Transformación… y caos

Hasta ahora, el giro propuesto de 180 grados sigue apareciendo como ‘en gestación’ para no hablar, a priori, de fracaso. Pero ¿por qué no enderezar ya algunas cosas, estrategias, conductas, egos, sin regresar, claro, al nefasto pasado?

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César Vallejo poeta peruano

En 1931, el poeta peruano César Vallejo llegó a Rusia entusiasmado para ver al nuevo país después de la derrota del imperio zarista. Arribó a Moscú, desde Leningrado, en el tren llamado “Pullman” (también lo hubo en México).
Y cuenta:
“Porque el ‘pullman’ existe actualmente en Rusia. ‘¿Cómo? -se preguntan las gentes en el extranjero-. ¿Subsiste la división de clases y las categorías económicas en los ferrocarriles soviéticos?… ¿Cuál es, entonces, la igualdad introducida por la revolución?… En un país donde impera la justicia, y donde no hay ricos ni pobres, tampoco debería haber primera, segunda ni tercera…’.
“Pero en estas exclamaciones se padece de dos errores. En primer lugar ya se yerra al suponer que la igualdad económica puede producirse y reinar, de la noche a la mañana, por un simple decreto administrativo o por acto sumario y casi físico de las multitudes…
“La igualdad económica es un proceso de inmensa complejidad social e histórica, y su realización se sujeta a leyes que no es posible violentar según los buenos deseos de los individuos y de la sociedad.
“Lo que, a lo sumo, puede hacerse es transformar el ritmo y la velocidad del proceso, pero no forzarlo con medidas… más o menos mágicas.
“No es, pues, serio atribuir al Soviet el poder de realizar de golpe, y en los trece años que lleva en el Gobierno, la democracia económica completa, y tan completa que pueda ya reflejarse en mínimas relaciones de la vida colectiva, como es la cuestión de las clases de los trenes”.
Ahora hablemos de México y lo que intenta ser, hasta ahora, una “revolución” sin pólvora.
Por el propio movimiento y sacudimiento que genera el desarmar o desatornillar estructuras, una transformación social o una ruptura cultural genera un caos razonablemente pasajero.
Hasta el mes noveno de lo que es el gobierno de Andrés Manuel López Obrador es lo que está ocurriendo, sin decir que las cosas, o la situación del país, sea extremadamente grave.
No es cierto, para empezar, que el país se esté hundiendo. Pero tampoco que se avizore, hasta hoy, una jauja o un cuerno de la abundancia.
Aun suponiendo un efecto de “desaceleración” (robemos el término a la economía) ante un exagerado despido de burócratas que, en contraparte, sugiere un ahorro de recursos, el país está tablas. Ni mejor ni peor que antes. ¿Por qué así? Porque el tiempo transcurrido desde que se aplicaron nuevas medidas no da para cuantificar o cualificar un resultado firme.
Digamos que lo que el nuevo gobierno ha prometido; de ahí no ha pasado. Por ejemplo, que la violencia en el país disminuya. El panorama es el mismo, tanto a nivel nacional, como en la Capital o en los estados, en donde siempre ha reinado la inseguridad. Y si somos críticos, a veces hasta se percibe un incremento. En el juego de cifras que dan tanto el Gobierno Federal como sus “adversarios” se pierde la claridad, mientras la percepción es la misma de siempre.
Otro ejemplo son los precios de los energéticos. Es cierto que no han subido, pero tampoco han bajado. Y, como en la inseguridad, hasta se aprecia que suben y que ni siquiera se mantienen en el mismo nivel. Cuestión de ver los anuncios que las mismas expendedoras exhiben al público.
Como no es cierto tampoco que en los bolsillos de la gente haya más recursos. El poder adquisitivo no ha cambiado; el pobre sigue siendo pobre, el medio jodido, medio jodido; el que sólo come tortillas con algo más lo sigue haciendo.
