarlos?”, dijo.

Y, en todo caso, la historia de la machista Iglesia Católica está tan manchada por los escándalos  sexuales (y no nos detengamos en Marcial Maciel y sus congéneres) que mejor debería guardar silencio.

No es necesario ir muy atrás en la historia, basta recordar que enero de 2014 se habló de un “lobby gay en el Vaticano” (el ex jefe de la Guardia Suiza, Elamr Maader, lo calificó de “sociedad secreta que pone en peligro la seguridad del Papa”, y el propio Pontífice se habría referido en algún momento a su existencia). En el pasado se le conoció como “mafia rosa”.

Conforme a una versión periodística que aún espera un desmentido categórico, Francisco habría reconocido que “En la curia hay gente santa, de verdad, hay gente santa. Pero también hay una corriente de corrupción, también la hay, es verdad. Se habla del ‘lobby gay’”.

Nuestra educación católica nos coloca en sintonía con el pensamiento del cardenal de Cuernavaca y la Arquidiócesis, pero a diferencia de ellos creemos que los mexicanos tienen derecho a casarse con quien les venga en gana y que, en todo caso, sea el Congreso y no el dogma religioso quien determine si la ley los protege o no.

En todo caso, los curas católicos deberían pelear su derecho a casarse, quizá así la Iglesia se ahorraría escándalos tan vergonzantes como los que cualquiera conoce.

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