Videgaray no necesita el título de canciller

Habrá que esperar a que avancen las negociaciones, pero no debemos dejar de lado la precisión de Videgaray de que las decisiones que toman Trump y sus colaboradores son unilaterales, y que en todo caso, nosotros debemos tomar las nuestras

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Luis Videgaray no necesita títulos para que le sea reconocido su alto coeficiente intelectual, su capacidad de maniobra  y supervivencia políticas, prendas suficientes como para, en el peor escenario suyo y del país, albergar posibilidades de que en 2018 sea una de las cartas que juegue el Presidente Peña Nieto.

Tal vez sea el curso intensivo a que se sometió para, sin experiencia, conducir al servicio exterior mexicano, o quizá la propensión de los funcionarios del más alto nivel burocrático a adjudicarse apodos que la Constitución no contempla, pero ayer Luis Videgaray inició su comparecencia en el Senado ostentándose como el “Canciller de la República”.

Es un error inimaginable en alguien como él.

La Cancillería no existe y, por consecuencia, el Canciller tampoco, al menos en el sentido que lo usan los secretarios de Relaciones Exteriores.

Precisamos cuando Claudia Ruiz Massieu despachaba en Relaciones Exteriores que Canciller es un puesto no muy menor, pero lo suficiente como para aparecer hasta el Título Tercero, Capítulo Único, De la Organización de las representaciones de México en el Reglamento de la Ley del Exterior de la Ley del Servicio Exterior Mexicano.

En el artículo 17 aparece en el inciso II el “Jefe de Cancillería o Representante alterno”, antes de los agregados militares, etcétera.

El reglamento, que data del 23 de agosto de 2002 y cuya última reforma fue el 18 de julio de 2014, no reconoce al Secretario de Relaciones Exteriores el título de Canciller, y eso que el titular era Jorge Castañeda, cuyo ego es inconmensurable.

Además, la Constitución nada dice sobre la Cancillería.

Canciller es Angela Merkel, la jefa del Gobierno alemán u Otto von Bismarck; ni siquiera Charles Maurice de Talleyrand, considerado el padre de la diplomacia moderna, se adjudicó el título de canciller, y eso que fue 4 veces Ministro de Relaciones Exteriores de Francia.

Pero más allá de esta minucia, lo importante es que Videgaray acudió ayer ante los senadores a precisar la posición del gobierno mexicano ante Donald Trump.

Advirtió el Secretario del error de confundir “las buenas formas de la democracia y de la diplomacia con la falta de firmeza. Que no se confunda la prudencia con falta de claridad. Que no se confunda la falta de estridencia con la falta de estrategia”.

Y luego añadió que el Presidente Peña Nieto y su gobierno enfrentan el reto histórico con claridad de miras y de estrategia.

Ya era tiempo de que Videgaray, Canciller o Secretario, precisara en el Senado cómo está jugando sus cartas el gobierno de Peña Nieto ante el impredecible proceder del mandatario norteamericano y sus subalternos.

La falta de claridad, dijo Videgaray, es en todo caso de las contrapartes norteamericanas de las mexicanas; es decir, de Trump para abajo.

Desde luego no dejó contentos a todos los senadores, pero al final de cuentas lo que importa son los resultados. Habrá que esperar a que avancen las negociaciones, pero no debemos dejar de lado la precisión de Videgaray de que las decisiones que toman Trump y sus colaboradores son unilaterales, y que en todo caso, nosotros debemos tomar las nuestras.

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