Todas las inquisiciones se hacen en nombre del bien

Germán Martínez no esperó que se dieran señales tan alarmantes en tan poco tiempo, de gran incompetencia administrativa contaminada con ideologismos, donde nada se mueve sin la orden y el dogma de fe de López Obrador

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Germán Martínez decidió salvarse.
Su renuncia es útil para joder a López Obrador, pero esa es otra cosa, funcional para los que están al acecho del mínimo error.
No es un reivindicado que “hasta ahora se dio cuenta” del desastre de la Cuarta Transformación; se salvó porque no esperó que se dieran señales tan alarmantes en tan poco tiempo -menos de seis meses de gobierno-, sobre todo de la incompetencia administrativa, totalmente contaminada con ideologismos.
Cualquiera que sumerja el rostro en las aguas del Sector Salud, en cualquier momento de su historia, verá un escenario de grandes carencias, alarmante e insaciable por la capacidad de consumir recursos a partir de una infinidad de variables, por ejemplo, la extensión de vida promedio y, en consecuencia, enfermedades y pensiones por las pandemias tradicionales, la obesidad, diabetes, cáncer y un sinnúmero de padecimientos.
Los sistemas de salud son los costales sin fondo en cualquier país, pero a la vez son el termómetro asistencial más humanitario, esto es, totalmente irrenunciable.
El partido demócrata de Estados Unidos atribuye a las políticas de salud de Barack Obama y su Obamacare, en parte, el avance de sus opositores republicanos, hasta el triunfo de Donald Trump.
Dice Germán que en México, el Seguro Social consume mil millones de pesos al día.
Sin embargo, el escenario pasó de alarmante a dantesco en un complejo sistema donde no se puede reducir un peso, con directivas dictadas por Andrés Manuel López Obrador a Carlos Urzúa Macías, para hacer grandes recortes y congelar presupuesto hasta limpiar la corrupción.
Todas las inquisiciones se hacen en nombre del bien; la de Palacio Nacional no es la excepción.
Como director del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), Germán se enfrascó en fuertes batallas con la Secretaría de Hacienda hasta convencerse de lo que en el fondo estaba convencido: Nada se mueve sin la orden de Andrés Manuel y cualquier ocurrencia hay que acatarla.
Así que, de nuevo, Germán decide regresar al Senado.
Seguramente analizó los pasos de Tatiana Clouthier en la Cámara de Diputados, quien rechazó el ofrecimiento de una subsecretaría en Gobernación por la ofensa de AMLO al nombrar director de la CFE al gran persecutor de su padre, “El Maquío” Clouthier del Rincón.
Tatiana, ahora, es dueña de su tiempo, espacio y circunstancias; tiene grandes posibilidades para la gubernatura de Nuevo León; creo que lo podría hacer también por Sinaloa y, sorpresivamente, es la mejor evaluada para ocupar la presidencia en el 2024.
Es evidente que la línea de decisiones presidenciales de la Cuarta Transformación aterra a cualquiera.
Desplomar el nuevo aeropuerto de Texcoco; construir la aberración en Santa Lucía; aventarse la puntada de diseñar, proyectar y construir la refinería de Dos Bocas por Pemex y la Secretaría de Energía; desviar miles de millones de pesos para programas sociales electoreros; cortar programas sociales humanitarios y educativos y congelar la administración pública mientras se libran presuntas guerras contra la corrupción.
Todo esto debió hacerle perder el sueño a Germán.
Lo que vivió hoy es una locura sin comparación, con tribunales morales y ministerios de propaganda camuflados de conferencia mañanera, con dogma de fe como línea de razonamiento para la toma de decisiones y, por supuesto, el avance del totalitarismo en una guerra constante con organismos autónomos y todo lo que se oponga.
Pues sí, Germán decidió salvarse a tiempo.

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