Terror en la CDMX. ¿Y Jesús Orta?

Sí, es buena justificación culpar al pasado, pero ya es tiempo de asumir las propias responsabilidades

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A condición de hacer bien las cosas se vale comparar el pasado con el presente; incluso, se vale justificar insuficiencias propias argumentando que las circunstancias actuales son herencias de quienes se fueron y quizás nunca más regresen.
Sin embargo, llega un momento en que ya no se puede vivir mirando atrás, sin correr el riesgo de convertirse en estatua de sal, como la mujer de Lot.
Como dice el subsecretario de Gobernación, Alejandro Encinas, es cierto que el país está sembrado de fosas clandestinas, en las que la delincuencia organizada ocultaba a sus víctimas. Los porcentajes que maneja son escalofriantes, para usar adjetivos que impresionan a quienes siguen las conferencias mañaneras del Presidente López Obrador.
Sin embargo, el respetado político de la izquierda se cuida de hablar de las fosas de más reciente antigüedad, las construidas entre el primer día de diciembre de 2018 y el pasado lunes 13 de mayo, en donde hay desaparecidos que deben inscribirse en las cuentas de la Cuarta Transformación, impensable en un país en el que se abolió la guerra contra el crimen organizado y la consigna es amor y paz.
Al igual que el Subsecretario de Gobernación responsable de los Derechos Humanos, el vocero presidencial, Jesús Ramírez Cuevas, habla, y hace bien, de lo que el gobierno de Andrés Manuel va a hacer para impedir que los jóvenes caigan o permanezcan en las adiciones, pero, fiel a su naturaleza, como Encinas y como casi todos los de la 4T, se siente obligado a repetir el discurso de su jefe, culpando al pasado de todo lo que les ocurre a ellos.
Lo cierto es que el consumo de drogas en el país crece alarmantemente.
El lunes fue un día que los capitalinos no olvidaremos. Por lo menos ocurrieron 10 asesinatos, 3 en Tepito, 2 en la GAM, 1 en Álvaro Obregón, 1 en Polanco, 1 en Iztapalapa y 2 en la colonia Doctores, y casi todos relacionados con el narcomenudeo que Ramírez Cuevas combatirá con 3 Pilares.
Es probable que el jefe de la policía de la Ciudad de México, Jesús Orta Martínez, ante su jefa, Claudia Sheinbaum, justificara el baño de sangre del inicio de la semana argumentando que todo es culpa del pasado, que él está a las vivas, que le dé una oportunidad más de comprobarle que no la regó al confiarle la seguridad de la capital de la República, que está investiga que investiga.
Lo cierto es que, con Orta Martínez, la Ciudad de México ha alcanzado índices de violencia que sólo el jefe de la policía desdeña. Nuestra capital es tan peligrosa como la de Morelos, para no abundar.
En los primeros días del sexenio todos estábamos de acuerdo en que López Obrador y Sheinbaum sufrían las herencias del pasado en materia de inseguridad, pero ahora está claro que a lo heredado se deben sumar las insuficiencias propias.
La rendición ante el crimen organizado, que no de otra manera se debe traducir la declaración de no más guerra, así como la inacción, por consigna o por falta de conocimientos, como le ocurre a Orta, se han traducido en un creciente clima de inseguridad que iguala los tiempos de la guerra de Calderón y Peña Nieto, y que amenaza con superarlos.
Sí, es buena justificación culpar al pasado, pero ya es tiempo de asumir las propias responsabilidades.

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