Un nuevo liderazgo; una nueva oportunidad

Necesario fortalecer el programa de trasplantes de órganos y tejidos, y generar y promover, en nuestra sociedad, una sólida cultura de la donación.

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En la ciudad de Puerto Vallarta, Jalisco, del 14 al 17 de junio se llevó a cabo el XV Congreso Nacional de Trasplantes, bajo la organización y liderazgo del Centro Estatal de Trasplantes de Órganos y Tejidos de Jalisco, el CETOT, dirigido por el doctor Raymundo Hernández Hernández. Acudí con el respeto que esta organización me ha merecido desde su creación, que se da, precisamente, como una de las primeras  estatales, derivada de las modificaciones jurídicas que en el año 2000 se hicieran al  título XIV de la Ley General de Salud, en el que se incorporan, por primera vez,  distintos conceptos tendientes, todos,  a fortalecer  el programa de trasplantes de órganos  y tejidos, así como a generar y promover, en nuestra sociedad,  una sólida cultura de la  donación.  El tema fue ampliamente debatido  en numerosos foros sociales y académicos,  y se logró      incorporar a nuestro país  el concepto y los criterios  de muerte cerebral, el concepto de la donación tácita, la gratuidad de la donación y  la exigencia de la mayoría de edad para poder  ser donador, etcétera. Así,  bajo esas reformas se crea,  e instituye, la  estructura operativa vigente hasta la actualidad y   que parte de un Consejo Nacional de Trasplantes (Conatra), que se apoya en la operación del  Centro Nacional de Trasplantes (Cenatra), la Fundación Nacional de Trasplantes (Funat) y los Consejos Estatales de Trasplantes (Coetras) . Desde ese primer instante, Jalisco demostró su interés y su vocación de servicio  y organización. En lo personal atestigüé, respeté y ahora aprovecho  para honrar  la  memoria del doctor Rodolfo Morán González, quien  iniciara y  cimentara dicha organización, puesta, a partir de entonces, al servicio de la sociedad.

Acudí gustoso también por y ante  el nuevo liderazgo en la Secretaría de Salud federal, en la persona del doctor José Narro Robles,  que hace en mí renacer la confianza, sabedor de su  larga y muy fructífera trayectoria tanto en la administración pública en el campo de la salud y de la educación, en nuestra máxima casa de estudios, la UNAM. Conociéndolo  como un hombre serio y comprometido, asistí   a escuchar lo que  ahora considero,  bajo su liderazgo, una nueva y  gran oportunidad  para  darle   el impulso justo y  necesario    que el programa y el país necesitan en esta materia.

Con atención y  renovado optimismo escuché  el programa que ahora, con ese liderazgo desde la Secretaría de Salud, se plantea.  Bajo la nueva directriz vislumbro y anhelo   la  posibilidad   de que México retome  con responsabilidad  ese camino.  Veo, sin duda, a las instituciones de salud públicas y privadas   sumarse con mayor energía a este propósito; aplaudo los  esfuerzos en la capacitación,  y   ante esto,  y en la reflexión, me  pregunto ¿cómo y por qué se  perdieron tantos años y tantas oportunidades? ¿Por qué no se tomaron con la seriedad requerida los números  y las necesidades desde entonces planteadas?  ¿Por qué ha costado tanto tiempo entender que el desarrollo de este programa no sólo tiene un impacto social en la salud, sino también en la economía, cuando ha sido reiteradamente demostrado  que un trasplante tiene, en el caso de la insuficiencia renal,  un costo 5 veces menor que mantener a los pacientes en diálisis?   Además, con la ventaja, en la sustitución del órgano, de poder recuperar ad integrum la salud de los pacientes   y reincorporarlos plenamente   a su vida social , familiar y productiva, con lo que ello, en lo humano y en lo económico, significa.

