Una sana distancia

Transformación que se espera para México debe conllevar sensibilidad, habilidad y talento

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Jesús Reyes Heroles. ‘No queremos luchar con el viento, con el aire; lo que resiste apoya; requerimos una sana resistencia que nos apoye en el avance político de México’

Desde hace más de un siglo, México transita más que por una consolidación democrática, por una transición, un cambio profundo en las estructuras y procedimientos políticos que surgieron como consecuencia de la Revolución de 1910.

Corresponde a Plutarco Elías Calles sustentar la política por la vía de las instituciones, iniciando un control partidista, un mando de poder que se perpetuaría por más de 70 años bajo un esquema de partido único, con el cobijo de un sistema presidencialista absolutista, que fue retocando la democracia para subsistir.


El movimiento estudiantil de 1968, detona una palanca de presión al régimen político, empujándolo de manera inequívoca al umbral de la competitividad, trastocando el factor clave de control político del sistema de los partidos en México, y, en especial del Partido Revolucionario Institucional (PRI) que “maquillaba” en el tiempo su estancia de mando para perpetuarse.

La muerte de Luis Donaldo Colosio generó un reto político de enorme consecuencias para el partido en el poder, que tuvo que enfrentar Carlos Salinas de Gortari aún en contra de sus proyectos de trascendencia de dominio, una reconstrucción que le significó la pérdida paulatina de sus férreos controles; la popularidad de un gobierno que empezó a padecer el  desmoronamiento de su legado de modernidad y eficiencia económica; teniendo que edificar los puentes de coexistencia de un sistema social que devolviera a los mexicanos la confianza en la política, bajo un costo invaluable de la cesión sistemática y paulatina del poder y una presencia más sistemática del cambio

Un predominio que se empezó a diversificar en 1997 en el Poder Legislativo, permeando en los Estados de la República con el ascenso de gobernantes de la oposición, hasta la alternancia en el Ejecutivo federal que capitalizaría Vicente Fox Quesada en el año 2000, donde el Partido Acción Nacional (PAN) y  el Partido de la Revolución Democrática (PRD) fundamentalmente, fueron los promotores de generar el empujón final para arribar a la evolución política mexicana, apuntalando una democracia bajo una pluralidad partidista que no supo convivir con este legado, dando como resultado una parálisis política con sus consecuencias económicas y sociales para la nación.

 

NUESTRA DEMOCRACIA

El México de hoy en día, antecesor de la “Cuarta Transformación” que empuja el próximo Presidente de la República, se ha sustentado bajo una democracia contemporánea cuyos pilares de construcción se edificaron bajo la conducción de la representación política.

Una plataforma social donde los partidos políticos son concebidos como organizaciones de perfil para agregar y estructurar demandas, para canalizarlas hacia las esferas donde se toman las decisiones públicas.

Una representación fundamental para promover los consensos y enlaces entre la sociedad y el gobierno que permita construir el bienestar público, esencial en cualquier vida pública democrática.

Agrupaciones políticas que lamentablemente y en perjuicio de su conformación y sustento, evolucionaron de manera oportunista y de temporalidades con el objetivo fundamental de ganar elecciones, bajo las alianzas electorales como estrategia sustantiva dominante durante las últimas tres décadas.

 

LA ALTERNANCIA

Actuaciones y acciones que les permitieron generar la alternancia en los gobiernos de los Estados, con alianzas por encima de sus diferencias ideológicas y de sus tradiciones políticas; tratando de responder a un aumento de competitividad y asegurar un resultado exitoso; pero sin beneficios tangibles para sus gobernados y fortalecimiento del régimen democrático.

Una mutación en el poder infructuosa e improductiva socialmente hablando, ya que simplemente han servido para “naturalizar” y “normalizar” las viejas prácticas de poder en los nuevos gobernantes, empoderándolos con los resultados de saqueos e ineficiencias en el manejo de sus recursos ampliamente conocidos: uno de los factores de descomposición y distanciamiento entre sociedad y gobierno.

Un sistema político que ha venido evolucionado desde el autoritarismo hacia la implantación progresiva de un sistema democrático, con un régimen de partidos multipartidistas; dominados por una burocracia que soslayó su esencia de representación, seducidos por la preservación de sus privilegios y espacios de poder, y que en la reciente elección presidencial, reciben en pago el rechazo unánime de sus representados.

