Un poco de lealtad para Peña Nieto

No hay duda, los subordinados del Presidente Peña Nieto tienen un jefe leal, pero la pregunta sigue tan actual como cuando la plasmé aquí: ¿le corresponden?

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En julio pasado, escribí en este espacio que Enrique Peña Nieto merecía un poco de lealtad recíproca de algunos de sus colaboradores; hubo quienes, quizá sintiéndose aludidos, lo tomaron a mal y me hicieron saber su malestar, pero también sé que al Presidente no gusta que se ponga en duda la fidelidad de quienes lo acompañan en la tarea de gobernar.

Su pensamiento lo resumió en diciembre de 2014 Aurelio Nuño, todavía en funciones de jefe de la Oficina de la Presidencia, en una entrevista con el periódico español El País, en ocasión de los acontecimientos de septiembre 26 marcados por la desaparición de los 43 normalistas de Ayotizanapa:

“No vamos a ceder, aunque la plaza pública pida sangre y espectáculo ni a saciar el gusto de los articulistas. Serán las instituciones las que nos saquen de la crisis, no las bravuconadas”.

En otras crisis, como la causada por el “socavón” del Paso Exprés de Cuernavaca, que en estos días se pondrá de moda de nueva cuenta por el viacrucis que sufrirán quienes se echen a la carretera para descansar en Acapulco, dijo a Ciro Gómez Leyva por qué Gerardo Ruiz Esparza seguía y sigue en su puesto de secretario de Comunicaciones:

“Primero, quienes me han acompañado, cercanos o no, tienen el perfil que he buscado para que estén en mi administración. Y segundo, porque lo más fácil hubiese sido renunciar cuando lo que él tiene que hacer es encarar una responsabilidad. La solución no es renunciar. La solución es encarar los problemas y encarar los retos”.

En febrero pasado me confesó que le gusta su equipo “y me siento sumamente orgulloso; cuando he estimado que debo hacer ajustes los he hecho y los haré si eventualmente lo considero necesario. Me siento muy orgulloso y agradecido con el equipo que me acompaña”.

No hay duda, los subordinados del Presidente Peña Nieto tienen un jefe leal, pero la pregunta sigue tan actual como cuando la plasmé aquí: ¿le corresponden?

Por ejemplo, Luis Videgaray no dudó en renunciar a la Secretaría de Hacienda en el contexto del escándalo de la invitación del candidato Donald Trump a visitar al Presidente en Los Pinos; en correspondencia, una vez que las elecciones en Estados Unidos se definieron a favor del candidato republicano, Peña Nieto, que nunca lo mantuvo alejado, le entregó la Secretaría de Relaciones Exteriores para que esta dependencia se convirtiera en una especie de Departamento de Estado que tiene que ver con todo.

Mucho antes, en el mes 24 del sexenio, Miguel Osorio Chong lo dejó en libertad de disponer, si lo creía conveniente, de su puesto de secretario de Gobernación; hoy es uno de los cuatro precandidatos del PRI a la Presidencia.

Todo esto porque es muy probable que en un rasgo de lealtad, Raúl Cervantes le propusiera abandonar la PGR para dar fin a la polémica sobre su pase automático o semiautomático a la Fiscalía General, que dio pretexto a Ricardo Anaya para crear una crisis constitucional en el Congreso.

Si ocurrió, quizá el Presidente recomendó al procurador aguantar como lo hizo con Rosario Robles ante el escándalo por su supuesta complicidad con Javier Duarte para usar programas sociales en procesos electorales.

Por eso me asombra la versión de que Humberto Castillejos no renunció a su puesto de Consejero Jurídico de la Presidencia por razones matrimoniales o porque, al igual que Raúl Cervantes, se dio un año sabático para poder ingresar a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, sino que en realidad decidió salir de escena para no cargar con el desgaste del fin del sexenio, al fin y al cabo a través de Misha Leonel Granados sigue manejando a control remoto la poderosa oficina que fue suya por casi cinco años.

Vaya que Peña Nieto es leal con los suyos. ¿Lo serán con él?

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