Unidad monolítica a los 84 años del STPRM

Firma, con Pemex, de Contrato Colectivo de Trabajo sin mayor contratiempo, última demostración

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Con cariño y lealtad desde la 53

 

A despecho de oportunistas convencidos de que la cuarta transformación ha creado condiciones óptimas para dar rienda suelta a sus ambiciones de poder, no obstante carecer de presencia en el gremio petrolero, y por funcionarios deseosos de parecer innovadores, pero ignorantes de la existencia de tratados internacionales en materia laboral, el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana cumplió 84 años monolíticamente unido en torno a su líder, Carlos Romero Deschamps.

La última demostración de esta unidad la ofreció en la firma, con Pemex, del Contrato Colectivo de Trabajo sin mayor contratiempo, a pesar de las embestidas mediáticas y acusaciones, sin fundamento, en instancias legales, cuya única intención es desestabilizar y, como decía el español, joder por joder, creyendo que al hacerlo dan gusto al jefe de la cuarta transformación.

Nada hubo por parte del sindicato que inquietara a inversionistas o pusiera en alerta a las calificadoras extranjeras que se han ensañado con Pemex en el último año, y no por cuestiones inherentes a los trabajadores.

Las negociaciones se realizaron en las mesas instaladas para el efecto, pero las de fondo, las que realmente inciden en la vida del país, se acordaron ahí en donde el Presidente sabe que sólo se trabaja para él, y no para otros intereses.

A la vista de los mexicanos quedó evidente     que el clima de paz laboral que distingue a la industria petrolera nacional tiene que ver con la convicción del sindicato y sus dirigentes de que por encima de cualquier interés, incluso el propio, están los del país y Pemex.

La demostración de la unidad sindical se reflejó en las asambleas informativas de las 36 secciones del STPRM. Los petroleros apoyaron clamorosamente lo firmado por Romero Deschamps con el director de Pemex, Octavio Romero Oropeza, convencidos de que su dirigente siempre ha buscado lo mejor para el gremio y que en esta ocasión lo obtuvo, como lo ha conseguido en el pasado.

El ambiente en las asambleas no alcanzó lugar en los medios de comunicación porque desmentía las campañas mediáticas y ciertos informes oficiales de supuesto descontento en el gremio.

Sin duda que hubo, incluso dentro del gobierno de López Obrador, quienes, irresponsablemente, habrían disfrutado de la inconformidad de los trabajadores petroleros y que se hubiese manifestado con marchas, plantones y la paralización de instalaciones, como acostumbran otros gremios para presionar al gobierno sabiendo que al final cederá.

Para fortuna del país, estos irresponsables se quedaron con las ganas de paralizar a la industria petrolera porque la respuesta de los trabajadores y sus dirigentes fue mantener la paz laboral que el Presidente necesita para poder reconvertir a Pemex en el motor de la economía nacional y cumplir con sus promesas de campaña.

Hoy, a 84 años de la existencia del sindicato petrolero, la unidad de los trabajadores y su dirigencia es más sólida incluso que en las aciagas épocas en que regímenes panistas y también priístas intentaron, por todos los medios, apoderarse del sindicato, pero la gran noticia para el gobierno y Pemex es que gracias a esa unidad monolítica en torno a Romero Deschamps, que, como dicen sus compañeros petroleros, “con sabiduría y una gran visión, pero sobre todo con un gran temple a la hora de tomar decisiones, se ha ganado, a pulso, la admiración y el respeto de propios y extraños”, es que hay paz laboral en la industria petrolera y tranquilidad en el país.

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