Con todo  lo anterior ¿por qué no fuimos capaces, en más de una década,   de convertir  a nuestro país  en un verdadero   líder mundial de los trasplantes y de la donación de órganos y tejidos,  que por miles y miles se han necesitado para salvar la vida y la salud  de esos miles y miles  de mexicanos? ¿Por qué, como país, políticamente  no avanzamos en todos esos años para desarrollar una sólida cultura de la donación en una comunidad tan  generosa como la mexicana? Y la respuesta,  dicha sin más ánimo que hablar con claridad,  es que  en esos periodos administrativos y políticos, al tema no se le dio, sencillamente, la importancia requerida.

Aunque el siguiente análisis  puede ser aplicado a los distintos órganos y tejidos, vale, por su alta demanda y costo, poner  de ejemplo a la insuficiencia renal.

Cuando  en el año 2000  se planteó la necesidad de la reforma a la ley de salud se argüía una tasa de 100 nuevos pacientes por año, y por millón de habitantes, de insuficiencia renal,  pero ya  se visualizaba un futuro con mayores problemas  que pronto no  sólo, sin duda, nos alcanzaron, sino también rebasaron, y entre los diversos factores o causas ha figurado el impacto impresionante que   la presencia creciente   de la obesidad y de la diabetes  ha provocado en nuestra sociedad,    de tal manera que la tasa ahora  prevista es de más de 450 nuevos pacientes por año y  por millón de habitantes; yo temo que las cifras puedan ser mayores, pero aun así, tomando esa tasa, los  retos son  extraordinarios  y muy difíciles de abordar tanto desde el punto de vista humano como  económico. Baste recordar, para la reflexión, una publicación del IMSS  que señala que para el mes de julio del año 2015  se tenía para su atención, en  su programa de diálisis peritoneal y hemodiálisis,  un registro de   alrededor de 59 mil pacientes, habiéndose destinado para la atención de ellos  la cantidad de 6 mil 500 millones de pesos.

El reto, y urgente, es cambiar las condiciones actuales y hacer más y mejores cosas con la necesidad de menos recursos, y en el tema de la cultura de la donación y de los trasplantes, en verdad,  nuestro país no tiene,  a pesar de su marco jurídico y estructura de varios  años,  mucho que presumir por ahora. Basta señalar sólo pocos elementos, como ejemplos: Aun aceptando, sin conceder,  que nuestras listas de espera  fueran exactas, y que en realidad estuvieran todos los que son,  aun así, son muchos los pacientes que no consiguen  el órgano o el tejido requerido, y como ejemplo me refiero a  las estadísticas oficiales publicadas en lo va de este año, en las que aparecen  cerca de 8,000 pacientes en espera de córneas, mientras los realizados a la fecha son  alrededor de 1,500. De riñón hay, en esa lista, más de 13,000 pacientes y se han realizado alrededor de 1,500 trasplantes. El mismo análisis y los mismos comentarios pueden hacerse para hígado, corazón y tejidos, como huesos y piel.

En el caso de córneas es todavía preocupante que un elevado porcentaje sean importado, y que aun, como hace muchos   años, sigamos trasplantando riñones  mayoritariamente   obtenidos  de donadores vivos con o sin parentesco,  en una proporción de entre el 80 y el 90%, y sólo un 10 o 20%  con órgano proveniente de cadáver. Todo esto tiene su explicación en que por muchos años no se trabajó en consolidar una cultura de la donación que permitiera obtener el número de órganos y tejidos necesarios.  De tal manera, está claro que el reto actual debe ser superar la tasa  de donación, que, actualmente, en nuestro país  es de 3.9 por millón de habitantes,  siendo la más baja del Continente Americano si vemos a  Brasil, con una tasa de  15, Colombia,  con 16,  Argentina 19, y Estados Unidos 96.

México tiene la imperiosa necesidad de reorientar su modelo de salud y de ser más asertivo en la aplicación de sus recursos, y por ello confío   en la objetividad y compromiso del actual liderazgo de la Secretaría de Salud  para dirigir el rumbo de un programa que es necesario por las implicaciones humanas, sociales y económicas que conlleva.

 

 

 

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