Una historia conocida

Lejos de las formas y fondo institucional periplo de presidente electo; plagada de promesas y buenas intenciones filosofía de actuación

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‘Nada hay más distinto a un buen político que un buen funcionario, porque los talentos del burócrata son la torpeza del político’, la sentencia de filósofo Max Weber a superar

Con una filosofía de actuación plagada de promesas y buenas intenciones, respaldado por la legalidad y legitimidad de su triunfo electoral para ejercer la Presidencia de la República, Andrés Manuel López Obrador ha iniciado un periplo lejos de las formas y fondo institucional, en un esfuerzo por anticiparse y someter al tiempo para consolidar su “Cuarta Transformación” con la que pretende modificar al México inequitativo, corrupto e ineficaz que, según su diagnóstico, prevalece hoy en día.

Una adecuación del poder y actuación presidencial para la consumación de sus fines que, muchos aplauden y, otros dudan de su consumación, por sus efectos de aplicación, ya que están inmersos muchos intereses que deben ser consensuados, con los equilibrios necesarios que fortalezcan al país en su conjunto, para evitar un naufragio a mitad del camino o un final de bancarrota económica: ambos escenarios de pronóstico desastroso para la nación.


Una adecuación para la que retoma un panorama largamente captado en sus continuos recorridos por el extenso territorio nacional; casi siempre en poblaciones marcadas por la carencia, el saqueo o el infortunio; teniendo una inclinación intrínseca por el sureste y en especial por Tabasco, su tierra natal; amén de su experiencia como jefe de Gobierno del Distrito Federal, donde convivió, manejó y padeció el intrincado mundo de la administración pública.

Situaciones además de ilustrativas, pletóricas de experiencias y desencantos, a los que suma como proceso más aleccionador el doble intento fallido por arribar al Ejecutivo federal, un reparo que, lejos de minar y postrarlo ante el fracaso, orillándolo casi al retiro; le redituó en fortalecimiento de su condición innata de líder social y de político avezado; fomentándole una férrea decisión por ascender a la Presidencia de la República que, en su tercer intento logró consumar con más historia, pero menos espacio del reloj humano.

 

DETONACIÓN

Antes de asumir su mandato constitucional, detona una política de hechos que no acepta reparos, concebida por la suma de experiencias y el estudio permanente de la problemática nacional; aplicando un esquema largamente imaginado y diseñado, encaminado hacia el modelo de país que quiere reconstruir.

Un diagnóstico donde no puede evitar mirar y sustraerse del pasado, teniendo presente todas las carencias que quiere resarcir, apostándole al futuro de buena voluntad.

Pretendiendo reconfigurar un gobierno que rescate a los pobres del desequilibrio inequitativo que prevalece en la repartición de la riqueza nacional, aunque en esta empresa trastoque a las instituciones y a un sistema financiero que no tiene nacionalidad, ni principios de caridad, que no apuesta a los buenos propósitos y que, es más que indispensable para el funcionamiento y desarrollo de cualquier país, prosigue con su camino de desafíos.

Resultando temerario pretender la separación de lo político de lo económico, ya que se generan desequilibrios de estabilidad y confianza, donde los mercados financieros emigran cuando se vulneran estos valores, con las consecuencias de descapitalización y el desencanto de futuras inversiones tan indispensable para el desarrollo de cualquier economía.

Una obsesión que no ve, ni admite observaciones, porque el tiempo del que dispone es sumamente corto para consumar un auténtico y tangible rescate del llamado “pueblo”.

Ese segmento de la población largamente estacionado en las carencias, lleno de padecimientos, alejado del progreso y bienestar.

Un progreso que otros sectores del país se han fraguado y construido, debiendo actuar con inteligencia para no seguir nutriendo un asistencialismo que termine alimentado al “barril sin fondo” como coloquialmente se le describe.

Una prioridad que pretende aplicar por encima de las políticas públicas de equilibrio, con el recomendable manejo de la economía y el entorno financiero que debe observar y aplicar un país inmerso dentro de un mundo globalizado y democrático.

