Y ahora la pasarela de precandidatos priístas

Supuesto no tiene que ver con información privilegiada o confidencial de algún militante del tricolor de relieve

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Sólo falta que, en el colmo de la innovación, el PRI reinvente la ridícula pasarela de precandidatos presidenciales que singularizó la sucesión de Miguel de la Madrid.

Si Enrique Ochoa Reza lo propone, y es aceptado por delegados o consejeros, como fatalmente ocurre en el PRI, tendremos oportunidad de presenciar el penoso espectáculo que, en aras de la institucionalidad, los presidenciables se verán obligados a protagonizar.

Un desfile de nacidos para perder repitiendo, hasta el hartazgo, el por qué quieren gobernar al país y el proyecto que proponen.

Todo esto, conscientes de que la decisión ha sido tomada de antemano y que sólo forman parte de una escenografía desechable.

Así son los priístas, y no tienen remedio.

La pasarela de Miguel de la Madrid obligó a desfilar a Manuel Bartlett, Alfredo del Mazo, Sergio García Ramírez y otros que ya no recuerdo. Lo hicieron a sabiendas de que la candidatura estaba decidida a favor de Carlos Salinas, sin duda el mejor de ellos.

Han pasado 30 años y la pasarela será, a menos que la cordura se imponga en el último momento, la segunda novedad de 2018 después de la apertura de la candidatura a ciudadanos simpatizantes, esa suerte de personajes sin tacha a los que, pese a todo, incluidas las corruptelas de muchos, el PRI les cae a toda madre.

Tengo mis dudas, pero habrá pasarela a condición de que los aspirantes, que hoy sospechan que ya no están en la competencia, estén dispuestos a representar el rol de sus antepasados del sexenio de De la Madrid.

Sin embargo, por más que lo intento, no imagino a Miguel Osorio Chong, Manlio Fabio Beltrones, Aurelio Nuño y Eruviel Ávila subiendo a la pasarela para competir contra el simpatizante sin mácula que el PRI haya ubicado, el que sea, para rogarle que lo saque de la barranca en donde podría pasar, por lo menos, otros 12 años, o quedarse para siempre.

El supuesto de la pasarela no tiene que ver con información privilegiada o confidencial de algún priísta de relieve; sólo se me ocurre porque estamos en temporada de innovación.

Si, por sus corruptos, el PRI no puede mantenerse en el poder saldrá a la calle y colocará un anuncio solicitando simpatizantes con prestigio de gente honorable, no más; el siguiente paso será colocarlo al lado de un grupo de priístas para que, por contraste, la sociedad descubra que, en efecto, lo que más conviene al país no es quien haya sido priísta toda su vida, o de tiempos recientes, sino aquel que no sufrió contagio pese a haber desempeñado función pública al lado de priístas que almacenan en su organismo el virus de la corrupción característico de los militantes tricolores.

Y, así, el círculo se habrá cerrado.

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