Tragar pinole

Ahorita, en México, no tenemos de otra; ¡qué diera el presidente electo por poder regresar al Ejército a sus cuarteles!

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Tía Cuquita, a los 70 años de edad, finalmente aceptó que se había quedado para vestir santos. Resignada a morir sin conocer varón (nota: acepción bíblica del verbo “conocer”, combinación de la taurina suerte de entrar a matar con el ansia de una buena faena, usted entiende); resignada pues, tía Cuquita explicaba que no fue por falta de pretendientes, sino que de uno supo era cliente frecuente del “Edén” (impío nombre de un establecimiento de solaz y esparcimiento genésico, regenteado por la Rompecatres, entonces afamada); de otro, ella supuso “lo peor”, dado el sospechoso respeto con que la trataba; a otro lo vio en Misa, sentado más cerca de lo aceptable, de una señorita con la que “algo” ha de haber tenido. Así, a cada pretendiente le encontró cosa que no le permitió entregar a todo trapo su corazón (?)… y solterona quedó, por desconfiada. Su prima hermana, la abuela Elena (la paterno-autleca), un día oyéndola contar otra vez sus desventuras, le dijo: -¡Cuca!, la que se queda con hambre por miedo a enchilarse, no lo anda contando; hubieras probado; si te salía muy bravo, la enchilada como quiera se pasa… pero tú, con la duda y la gana quedaste -pues sí.

Ahora resulta que una buena parte de la comentocracia sabe de estrategias de seguridad pública; que más le vale al próximo Presidente acatar las advertencias de numerosas ONG’s (unas, no todas pero no pocas, de intenciones por determinar); que es muy de tomarse en cuenta la opinión de Europa; y que el planeta entero está con el alma en un hilo por el Estado de derecho y el respeto a los derechos humanos en México… ahora resulta.


A todo trapo se papaloteó que Amnistía Internacional, AI (hágase de cuenta, el Espíritu Santo), conminó a AMLO a corregir su plan de seguridad. Sí, damas y caballeros, el secretario general de AI, Kumi Naidoo, por video, instó a nuestro Presidente en funciones (don Peña Nieto es como un marido firmando el acta de divorcio: jurídicamente, todavía es marido, pero ya muy poquito), a no cometer los mismos errores de los últimos dos presidentes, “corregir la estrategia militarista de seguridad pública” y crear una fuerza policiaca de rechupete, en la que los tenochcas confiemos como si fuera nuestra abuelita la consentidora (siempre hay una que es más apapachadora).

Don Kumi, desde la atalaya de su autoridad moral, aprovechó para darle una repasada a nuestro Ejército, diciendo que “en los últimos 50 años, la organización ha documentado los momentos más graves en que miembros de las Fuerzas Armadas cometieron tortura, desapariciones forzadas e incluso ejecuciones extrajudiciales desde la horrible masacre de 1968 a la fecha” (tomado de Proceso, de ayer).

Lo de la “horrible masacre” de 1968, lo podemos discutir en otra ocasión, junto con lo de 50 años de barbarie militar por demostrar. Nuestras Fuerzas Armadas son (siguen siendo), de lo mejor que este país tiene.

Ahorita, es más oportuno preguntar ¿qué dijo AI cuando la firma del Plan Mérida?… sí, cuando en mayo de 2008 estaba en el proceso de aprobación en la Cámara de Representantes del Congreso de EU la Iniciativa Mérida, Larry Cox, director Ejecutivo de Amnistía Internacional-Estados Unidos, no se opuso, recomendó que la asistencia yanqui incluyera rigurosos mecanismos de rendición de cuentas y que no debía “(…) ser un cheque en blanco para las fuerzas de seguridad mexicanas, que han sido implicadas en crímenes como violación y tortura”. Recomendaciones, acusaciones, no oposición al Plan Mérida que formalizó la situación en que estamos.

¿Con qué cara -y con autoridad de quién- Amnistía Internacional opina, señala, acusa?:

El 15 de julio de 2010, AI publicó el informe titulado “El despedazado estado de la salud en Corea del Norte”, denunciando amputaciones sin anestesia, cirugías a la luz de las velas y que muchos médicos atendían a los pacientes sólo si les pagaban por adelantado. Al día siguiente, Margaret Chan, entonces directora General de la Organización Mundial de la Salud de la ONU, desacreditó el informe por “poco científico”, basado en “casos anecdóticos” y remató doña Chan con pase de pecho, diciendo que los servicios de salud en Corea del Norte podrían ser “envidia de muchos países desarrollados”. El portavoz del gobierno de ese país, informó que nadie de AI ha pisado nunca Norcorea. A todo dar.

Una de las (no pocas) críticas a AI es que su Informe Anual incluye reportes sobre violaciones de los derechos humanos en países en los que no tiene presencia, ni afiliados, ni oficinas, con reportes periodísticos tomados de otros países. Por cierto, el Vaticano los mandó a volar desde 2007.

Amnistía Internacional apoyó a todo pulmón la intervención armada en Libia en 2011 y “lamentó” la muerte de 55 civiles por los bombardeos de la OTAN, que se hicieron “con la intención de proteger a civiles de las fuerzas del coronel Gadafi”… mmm. También difundió “miles de ahorcamientos en las cárceles sirias”… y no abrió el pico para desmentir la existencia de armas químicas en Irak, armas imaginarias que justificaron la invasión a ese país.

¿Quién mantiene a AI, quién manda ahí?… según ellos, viven de “donaciones particulares”, sin pedir ni aceptar dinero de gobiernos… dicen, pero tener oficinas “en más de 150 países”, barato no sale.

El ex secretario General del Partido Socialista de Euskadi (PSE-PSOE) Ricardo García Damborenea (condenado a cárcel por la guerra sucia contra ETA en España), dijo en 1985: “No he visto a Amnistía Internacional preocuparse por los derechos de una sola víctima del terrorismo (…) sin embargo, son capaces de alborotar a redoble de tambor si a un terrorista que tiene 14 muertos a la espalda un guardia civil le da una bofetada”.

Que se guarden sus opiniones. Ahorita, en México, no tenemos de otra (¡qué diera AMLO por poder regresar al ejército a sus cuarteles!).

Lo seguro es que de alguna manera, como siempre, resolverá México su problema, solo, como siempre. Lo que no se puede es chiflar y tragar pinole.

 

 

 

 

 

 

 

 

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