Un esquema financiero que lo limita y restringe, que puede hacer inviable su plataforma de expansión de mejoras, donde muchas voces especializadas le recomiendan que no confronte, porque está en prenda el bienestar de la población, principalmente con la que se siente comprometida en su rescate.

 

LA RECONSTRUCCIÓN

Una reconstrucción gubernamental que quiere imponer en los tres niveles de gobierno, con extensión a los poderes Legislativo y Judicial, con un objetivo bien definido para abatir los cotos de poder, privilegios, ineficiencias y corrupción que tanto daño le han causado al país y que muchos aplauden.

Una restauración que le reditúe suficiencia en el gasto público, cuya disponibilidad financiera la pueda convertir en beneficios apreciables para los sectores que ha identificado como los más vulnerables, persiguiendo detonadores de pacificación, orientados hacia un desarrollo sustentable y equitativo, aunque políticamente se le censure que con estos actos persigue seguir alimentando un “clientelismo” político que pudiera utilizar a futuro.

Una dirección donde aprovecha la grandeza y miseria de la política mexicana, que se ejerce con flexibilidad, pragmatismo y oportunismo; donde el Ejecutivo federal se convierte en el mando supremo en una función donde solamente se puede cometer un error, ya que las secuelas subsecuentes se traducen en consecuencias, de ahí la importancia de sus decisiones presentes, ya que tendrán mucha repercusión para las futuras generaciones.

Recordemos la anécdota comentada a sus allegados por Carlos Salinas sobre el derroche populista de las finanzas públicas de Luis Echeverría Álvarez y José López Portillo: “Se tardó 20 años en resarcir el daño económico de actores irresponsables”.

 

NACIÓN DE VÍCTIMAS

López Obrador enfrenta un México que no ha podido superar el estigma de una nación de víctimas, prevaleciendo la tendencia de apoyar a los débiles y oprimidos con medidas populistas sin mediar sus efectos colaterales o sus repercusiones internas y externas.

Bien lo señalaba el filántropo español Vicente Ferrer: “La pobreza no está sólo para entenderla, sino también para solucionarla”.

Y esa solución no se ha podido alcanzar,  la experiencia mexicana desde José López Portillo hasta Enrique Peña Nieto, transitando por los programas asistenciales: Coplamar, Progresa, Microrregiones 100 x 100, la Cruzada contra el hambre y la Estrategia Nacional de Inclusión, entre otros, que suman años de estrategias diseñadas por especialistas y experiencia mundiales, financiadas con derramas millonarias, no ha podido sacar de la pobreza a millones de mexicanos,  no obstante los fines y esfuerzos realizados.

 

EL RETO

El gran reto de López Obrador no es desechar los logros y desaciertos que ha derramado esta función, porque como señalara Salinas de Gortari: “Somos administradores temporales de la riqueza, nadie se lleva nada, porque esa riqueza se queda en la sociedad”, y ese es su compromiso, que la riqueza se quede en forma permanente y sustentable en los sectores a los que van encaminados, porque sería lamentable llegar a fin de sexenio con las manos vacías, con el señalamiento de la voz popular: “se dio pescado en lugar de enseñar a pescar”.

López Obrador tendrá que superar la sentencia del filósofo Max Weber: “Nada hay más distinto a un buen político que, un buen funcionario; porque los talentos del burócrata son la torpeza del político”.

Porque avanzar en la lucha contra la pobreza, es una de las tareas más importantes que puede impulsar cualquier gobierno, sin descuidar el círculo virtuoso de mantener la estabilidad macroeconómica, impulsar el crecimiento de la productividad, la apertura comercial y potenciar el desarrollo regional a través de infraestructura incentivado la inversión en zonas rezagadas.

Esta historia se empezará a construir a partir del 1 de diciembre próximo, y de sus logros y aciertos se empeña el bienestar futuro de la población mexicana.

 

 

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