 

REPRESENTACIÓN FALLIDA

Una representación política que vaticinaba su ocaso con mucha antelación el ex panista Francisco Búrquez Valenzuela, cuya crítica exhibía a la representación en los gobiernos, congresos en los tres poderes, definiéndolos: “Están pasmados, viven en una burbuja que es recreada por el dinero y los privilegios indebidos”.

Una agrupación de representación agotada por la corrupción que ha invalidado toda la vida pública gubernamental, como la diagnosticara un panista de larga trayectoria como Ernesto Ruffo Appel.

Una congregación sin rumbo y compromiso como señalara Juan Ramón de la Fuente, enfatizado que: “Los partidos se han distanciado de sus bases, se enfocan en sus guerras intestinas, en pelearse por quién es el candidato y las ideologías han dejado de jugar un papel importante, incluso las visiones de derecha y de izquierda se han perdido”.

Bien lo señalara la Diputada federal del blanquiazul Marcela Torres Peimbert, se cosechó y se recoge la siembra: “La voluntad de los mexicanos fue clara el 1 de julio: quisieron un cambio completo de lo que habían conocido como Gobierno”.

Elección presidencial donde se impuso Andrés Manuel López Obrador, obteniendo mayorías significativas y definitorias para el Movimiento Regeneración Nacional (Morena) en las Cámaras de Senadores y Diputados, predominando en varios Congresos de los Estados, desdibujado con esta nominación el sistema partidista mexicano, en un proceso de legalidad y legitimidad que posiblemente ya no se pudiera repetir en algún tiempo.

Con este resultado electoral, las tres opciones políticas que dominaban el escenario político nacional: PRI, PAN y PRD, han perdido su presencia, reduciendo al mínimo su militancia, adeptos, voz y voto; preocupados más por evitar la extinción como partido que, conformar el contrapeso legislativo que equilibre el manejo del poder que se avecina y que se requiere en la actualidad.

Por ese sendero se desplazan las coaliciones que tenemos en la mesa, no son alternativas coherentes que puedan el día de mañana estructurar el diálogo en el Congreso, ante un avasallamiento de los morenistas que con su mayoría han nulificado a la oposición: pronosticando la muerte del pluralismo, generando con el tiempo la estocada final para parte de la tripleta antes reseñada, que reguló políticamente al país por muchos años.

 

DEMOCRACIA EN RIESGO

Con visos de preocupación, analizando el escenario político actual, Lorenzo Córdoba Vianello consejero presidente del Instituto Nacional Electoral (INE), acota: “Donde hay un sistema de partidos en crisis, la democracia está en la misma situación”.

Y esa crisis es la que se debe evitar con los contrapesos debidos que solamente hoy en día, pueden generar una sociedad informada, analítica, dialogante y combativa, que haga valer sus derechos.

La cuarta transformación se encamina sin reparo alguno, para corregir la larga era del neoliberalismo 1983-2018 que cambió los objetivos del sistema del bienestar social a la estabilidad macroeconómica: del Estado al mercado.

Su bandera de actuación, es un proyecto nacionalista de beneficios prioritarios para un sector de la población, evadiendo las responsabilidades de un manejo responsable de las variantes económicas y financieras de las que no se puede sustraer el país sin sufrir quebrantos.

Desaciertos que se trasladarían inevitablemente a todos los mexicanos, por la aplicación de decisiones no consensuadas, ejecutadas de manera impositiva, traduciéndose en el corto plazo en la pérdida de la estabilidad económica y el inevitable surgimiento de un autoritarismo de signo distinto a los procesos democráticos que vivimos actualmente, donde no se puede ignorar escenarios negativos.

Porque como señalara Jesús Reyes Heroles: “No queremos luchar con el viento, con el aire; lo que resiste apoya, requerimos una sana resistencia que nos apoye en el avance político de México”.

Una sana resistencia que defienda la democracia, el federalismo, las libertades y los derechos, construidos y abrazados desde hace mucho tiempo.

Una sana resistencia que evada la arquitectura institucional que incita al conflicto y a la división, donde todos pierden.

Una sana resistencia que nos permita construir un país en armonía, en la búsqueda inequívoca del bienestar y seguridad; desterrando y castigando la corrupción e impunidad que tanto daño ha hecho al país.

Porque la transformación que se espera para México debe tener la sensibilidad, habilidad y talento necesario para que se sienta como una leve modificación del pasado, y no la turbulencia con incertidumbre que se está padeciendo actualmente.

 

 

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