Así como es imperceptible el dato de que ya llegaron al millón de becas para jóvenes que ni estudiaban ni trabajaban. En las calles, en los vecindarios, en las casas, sigue viéndose el mismo panorama. En las avenidas, los mismos que limpian vidrios, que lustran zapatos. Los que se drogan en barrios y rincones de la Ciudad continúan siendo los de siempre.
Ojalá todo sea una percepción natural de la transición de un esquema de gobierno a otro, y que no haya síntomas de perjurio en lo que se informa.
El botón de muestra de la semana que recién terminó es pertinente. El Gobierno Federal enfrentó de todo. Y cuando ocurre de todo, y se vuelve un coctel preocupante, pues hay que preocuparse.
Mientras el Presidente Andrés Manuel López Obrador continuaba defendiendo, con todo su derecho, el no perseguir a nadie, “porque no soy vengativo”; su plan migratorio; su salud; sus “datos” sobre economía, y muchas otras cosas más, los grupos antagónicos del crimen organizado se daban duro.
En Uruapan, Michoacán, en uno de sus cruces carreteros, dejaban un panorama de horror; 20 cuerpos descuartizados unos; colgados otros y embolsado un puñado más.
En Veracruz, horas después, 10 cuerpos más tirados en dos sitios distintos, cinco y cinco, de dos municipios. En Puebla, una turba de 300 habitantes golpeaba, colgaba y quemaba a cinco presuntos secuestradores. Este sábado, en Guanajuato, uno de los estados con mayor violencia, registró dos eventos igual de graves que los de Michoacán y Veracruz. En Yuriria, un enfrentamiento entre un grupo armado y la Guardia Nacional dejó, por vez primera, un elemento de esta corporación muerto, y cinco civiles abatidos. Horas después, en Irapuato, el ataque a un billar dejó ocho muertos.
Las carreteras del país, y varias casetas de cobro, tomadas por campesinos (del Frente Amplio Campesino y del Frente Auténtico del Campo, pero a los que se unieron otras centrales). El caso más fuerte se presentó en la autopista México-Querétaro, que registró un embotellamiento de más de 12 horas y hasta 15 kilómetros de fila de vehículos. Por las mismas protestas, a cuyas organizaciones, el Presidente afirma que no cederá ni atenderá, la Ciudad de México padece, en su vialidad, los mismos dolores de cabeza.
En medio de los ríspidos planes de migración, exigidos por Donald Trump y cumplidos, a la letra, por López Obrador, y la matanza de mexicanos en El Paso, Texas, surge la queja de la Border Patrol de que cuatro hombres hicieron, desde el lado mexicano, cuando menos 50 disparos contra sus agentes.
¿Qué vemos entonces; un país en orden?
Hasta ahora, el giro propuesto de 180 grados sigue apareciendo como “en gestación”, para no hablar de fracaso.
A poco menos de cuatro meses de cumplirse un año de la llegada de la Cuarta Transformación va siendo necesario que la perspectiva diferente comience a notarse. Porque un año ya pesaría.
Se ve difícil, pero quizá aún sea posible tapar la boca a los incrédulos que han ido bajando las expectativas de crecimiento de arriba del 2 por ciento a casi 0.05 por ciento, o menos.
El país va ya hacia el fin de año, y el inicio del otro, cuando, por lo regular, todo da un vuelco ante profecías, conjeturas, augurios y adivinanzas.
¿Por qué no enderezar ya algunas cosas, estrategias, conductas, egos, sin regresar, claro, al nefasto pasado?
Porque esperar 12 meses más, es decir, al 24 de gobierno para descubrir que la Cuarta va en la 3 y un cuarto, o en menos 3, con los mismos “datos” de siempre, aunque se diga que se tienen otros, ya sería patético.
A menos que nos colmemos de paciencia y esperemos como los poquitos 13 años de los que hablaba Vallejo en Moscú.
Eso sí, mil veces transformación que caos.

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@RobertoCZga

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