Un ‘popurrí’ de locuras tapa desgarriate de seguridad en la CDMX

Dos días después del macabro suceso de Insurgentes y Flores Magón, una balacera, sin protocolos precisos, deja cuatro muertos en la Delegación Iztapalapa. Montón de policías (mínimo seis) patean a mansalva a jóvenes

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Ay de aquel que juró no renunciar a su cargo y permanecer hasta el final de su mandato para cuidar el bienestar y la integridad de sus gobernados.

Porque, en esencia, aunque quien pueda suplirlo llegue a ser más hábil, más prudente o hasta más eficaz, la continuidad se trastoca y la administración se vulnera.


Es el caso de la Ciudad de México en donde para ir en busca de un poder más duradero, Miguel Ángel Mancera cede el puesto a José Ramón Amieva, entonces el seguimiento a los pendientes, de una u otra forma, reciente.

Y aunque en Seguridad la constante ha sido negar la presencia de cárteles de la droga en la Ciudad, el problema es cada día más evidente y menos fácil de evadirse.

Apenas dos días después del macabro suceso de Insurgentes y Flores Magón en donde fueron regados restos humanos de dos personas y colgada una manta con amenazas, una balacera, sin protocolos precisos de la Policía capitalina, deja cuatro muertos en la Delegación Iztapalapa.

Un operativo desplegado luego de un presunto pleito entre “narco-menudistas”, dice la autoridad capitalina, confronta a unos 300 agentes contra quien se atravesara o, por estar en el lugar equivocado en el momento equivocado, se topara con ellos.

Varios videos muestran que la fuerza pública se descontrola. En uno de ellos se ve cómo un montón de policías, en dos lugares distintos, distantes uno de otro apenas unos metros, mínimo seis agentes patean a mansalva a jóvenes. Repetidos zapatazos en el rostro, costillas, piernas.

El asunto recuerda el lamentable caso de Marco Antonio Sánchez, el joven de 17 años, estudiante de la Prepa 8, que el pasado 23 de enero fue detenido y golpeado injustificadamente por policías. Dañado, Marco deambuló varios días hasta ser localizado en el Estado de México, pero el joven ya no reaccionaba normalmente. Hasta la fecha sigue en terapia sin recuperar sus reflejos y, por ende, su vida normal.

Para fortuna del gobierno capitalino, que no cede en seguir hablando de “narco-menudeo”, un “popurrí” de otras locuras pone en bajo perfil lo que la Ciudad padece.

En principio, la retrógrada visión del Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que le da por enjaular a niños y niñas para presionar a sus padres migrantes de no volver a “su” reino. Su estupidez duró solo dos días porque el mundo se le echó encima, aunque la torpeza continúa. Pero la nota, por cruel, rebasó a cualquier otra.

O las ocurrencias de un día sí y otro también de los candidatos presidenciables, principalmente, para mantener los puntos, unos más, otros menos, que les han concedido las encuestas, a tan solo semana y media de la elección.

Como la propuesta, nada nueva, de “El Bronco” para que los ciudadanos porten armas “y darle miedo al delincuente” ante “tanta rata que hay”.

O la advertencia de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (la mentada CNTE), que asegura que se marchan de la Ciudad de México, pero podrían regresar el 1 de julio, y que, por ahora, no piensan boicotear la elección.

Así, el Jefe de Gobierno, José Ramón Amieva; el Procurador capitalino, Edmundo Garrido, y el Secretario de Seguridad Pública local, Hiram Almeida, estiran el margen para seguir tapando el sol con un dedo, y afirmar que todo se reduce a que “los narco-menudistas de la Capital tienen nexos con los cárteles de la droga”.

“Desde que ocupo la Jefatura de Gobierno, hace dos meses, tengo conocimiento de estos grupos delincuenciales que se dedican al narcomenudeo, y que se han vinculado con grupos que ejercen el narcotráfico a nivel nacional”: Palabras del Jefe de Gobierno.

Dichoso él que solo desde hace dos meses tiene conocimiento de ello, porque la ciudadanía lo tiene desde hace ya algunos añitos.

No se trata de agigantar un asunto del que también existe corresponsabilidad federal, pero tampoco de admitir que, hecho tras hecho, se siga ninguneando una situación que pueda devenir en una tragedia mayor, como ha ocurrido en otras entidades.

Y, para empezar, reconocer que el crimen organizado sí opera en la Capital mexicana sería un gran paso incluso para la contingencia civil.

Pero, además, aunque incomoda, la verdad no ofende. Porque “popurrís” de locuras no siempre habrá.

 

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