¡Van a ver!

AMLO no es un peligro para el país; es una amenaza; ¿de qué será capaz ya investido con las facultades presidenciales?

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Andrés Manuel López Obrador. No es exigible, ni de esperar, la perfección en nadie, pero…

Fernando se llamaba un primo hermano de la abuela Virgen (la materno-toluqueña, la de los siete embarazos); era un viejito muy educado, vestido siempre como si fuera a una boda (daban ganas de salir gritando, nomás de verlo en Acapulco, de traje, con chaleco, corbata y sombrero de bombín). Al tío Fernando en la familia le decían “El Loco”, porque de joven, como de 16 años, se enamoró de una niña de 12 a la que declaró su amor en prosa y en verso, hasta ser correspondido con un beso “castísimo” en la mejilla, según contaba él mismo, con mirada de éxtasis, pero, pasados tres años y algunas centenares de cartas, su no inmóvil amada, a los 15 contrajo nupcias con un Capitán del cuerpo de caballería que debe haber montado muy bien. El tío Fernando retó a duelo al Capitán y se batieron a pistola, sable y puñetazo limpio, varias veces, sacando él siempre, la peor parte (“El Loco”); no se casó ni novias tuvo, diciendo que su corazón dueña tenía (“El Loco”), y que suya sería tarde o temprano, como sin darse cuenta que la núbil pasó a matrona con siete hijos y a viuda ya con varios nietos, que fue cuando, pasado prudente lapso (un año), se le presentó -ya setentón-, a requerirla de amores, a lo que ella muy tierna  respondió cerrando la puerta: -No seas ridículo –y el tío, poco después murió, no, no de amor sino por una innoble disentería (diarrea). Hay gente así.

Nada de malo tiene que el Pejehová esté empecinado en ser Presidente de la nación. Cada quien sus gustos. Tampoco que predique la virtud de la santa pureza en cuestión de dineros públicos. Al contrario. Lo que no sabe uno es si se trata de un loco enamoramiento patrio, o de necedad de vendedor de autos usados, de esos cuya garantía expira al salir del lote la unidad.

No es exigible ni de esperar la perfección en nadie, cuantimenos entre políticos (ni estamos buscando cuñado ni yerno). Además: Es verdad probada que no pocos personajes llenos de defectos y vicios privados, en su desempeño público han sido ejemplares (a volapié: Recuerde usted que el enorme Winston Churchill, a fin de cuentas, era un borrachín… sí, pero tratándose de servir a su patria, un gigante).

Del Pejesús dan lugar al recelo y la sospecha, cosas como su constante cambiar de partido (PRI, PRD y Morena, que si quiere no lo cuente, porque es suyo de su propiedad); y haber hecho y desecho alianzas (el FDN -Frente Democrático Nacional-, con el PMS -Partido Mexicano Socialista-, y el PPS -Partido Popular Socialista-; aparte del PFCRN -Partido del Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional-; sin contar otras alianzas con el PVEM; PT; Convergencia por la Democracia; PCD -Partido de Centro Democrático-; PSN -Partido de la Sociedad Nacionalista-; y el PAS -Partido Alianza Social-); no se puede dejar de lado esto, porque es muy difícil que le salgan con defecto de fábrica todos los coches que compra… o no sabe manejar o es voluble, cual pluma la viento.

Otro asunto es su constante reclamo de fraude electoral, que no es difícil le asista la razón y le hayan hecho alguna trampita (¡2006!), ya ve que los mapaches nacionales, pudorosos no son, pero entre sus huestes también hay marrulleros, por supuesto, de la misma calaña que los de cualquier otro partido (¿o sus operadores son de Suecia o Dinamarca?… se pasa).

También preocupa su insistencia en que él y sólo él, es la esperanza de la patria. Él y sólo él, tiene la solución para todo, rápida y fácil. No fueron así los resultados de su gobierno de la capital del país: no fue del todo malo, no fue del todo bueno, pero el entonces DF no se transformó en el Edén gracias a su gobierno. ¿Por qué hemos de creerle que nos llevará a la tierra prometida?

Su calidad de líder de masas es indudable… ¿y?… la historia enseña que arengar y encender muchedumbres no garantiza nada.

Su habilidad para mentir también es indudable… ¿y?… la historia enseña que grandes mentirosos han sido héroes y mártires (no se enoje: Gandhi entre ellos); pero él miente, sin duda y en no poco, por lo pronto en cómo rayos le luce tanto el dinero. La cursilada de que es un ave que cruza el pantano sin manchar su plumaje, es una mentira mal dicha: bastantes prietitos tiene su arroz (sus fieles no tienen que aceptarlo; sus detractores no debieran magnificarlos). Lo grave no es que su honestidad sea la estándar del político promedio (no es un demonio, pero tampoco el ángel que pretende ser).

Lo grave es que él sí cree que es un impecable de la política. Si uno viera que simplemente es otro político de los que ya conocemos… con no saludar, pero lo alarmante es que aun sin mala intención, a fuerza de tanto mentir, a fuerza de tanto pretender, ha acabado descomponiendo su cerebro, por lo que le resulta inaceptable cualquier crítica. Sólo acepta a sus incondicionales a los que estén de acuerdo con él, en todo, siempre.

¿Nos echamos el albur?: Si cuando intentaron hacerle esa mala maniobra del desafuero fue capaz de parar al Congreso, la Corte y Presidencia, nomás por sus nobles calzones. Si fue capaz de jurar el cargo de “Presidente Legítimo”, tras votación a mano alzada de una multitud en el Zócalo. Si se atrevió a instalar una “Asamblea Soberana”, con una comisión para realizar un “plebiscito constituyente” (en sustitución del Congreso de la Unión).

Si se atreve a descalificar al Ejército. Si su respuesta a cualquier disenso es la descalificación o el insulto. Si es capaz de desconocer a sus hermanos de sangre (“yo ya no tengo esos hermanos”, dijo en mayo de 2016, porque uno de ellos apoyó a un candidato del PRI en Veracruz)… Si se atrevió a tanto e impunemente, sin tener ni cargo ni real poder, aparte de su poderosa lengua.  ¿Se imagina de lo que será capaz ya investido con las facultades presidenciales?…

No es un peligro para el país, es una amenaza, no porque sea malo (uno qué va a saber), sino porque sí cree que es el Papá Grande de México y nosotros, debemos ser pueblo bueno, dócil y obediente, si no, se enoja y… ¡van a ver!

 

 

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