Vienen por la soberanía Trump y Kelly

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Por muchas razones, México no tendrá un Plan Colombia; podía ser peor por nuestra situación geográfica y la hostilidad con que fue recibido Luis Videgaray Caso en su segundo viaje a Washington.

Por segunda vez, el anfitrión Donald Trump saboteó al invitado, ahora con la sentencia: “El muro se está diseñando en estos momentos; no es broma”; en reciprocidad, John Kelly, secretario de Seguridad Interior, llegará hoy, a la CDMX, con un proyecto, bajo el brazo, de ayuda militar en sitio, en el ánimo del Plan Colombia, con resultados concretos para EU en el combate al crimen organizado en México… pero no se habla del control de la demanda, de reducir drásticamente las adicciones y, en consecuencia, el consumo de la población norteamericana, esclavizada por la heroína, metanfetaminas (crack), cocaína y mariguana.

Vienen tiempos muy duros, con discursos que un instante serán dulzura y que, al momento, cambiarán a veneno. Tenemos escasas tres semanas de autocracia y ya probamos la locura abominable que nos mete en tensión por nuestra condición de frontera, a lo largo de 3,200 kilómetros, con Estados Unidos.

Se ve la intención en el cuadro ofensivo de Trump con Kelly, James Mattis, secretario de la Defensa, Stephen Bannon, asesor de seguridad, el Goebbels de Donald, Joseph Dunford, jefe del Estado Mayor Conjunto, y Rex Tillerson, secretario de Estado; indudablemente, eso dispara el riesgo de una presencia militar dominante; una vez que se les permita poner el primer pie será imposible de revertir.

Por esa sola razón, la entrega de la soberanía de Colombia con siete bases y asentamientos militares apuntando a Venezuela se quedará corta en comparación con nuestra realidad, hasta el momento en teoría.

¿Qué debemos hacer..? Meditar bien las piezas a mover; preparar los ases bajo la manga; NO precipitar respuestas que hasta el momento han servido para provocar al provocador y tener mucha paciencia. Las marchas sirven para los protagonismos y la catarsis de los que necesitan regresar tranquilos a sus casas sin arriesgar nada. Olvidémonos de eso.

A la tensión permanente que vivimos con Trump habrá que sumar la cuasi devoción histórica de las Fuerzas Armadas de México al poderío militar de Estados Unidos.

Comenté en este espacio, el martes, los mensajes, en la prensa, del general secretario Salvador Cienfuegos Zepeda para “ilustrar” la amistad, de años, con James Mattis; pues el miércoles se dio una llamada de cortesía junto con el titular de la Marina, Vidal Soberón Sanz, un protocolo de cooperación que en la atmósfera viciada por el presidente de EU puede tener cualquier interpretación posible.

Reitero, y NO lo duden: Una vez que se permita poner un pie a equipo y personal militar norteamericano, en cualquiera de sus niveles, aún con el pretexto de capacitación o estrategia, fuera de los acuerdos diplomáticos actuales, no habrá marcha atrás.

NO se trata de unidad nacional ni de porristas en las calles. La Secretaría de Marina no debería perder el tiempo al prefabricar propaganda patriotera, como lo muestra el oficio 751, enviado por el comandante de la Primera Región Naval, Fernando Castañón Zamacona (http://ow.ly/TDjf308MqIi), donde ordena, por instrucciones del área de Comunicación Social del almirante Vidal Soberón Sanz, que todo el personal de la institución deberá utilizar la Bandera de México en las “redes personales” de Facebook, Twitter, WhatsApp e Instagram, además del hashtag #TodosSomosMexico.

Si esa es parte de la estrategia de defensa, los gringos deben estar muertos, pero de risa. Todo este boudeville, que incluye mentarle la madre a Trump, marchar para que vea que somos muchos los indignados, poner banderitas en los perfiles, nos olvida de nuestros grandes pendientes y de lo poco que hacemos para ser autosuficientes, amén del aumento de la corrupción, lugar 123 de los 176 países ranqueados, y el hecho de que, en los últimos dos años, los plantíos de amapola, planta que da origen a la heroína y otros opiáceos, aumentaron, en un 70%, en el Triángulo Dorado, conformado en la intersección de Sinaloa, Durango y Chihuahua, y, por supuesto, de que NO somos capaces de exigir al gobierno federal los proyectos para refinar, al menos, el 100% de la gasolina que consumimos, siendo un país petrolero.

¿En qué momento caímos en esta situación..? NO sólo se trata de Donald Trump; Canadá también es una de sus enormes fronteras y ni de lejos vive nuestra pesadilla.

 

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